Mentira sobre mentira
y sobre mentira una, como
en el villancico
L
a consigna la cumplen todos a rajatabla. La posición del PP no debe confundirse con "otras voces que de forma legítima pero
fuera del partido" defienden –respecto a la autoría del 11-M– que no fueron los terroristas de matriz islámica fundamentalista los responsables de la masacre. La teoría de la conspiración aplicada a los atentados de Madrid es ajena a Génova. Lo dicen estos días, todos juntos en unión, desde Esperanza Aguirre a Alberto RuizGallardón, del que son las palabras arriba entrecomilladas.
Lo dice el tutti quanti. Nunca hubo gentes del PP que aventuraran hipótesis como las que alimentan la insidia de que los autores de la matanza pudieron ser moritos en plan mano de obra; ETA como empresa especializada en el horror de la muerte; altos jefes de la Seguridad del Estado que actuaron de agentes dobles y hasta triples –traidores que engañaron al buenazo de Ángel Acebes– y, por supuesto, espías franceses y/o marroquíes, prestos todos para echar del poder a los populares.
El PP trata de huir del barco del 11-M como hacen las ratas: antes de que se hunda el navío. ¿Cómo se hace creer, sin embargo, a los ciudadanos que el PP nada ha tenido que ver con las persistentes intoxicaciones de El Mundo, La Razón y Libertad Digital –por enumerar sólo a los medios más comprometidos–, si abundan en las hemerotecas y las fonotecas pruebas documentales de que, incluido José María Aznar, la mayor parte de los dirigentes de la derecha, con Rajoy a la cabeza, han esparcido por doquier la sombra de las sospechas más repugnantes?
Ni importa. Se niega la mayor y basta. Una mentira se borra con otra mentira. Mentira sobre mentira y sobre mentira una, como reza la letra del famosísimovillancico. Nadie en el PP ha puesto en duda la instrucción del sumario, llevada a cabo por el juez Juan del Olmo y la fiscal Olga Sánchez. Ha habido tal vez –argumentarán– frases más bien fuera de contexto, mal interpretadas, algún verbo incorrectamente empleado. Añadirán que no puede minimizarse a la hora de desprestigiar al PP la maldad del polanquismo, la perversidad de Alfredo Pérez Rubalcaba, la ambición de poder de José Luis Rodríguez Zapatero y las exageraciones de los periodistas a sueldo de Ferraz y Moncloa. Y, en plan autocrítica de bajísima intensidad, dirán que también han existido ciertas ligerezas, de menor cuantía, atribuibles sólo al factor humano que acostumbra a ser frágil y a cometer errores estúpidos.
Acebes insiste con su carita de ángel que él no mintió desde el 11-M al 14-M. Y después, menos aún. Tampoco lo hizo Aznar cuando telefoneó a los directores de los periódicos de Madrid y de Barcelona. Ni la ministra de Exteriores, Ana Palacio, cuando dio instrucciones a todas las embajadas de España en el mundo para que difundieran la buena nueva de que había sido ETA. No mintieron. Trasladaron, con exquisito cuidado, a la opinión pública los resultados de las investigaciones policiales. Hora a hora. Minuto a minuto. Con absoluta fidelidad a la versión de los expertos al servicio de la Seguridad del Estado.
¿Se quedarán con el culo al aire, a partir de ahora, Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos, García-Abadillo, Luis del Pino y los que se han ido graduando últimamente en el arte de la fabulación sensacionalista? ¿A que en Génova no se atreven? Ya buscarán más mentiras para justificar lo injustificable. ¡Será por mentiras!
Enric Sopena |