De la transparencia irrefrenable en las
cuentas de la Familia Real
ERC ha intensificado su jaque al Rey, lo
que ha hecho en estos días pasados de rememoración del nacimiento de la II República. “Arrecian los ataques a la Monarquía por parte de los independentistas
catalanes”, advierte ABC no sin fundada alarma. La víspera del aniversario de
la instauración de la República, cuando en 1931 la familia real tocaba el dos
hacia el exilio, primero en París y luego en Roma, donde años más tarde nacería
Juan Carlos I, el portavoz de Esquerra en el Congreso de los Diputados convocó
a los periodistas con el fin de presentar una batería de iniciativas con las
que pretenden desacreditar la figura del Rey, al que califican del “gran agujero
negro de la monarquía democrática” y que podrían ser debatidas en un pleno de la Cámara Baja, según la interpretación del diario mencionado, tradicionalmente valedor y
defensor entusiasta de la Monarquía.
La proposición no de ley que promueve ERC
plantea que el Congreso inste al Gobierno a presentar en el primer trimestre de
2008 la liquidación presupuestaria “pormenorizada” de los fondos económicos,
puestos a disposición de la Casa Real por el erario público, con especial
atención a las actividades del monarca. Puntualiza ABC que “conforme a la Constitución, el Estado pone a disposición de Don Juan Carlos una cuantía fija anual que la Casa Real administra a su criterio”. Señala el diario madrileño, ahora del Grupo Vocento, que
“los independentistas catalanes quieren que la opinión pública conozca las
asignaciones en concepto de sueldo de cada uno de los miembros de la Familia Real, que sean públicas las donaciones recibidas por el Rey en su condición de Jefe
del Estado y el patrimonio de Don Juan Carlos y su familia”.
En La Razón la noticia relativa a ERC y al Rey fue acogida con visible reticencia. La redactora Esther L. Palomera
recuerda que “lo han intentado varias veces con poco éxito”. Han vuelto a “la
carga –añade– pues ERC quiere saber los detalles de las finanzas de la Casa Real. ERC ha registrado en la Cámara Baja cien preguntas escritas para que el Gobierno
traslade al Parlamento detalles tanto sobre los criterios de asignación
presupuestaria (ocho millones de euros), como los sueldos de los miembros de la Casa Real, las dietas, sus vinculaciones a patronatos o fundaciones, un estudio comparativo
con otras monarquías, los motivos de las exenciones fiscales, las donaciones
que recibe la Familia Real, los gastos de los yates, los gastos del parque móvil,
los beneficios económicos que las marcas comerciales pudieron obtener de la Casa Real…y hasta el pago de los servicios sanitarios y educativos que recibe”.
Hay que “superar la opacidad”, dijo el
diputado republicano Tardà. ERC defiende la transparencia y considera que
supone “un déficit democrático” el hecho de que, en numerosas ocasiones, su
grupo parlamentario haya visto “abortadas” preguntas parlamentarias sobre
ciertas actividades del Rey, como las relativas a cacerías suyas en Ucrania y
Rumanía. Tardà aún fue un poco más lejos al asegurar que la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados tiene “vetada” esa información
relacionada con las cuentas de la Jefatura del Estado. En consecuencia, sostuvo
que constituiría una “vergüenza” y un acto propio de “infantilismo político”
que fuera impedido, de acuerdo con la aritmética parlamentaria, que el debate
sobre la transparencia y la Corona acabara siendo abortado.
La presión de ERC parece muy acertada.
Esta Monarquía, cuyo origen dista de ser precisamente glorioso, no nos
engañemos, no ha sido obstáculo para el ejercicio democrático de la política y
hasta el Rey contribuyó a apuntalar el sistema, en los inicios de una
transición visiblemente frágil, a raíz de la intentota golpista del día 23 de
febrero de 1981. Pero todas las cosas tienen un límite. Aquí, por lo que se
entiende, no se trata de cuestionar la Corona y sustituirla por un régimen de carácter republicano. Lo que exigen los republicanos catalanes es que la Casa Real deje de ser la excepción de la regla. La democracia se basa, entre otros factores
fundamentales, en la transparencia. No puede ser que La Zarzuela sea opaca, alérgica a la luz y a los taquígrafos, encerrada en sí misma. Los
miembros de la familia real viven espléndidamente gracias a los impuestos que
pagamos todos los españoles, monárquicos y republicanos. Sólo los monarcas
absolutos, como es el caso aún de algunos países árabes, mantienen a cal y
canto cerradas las puertas y las ventanas, de modo que no hay más luz que la
que les interesa a los reyes y demás parentela.
Antes o después, el proceso de que los
ciudadanos, que no son súbditos, conozcan con todo lujo de detalles cuánto
recibe el Rey y en qué se gasta su dinero se hará irreversible e irrefrenable.
No hay quien logre detener una corriente subterránea, que empieza a emerger
gracias a ERC, por ejemplo, y que coincide con el parecer de la mayoría.
¿Monarquía? ¿República? ¡Transparencia! Al fin y al cabo el monarca es el
primer servidor del Estado. Y Juan Carlos I es lo que es merced al Estado. Las
penumbras son de otras épocas. Más les valdría adelantarse a los
acontecimientos irremediables y ponerse a la cabeza de la manifestación. Cuando
el Rey lo hizo en orden a la democratización de España, el resultado fue globalmente
bueno para él y para España. Pues a repetir la historia. Antes de que sea
tarde.
Luis G. del Cañuelo |