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Nº 738 - 23 deabril de 2007

Después de Berlín, esperando a Francia

Cuando aparezcan publicadas estas líneas, ya conoceremos los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. De su resultado dependerán muchas de las salidas a la encrucijada constitucional en la que nos encontramos.

Unas semanas antes, los europeos celebramos en Berlín el 50 aniversario del Tratado de Roma, y los líderes de los 27 Estados miembros de la UE asistieron a la firma solemne de la Declaración, que pretendía dar un nuevo impulso al futuro de la UE.

Mucho se ha escrito sobre el contenido de esa declaración, que no tiene sin duda la fuerza que tuvo la de Messina, con la que se la intentó comparar antes de conocerla.

En Berlín se evocó lo conseguido en el medio siglo transcurrido desde el 25 de marzo de 1957 y se marca el objetivo de resolver los problemas institucionales de la Europa reunificada antes de las próximas elecciones europeas del 2009.

Ello implica que se convoque inmediatamente una conferencia intergubernamental y que en ella se negocie y apruebe antes de fin de año, un nuevo tratado que defina los nuevos objetivos de la UE y las instituciones que la gobiernan, dejando para después el contenido de las políticas, tanto las viejas (la agrícola y la presupuestaria), como las nuevas (la energía, inmigración, cohesión social, etc.)

Este proceso en dos etapas parece adecuado, dada la experiencia pasada, pero habría también que aclarar las consecuencias de un nuevo rechazo para un país que no apruebe el nuevo texto, hipótesis que no se puede excluir si se utiliza de nuevo el referéndum como método de ratificación en algún país como Francia, Rep. Checa o el Reino Unido.

Y ello es especialmente importante en las vísperas de las elecciones presidenciales francesas, antes de las cuales nada se podrá hacer, y lo que se haga después vendrá fuertemente condicionado por su resultado.

En Francia, no se organizó ningún acontecimiento especial para celebrar el cumpleaños de una UE cuya paternidad les corresponde en gran medida. Ello no quiere decir que Europa esté ausente del debate electoral francés. La izquierda del no, representada por cinco candidatos, no ha sabido sacar partido del fracaso del proyecto constitucional para proponer un proyecto común alternativo. Los grandes partidos han aparcado sus pasadas razones para el o el no y el único gran tema de discusión es saber si el nuevo Tratado debe ser ratificado por el Parlamento o por un nuevo referéndum.

Cuestión nada baladí, primero porque el método precondiciona el contenido y segundo, porque un nuevo referéndum en Francia puede ser como jugar a la ruleta rusa; tan imprevisible será su resultado.

Ese temor ha ido apaciguando las críticas que inicialmente expresaron los países del sí a la propuesta de "minitratado" institucional de Sarkozy. Siendo realistas, las posibilidades de conseguir, en los plazos asumidos en Berlín, un acuerdo unánime que incorpore los elementosplanteados por la candidata socialista sobre las políticas sociales o la reforma del BCE son muy escasas.

De nuevo, pues, el voto de los franceses decidirá la suerte de Europa. En junio, la Presidencia alemana propondrá una "hoja de ruta" que marque los pasos a seguir. Pero ya hay varias incógnitas que se han despejado. La primera es que todos los países procederán a una nueva ratificación, incluidos los que ya lo han hecho, que son mayoría.

La segunda es que el punto de partida será el texto del proyecto de Tratado Constitucional, pese a las reticencias de países como Polonia.

La tercera tiene que ver con el Parlamento Europeo y su estrategia. El PE prepara un informe que tiene como ponentes a los dos E.B., E. Brok y E. Barón, que va a seguir el principio Tratado +, olvidando la defensa numantina del texto constitucional, pero sin tocar los grandes consensos de las partes I y II del Tratado.

Mientras todo esto ocurre, es bueno releer las memorias de Jean Monnet, donde dice que "les hommes n'acceptent le changement que dans la nécessité et ils ne voient la nécessité que dans la crise".

Crisis la tenemos. Pero es cierto que no todos ven la necesidad de dar nuevo vigor a la integración europea para salir de ella. Con la Declaración de Berlín, la voluntad política parece regresar, pero quizás sea necesaria una crisis más fuerte para aceptar la necesidad de una Europa más unida. •
"Miembro de la Comisión de Energía (ITREI del Parlamento Europeo



José Borrell
*Miembro de la Comisión de Energía (ITRE) del Parlamento Europeo

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