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Nº 737 - 16 de abril de 2007

Con quiénes habla antes de tomar decisiones

El mÓvil de ZP

A Zapatero le gusta hablar por el móvil. El contacto directo e imediato que proporciona se adapta como anillo al dedo a su peculiar estilo de liderazgo para disgusto de su equipo en Moncloa y de la jerarquía del PSOE. A pesar de llevar ya tres años de presidente, continúa pulsando opiniones ajenas al establishment monclovita incluso antes de dejarse aconsejar por él.  La costumbre está consolidando un envidiado circuito de asesores extraoficiales entre los que se encuentran sociólogos, economistas, expertos en comunicación y amigos o familiares.  Algunos han trabajado cerca de su despacho y todos mantienen una relación especial con él.  No son muchos,  mantienen los contactos en la más absoluta discreción y nunca apagan el móvil.

Por Inmaculada Sánchez

Edu, oye, qué dicen tus amigos del País Vasco?”. Así describe alguien que ha visto a Zapatero en más de una ocasión coger el móvil y llamar a un conocido, para pulsar su opinión, el comienzo de una de estas conversaciones. En este caso se trataba del joven diputado socialista Eduardo Madina, víctima de ETA y secretario general de las Juventudes Socialistas de Euskadi hasta diciembre de 2005.

“Zapatero es así. No se compromete. Coge los papeles que le dan en su gabinete y, a lo mejor, los tira y se pone a llamar a algunos amigos, a ver qué le dicen”, añade otra fuente que conoce bien el día a día en Moncloa.

Todos los que han tratado de cerca a José Luis Rodríguez Zapatero desde que se hizo con las riendas del PSOE saben que su estilo no es de despachar con equipos. Ya en sus primeros pasos en Ferraz prefería el trato personal, uno a uno, con cada miembro de la ejecutiva a las reuniones de estrategia.

En este tiempo el móvil, según las mismas fuentes consultadas, se ha hecho su amigo inseparable y ni su llegada a La Moncloa, con su enorme infraestructura y su corte de secretarias y asesores, le ha disuadido de coger el teléfono, marcar y pillar desprevenido a quien sea al oir directamente la voz del presidente del Gobierno.

De su afición por el teléfono saben mucho José Blanco, el secretario de Organización socialista, con quien habla muy a menudo, Alfredo Pérez Rubalcaba, objeto de muchas de sus llamadas desde mucho antes de que fuera su ministro de Interior, y la misma vicepresidenta, Maria Teresa Fernández de la Vega, de cuyo despacho le separan apenas unos metros de jardín en Moncloa pero con la que habla a través del móvil varias veces al día.

No son estas llamadas, sin embargo, las que inquietan en algunos centros de poder socialista sino las que el presidente realiza fuera del circuito “oficial”. Aunque algunos de sus destinatarios han sido hasta hace un tiempo miembros del equipo de Zapatero hoy ya no respiran el ambiente de Moncloa y sus comentarios al oído del presidente están libres de las obligaciones del Gobierno.

A pesar de que todos los consultados señalan al interés de Zapatero por pulsar la opinión de la gente para explicar que sus llamadas y encuentros –que también los hay– abarcan un amplio número de personas y temáticas lo cierto es que tanto en el PSOE como en Presidencia está ya detectado un restringido grupo de interlocutores más asiduos.

Entre ellos están dos antiguos colaboradores que labraron su especial relación personal con el presidente a través del trabajo a su vera. Se trata de Miguel Sebastián, actual candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, y Miguel Barroso, ex secretario de Estado de Comunicación y hoy director de la Casa de América.

El propio Zapatero no tuvo reparos en dejar ver públicamente que Sebastián era alguien especial para él en la larga entrevista que concedió a “El País” el pasado enero. “En mi trayectoria al frente del PSOE, si tuviera que elegir a tres personas, incluso a dos, por sus cualidades, uno sería Miguel Sebastián”, le dijo a Javier Moreno, el director del rotativo.

La frase, que el análisis de los observadores políticos enmarcaba en el “agradecimiento” que Zapatero debía a quien, finalmente, le resolvió la papeleta de encontrar candidato para enfrentarse a Gallardón, iba mucho más allá, según opiniones  más cercanas al presidente y, sobre todo, era auténticamente sincera.

Zapatero descubrió a Sebastián en sus primeros tiempos en Ferraz cuando el brillante economista dirigía el Servicio de Estudios del BBVA y, desde allí, tuvo la osadía de elogiar la propuesta del “tipo único” para el IRPF que había hecho el PSOE. Luego no dudó en captarle como asesor para colaborar en la redacción del programa electoral socialista, nombrarle miembro de su “Comité de Notables” y, tras el triunfo, tenerle cerca en Moncloa como miembro de la Oficina Presupuestaria de Presidencia.

Sebastián se fue de allí para ser candidato a la alcaldía de Madrid, un puesto “maldito” tras muchas negativas y que se había convertido en un tremendo problema para Zapatero. El economista se propuso y el presidente aceptó. En su actual y agitada vida de candidato Sebastián continúa hablando con Zapatero de vez en cuando. Sus temas de conversación giran en torno a la economía y las empresas y, tras las múltiples vueltas que ha dado la operación de compra de Endesa, por ejemplo, muchos ven la “mano” de Sebastián, desde el principio partidario de frenar a Pizarro y que la eléctrica tuviese un socio preferente español.

El “moderno” sin carné. El otro “Miguel” de la agenda del presidente es Barroso, un profesional sin carné del PSOE, al igual que Sebastián, pero que ha logrado un hueco en el circulo de confianza de Zapatero gracias a su trabajo en Moncloa.

El ex secretario de Estado de Comunicación, que llegó al equipo monclovita de la mano de Rubalcaba, quien le promocionó al margen del aparato de Ferraz como experto en comunicación y telegenia, consiguió conectar con Zapatero gracias a su visión mediática, que coincidía con el presidente en su “modernidad”, en palabras de quienes conocen a ambos.

Barroso ha conseguido superar los lazos del cargo y, tras abandonar Moncloa por iniciativa propia –y escaso apoyo del partido–, se mantiene en el círculo de “consultados” por el presidente en materia de comunicación y medios. El actual director de la Casa de América, además, va a casarse el próximo septiembre con Carme Chacón, vicepresidenta del Congreso de los Diputados y una de las mujeres que primero apoyó a Zapatero en su lucha por la secretaría general del PSOE. Aunque la relación “telefónica”  de la catalana no es tan frecuente como la de Barroso, el contacto de ambos alimenta, también, según fuentes solventes, la comunicación del presidente con “sus chicas”, como se denomina en el partido a algunas de las jóvenes mujeres que formaron parte del primer equipo de Zapatero antes, incluso, de ser líder del PSOE.

En este grupo se encontrarían no sólo Chacón, sino también Trinidad Jiménez, actual Secretaria de Estado para Iberoamérica, y Leire Pajín , Secretaria de Estado de Cooperación, quienes habrían compartido las pasadas navidades un privilegiado encuentro privado con el presidente, sólo reservado a personas de confianza.

Tras los dos “migueles” nadie de los que conocen la agenda telefónica de Zapatero duda en citar a su “verdadero amigo” personal, el diputado por Málaga José Andrés Torres Mora, uno de los primeros impulsores de la Nueva Vía con la que el presidente se lanzó al asalto de la secretaría general del partido.

Torres Mora es doctor en sociología por la Complutense de Madrid y, hombre más de teoría e ideología que de práctica política, lleva años manteniéndose dentro del entorno más cercano a Zapatero al margen de dónde se encuentre su despacho. Fue su jefe de gabinete cuando llegó a la secretaría general del PSOE, puesto donde chocó con José Blanco por la influencia que ambos se disputaban en las cercanías del nuevo líder. Tras la victoria del 14-M no acompañó a su amigo a Moncloa y pactó con él “proteger” su influencia en el discreto escaño de diputado. En el Parlamento consiguió el cargo de vicepresidente de la Comisión Constitucional, prestigioso pero ajeno a la pelea política, al tiempo que se mantenía como miembro de la Ejecutiva federal del partido, adscrito, por decisión de Zapatero, a la secretaría general, una elegante fórmula para continuar teniéndole disponible a la hora de redondear discursos, ideas y estrategias.

Dicen quienes conocen la relación de Torres Mora con Zapatero que es el único que, de verdad, puede presumir de una amistad personal con el presidente, aunque nunca lo hace. Torres Mora y su mujer comparten ocio y fines de semana con el matrimonio Zapatero-Espinosa, más allá de las dificultades que impone la Presidencia de Gobierno, y las llamadas por el móvil del presidente a su antiguo jefe de gabinete son casi diarias.

Torres Mora, ferviente impulsor de las teorías del republicanismo de Pettit que abrazó Zapatero desde sus inicios como líder del PSOE, habla con el presidente sobre todo tipo de temas, desde las tendencias de la opinión pública sobre alguna iniciativa legislativa hasta las fórmulas de mantener el liderazgo en el partido. Torres Mora es, en el terreno del asesoramiento, un “todo-terreno” que sólo ha naufragado en el cruel frente de la logística del aparato. Asumido su sitio, dicen quienes le conocen, no tiene rival ante Zapatero.

Sondeos para  uso particular. Con él llegó a las cercanías del presidente otro sociólogo que se ha convertido, hoy por hoy, en “la otra voz” de los sondeos presidenciales. Se trata de José Luis Zárraga, sociólogo asturiano y experto en demoscopia electoral. Dentro de la órbita del republicanismo y de Torres Mora, Zárraga consiguió que Zapatero “le echara el ojo” gracias a unas encuestas preelectorales que el PSE le encargó en los últimos comicios autonómicos y en las que su trabajo fue muy bien valorado en el PSOE.

No sólo eso. Su forma de exponer los resultados de sus encuestas, ante Zapatero y otros dirigentes del PSOE y el PSE, le hicieron ver al presidente, a pesar de la diferencia de edad -Zárraga tiene más de 30 años de profesión-, que el sociólogo asturiano era uno de los suyos. “Le llama para pedirle sondeos de tendencia,ideas sobre opinión publica y trabajos puntuales de todo tipo que le completen lo que le dan desde el CIS o el partido”, explica una fuente monclovita.A Zapatero no le gusta quedarse con lo que le “cocinan” en su casa.

Es por eso, también, que consulta, muy habitualmente, con otra persona que quizá sea la que más escozores levanta dentro del PSOE. Se trata del más desconocido de los “asesores extraoficiales” del presidente, del menos controlado por el partido y del menos reconocido profesionalmente por quienes envidian su cercanía al líder. Javier de Paz, actual presidente de Mercasa, la empresa pública que controla los mercados centrales de las principales ciudades españolas es uno de los inesperados “gurús” de Zapatero para un sinfín de asuntos políticos.

Quienes conocen cómo se fraguó su amistad señalan a la llegada del joven leonés y su familia a un Madrid hostil nada más ganar la secretaría general del PSOE. Fue cuando tanto Jesús Caldera como José Blanco, que ya vivían en Las Rozas, le recomendaron este municipio madrileño para instalar su domicilio. Ramón MOreda, entonces gerente de Ferraz y hoy candidato del partido a la alcaldía de la localidad, le buscó un piso que vino a convertirle, por azar, en vecino de Javier de Paz, y su esposa, Ana Pérez. Ambos, según quienes vivieron aquellos primeros años madrileños de la pareja leonesa, se convirtieron en su apoyo más cercano en el siempre difícil aterrizaje doméstico para quienes nunca habían salido de su ciudad. Ana y Sonsoles hicieron pronto una sólida amistad que se vio acompañada de la de sus maridos a pesar de los maledicentes comentarios que en el socialismo ronceño se vertían sobre el “interés” del antiguo secretario general de las Juventudes Socialistas reconvertido en empresario -entonces era alto directivo y accionista de Panrico- por frecuentar al nuevo líder del PSOE.

De Paz tuvo, además, otra baza a su favor para “conquistar” a Zapatero. Su contacto le facilitó otro que el líder socialista valoraba mucho en su momento: el del secretario general de UGT, Cándido Méndez. El hoy presidente de Mercasa es sobrino de Jesús Mancho, líder ugetista ya fallecido pero que, en su día, fue uno de los grandes amigos del líder de UGT al aterrizar en Madrid para suceder a Nicolás Redondo. Zapatero quiso, desde sus primeros momentos al frente de la secretaría general del PSOE rescatar las deterioradas relaciones entre partido y sindicato y De Paz ayudó a que en los primeros encuentros entre Méndez y Zapatero no sólo hubiese miradas de protocolo.

A pesar de las múltiples reticencias que la relación de Javier de Paz con Zapatero provoca en el PSOE  el joven empresario consiguió saltar de la empresa privada a la pública cuando los socialistas ganaron las elecciones y mantenerse en un discreto segundo plano que preserva sus conversaciones con el presidente.

Zapatero también consulta con personas de su entorno más cercano, como algunos miembros de su familia, principalmente su hermano Juan y su primo José Miguel, a quien ha llevado al Gabinete de Moncloa (Ver recuadro “De la familia me fío”).

Para algunos esta fórmula es garantía de que el presidente no caerá en el conocido como “síndrome de La Moncloa”, ya que intenta estar en contacto con lo que sucede en la calle a través del pulso a la opinión pública que le ofrecen personas que no están involucradas en la burocracia del poder. “Pero tampoco es bueno que conceda tanta importancia a la opinión de indocumentados”, se queja un fontanero del partido. ¿Celos? Lo cierto es que Zapatero no deja de utilizar su móvil cuando le parece oportuno. Y sus decisiones no dejarán de tener a quien él considera “sus cercanos” detrás de ellas.

De la familia me fío

Zapatero es de los que hacen  vida de familia. Y no sólo con su mujer y sus hijas. Desde que tuviera que instalarse en Madrid, tras ganar la secretaría general del PSOE,  muchos de sus fines de semana tenían como destino León y una comida familiar con sus padres y su único hermano acompañado de su esposa.

Hoy, ya inquilino de La Moncloa, su hermano mayor se ha convertido en otra de las voces que consulta asiduamente.

Juan también estudió Derecho,  aunque en Valladolid, ya que en su momento la universidad de León no lo permitía. Ese ambiente universitario fue el que le hizo coquetear más con el PCE que con el PSOE, según los biógrafos de líder socialista, e, incluso, situarse enfrente de su hermano en el crucial referéndum de la OTAN convocado por Felipe González en 1982, en el que Juan colaboró con quienes propugnaban el “no” en su ciudad natal.

 Fue la última vez que ambos hermanos se encontraron  en bandos diferentes. Tras el triunfo del “sí” Juan “le prometió a su hermano que,  en adelante, no volvería a colocarse enfrente”, asegura Óscar Campillo en su biografía “Zapatero”.

Su hermano, que también asistió junto a  él  y su padre al  ya  famoso mítin de Felipe González en Gijón que motivó  al joven Zapatero –entonces tenía 16 años– a dedicarse a la política, en agosto de 1976, ejerce de abogado en  León pero sigue muy de cerca la  vida del  presidente.

Fue precisamente su mujer, Begoña, quien “sacó” del Palacio de Congresos de Madrid a Sonsoles en los momentos posteriores a la victoria de José Luis como secretario general del PSOE en el año 2000.  La cuñada, que estaba junto a su esposa en los cruciales momentos del recuento de votos, atendió la solicitud, por móvil,  que le hizo el  ya líder del PSOE, de que atendiera a su mujer y la alejase de la avalancha de felicitaciones y periodistas.

Junto a él, Zapatero tiene incluída en su agenda a un primo hermano por parte de su madre, José Miguel Vidal Zapatero, a quien, incluso, fichó  para su Gabinete de Presidencia  en septiembre de 2004.

Vidal Zapatero, amigo íntimo de la infancia del presidente, es también abogado y experto en Derecho Constitucional y abandonó su puesto como profesor en la universidad de Valladolid para trabajar en el departamento de Asuntos Institucionales del Gabinete de Presidencia que dirige Fernando Magro.

Debido a su formación constitucionalista el primo del presidente se ha especializado en trabajos relacionados con el modelo territorial y los estatutos de autonomía, asuntos para los que,  al margen de su labor dentro del Gabinete de Moncloa, el presidente le pide opinión en multitud de ocasiones.

¿ZP? ¡Ojo con él! por Enric Sopena


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