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Nº 737 - 16 de abril de 2007 |
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Menos ladrillo, más innovación por Carlos Berzosa En un reciente encuentro internacional sobre ciencia y sociedad, el comisario europeo de Investigación y Ciencia, Janez Potocnik, oponía una idea que merece la pena tomar en consideración. Potocnik señala que es preciso hacer que la investigación enraíce en el corazón de la sociedad, para lo cual sería de gran ayuda conseguir los Estados Unidos de Investigación en Europa. Este es sin duda el momento adecuado para lograrlo ya que, cuando se comenzó a crear la Unión Europea hace 50 años, en aquellos momentos lo importante eran el carbón y el acero, dos materias primas en las que se basaba entonces el desarrollo industrial y económico de los países. Sin embargo, ahora lo importante para el desarrollo es la transmisión del conocimiento, la dedicación al I+D+i, cuestión en la que nos jugamos nuestro futuro. En España hemos conseguido un avance considerable desde que en 1986 se pusieron en marcha los primeros planes nacionales de ciencia. Nuestro país ha logrado un notable crecimiento en la publicación de artículos científicos de impacto en revistas internacionales y en la presencia de investigadores españoles en centros extranjeros. Pero, a pesar de lo conseguido, es todavía mucho lo que queda por hacer. Las universidades han jugado un papel muy destacado en ese avance de la investigación y el actual Ministerio de Educación y Ciencia es muy sensible ante la escasez de recursos destinados a I+D+i, por lo que está aumentado la inversión en este apartado. Nos encontramos sin embargo, con problemas como la brecha existenteentre la Universidad y el mundo empresarial, que se intenta acortar con iniciativas como la del Parque Científico creado conjuntamente por las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid, más el Ayuntamiento de la capital, la Comunidad de Madrid y el Grupo Santander. Este parque facilita el acceso a las grandes infraestructuras científicas universitarias, propicia la colaboración de los centros e instituciones públicas de investigación con el sector industrial y empresarial y fomenta la creación de empresas de base tecnológica. De su seno han salido ya algunas empresas que han tenido éxito y se han independizado en el mercado. Y es que, frente a una economía que basa su crecimiento en actividades como la construcción, hay que apostar por el empresario innovador, que es el que busca más productividad, nuevos productos, nuevas materias primas, nuevos mercados y una mejor organización empresarial. Es decir, necesitamos un país con más emprendedores, menos ladrillo y más innovación. Otro problema es que, efectivamente, publicamos más investigación que hace 20 años, pero no pa-' tentamos. De hecho, ocupamos el quinto puesto de la UE en publicaciones, pero somos el número 15 en patentes. Y es que nos faltan científicos, muchos; faltan estructuras que formen a los jóvenes, que no llegan suficientemente preparados a la Universidad; faltan instituciones grandes y de excelencia; falta dar pasos para atraer a nuestro país a los mejores científicos; falta reconocer el papel de los científicos en la sociedad; y falta integrar la ciencia en el tejido productivo, para lo que es necesario acabar con muchos prejuicios de empresas que no creen en los científicos y de muchos científicos que no creen en las empresas. A lo anterior se añaden los datos incuestionables acerca de los recursos destinados a I+D: el 1,13 % del PIB en España frente al 1,92 % de la media europea, cuando el objetivo marcado por la Cumbre de Lisboa era conseguir el 3 %. Estamos tan lejos de ese objetivo que ya se considera como deseable alcanzar el 2 Y es que, como señaló el comisario Potocnik, la actitud de la Comisión Europea es importante, pero es más importante la actitud de los gobiernos y las iniciativas que tomen. Se conseguirá que la ciencia eche raíces en el corazón de la gente cuando al hablar de economía, de educación o de bienestar, ésta lo asocie con la investigación. Se trata de lograr un cambio de mentalidad al que puede contribuir el Año de la Ciencia, que todavía no ha desplegado todas sus potencialidades y tiene de positivo que ha sido concebido con idea de perdurabilidad para trascender los meses de celebraciones. La Ley Orgánica Universitaria, recientemente aprobada, introduce cambios positivos que pueden facilitar el nuevo papel de las Universidades en la línea señalada. Así, además de otorgar más autonomía a las universidades, también elimina trabas para facilitar su papel como gestores en la transmisión del conocimiento científico a la sociedad y al sistema productivo. Ese es desde luego el camino.* |
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