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Nº
737 -16 de abril de 2007 |
Guía para las presidenciales más disputadas, pendientes de los indecisos
FRANCIA ELIGE PRESIDENTE Todavía con el susto en el cuerpo tras los comicios de 2002, en los que el ultraderechista Jean Marie Le Pen conseguía el segundo puesto en la primera vuelta, el país vecino se prepara para elegir un nuevo presidente que ejercerá su cargo los próximos cinco años. De los doce candidatos presentados oficialmente, sólo tres parecen contar con posibilidades reales en esta cita electoral: el derechista Nicolas Sarkozy, la socialista Ségolène Royal (quien podría convertirse en la primera mujer en ocupar este cargo en la historia de Francia), y el centrista François Bayrou. Los grupos a la izquierda del Partido Socialista aparecen, de nuevo, divididos, con un José Bové, líder antiglobalización, como máximo referente, mientras que la sombra amenazante del xenófobo Le Pen continúa proyectándose en forma de nueva candidatura. A menos de dos semanas para la primera vuelta, los sondeos pronostican una ventaja de Sarkozy y un alto nivel de indecisión, que ronda el 42 por ciento. Por P. A. N. No sólo en Francia, sino también en toda Europa se está pendiente de lo que pueda suceder en las próximas elecciones presidenciales en la República francesa. Jacques Chirac, tras 12 años ocupando el presidencial Palacio del Elíseo, dará paso a un nuevo jefe del Estado en la nación vecina. También son 12 los candidatos, pero todos los estudios de opinión coinciden en que sólo tres cuentan con posibilidades reales de ocupar el puesto de Chirac durante los próximos cinco años –una reforma constitucional modificaba la duración del mandato en 2002; hasta ese momento, era de siete años–: el candidato derechista de la Unión por un Movimento Popular (UMP), Nicolas Sarkozy, que es a quien las encuestas otorgan una mayor intención de voto, con un 29 por ciento; la candidata del Partido Socialista, Ségolène Royal, a la que los sondeos sitúan entre un 25 y un 26 por ciento; y el aspirante centrista, François Bayrou, de la Unión Democrática Francesa (UDF), formación antaño liderada por el ex presidente Valéry Giscard d’Estaing, a quien los encuestados atorgan un 20 por ciento. Junto estos tres, repite –una vez más- candidatura el inefable Jean-Marie Le Pen, líder del partido ultraderechista Frente Nacional, que con su mensaje racista, xenófobo y antieuropeo mantiene en la recámara un buen número de votos cautivos, especialmente en ciertas zonas del sur del país. Todavía pesa el impacto de las elecciones de 2002, cuando conseguía alzarse con la segunda posición en la primera vuelta, desbancando al candidato socialista, Lionel Jospin, y provocando la unidad de todos los demócratas franceses en su contra, que concentraron su voto en Jacques Chirac. La izquierda vuelve a presentarse dividida. Pese a los esfuerzos desplegados por el activista antiglobalización José Bové para conseguir una candidatura unitaria, finalmente no ha resultado posible. Éste se presenta por la plataforma Alternativa Unitaria, mientras que el Partido Comunista tiene como candidata a Marie-George Buffet, la Liga Comunista Revolucionaria a Olivier Besancenot, Los Verdes a Dominique Voynet, y Lucha Obrera a Arlette Laguiller. Todos ellos, con representación parlamentaria, carecen prácticamente de ninguna opción en esta batalla. Los sondeos también revelan una inusitada indecisión entre el electorado francés. A falta de menos de dos semanas para la primera vuelta, un 42 por ciento de los encuestados manifiesta no tener decidido el sentido de su sufragio, por lo que la batalla continúa muy abierta entre los tres con opciones reales. Las mismas encuestas se encargan de describir la situación como más complicada aún. A la hora de redactar estas páginas, los estudios publicados aseguran que si pasasen a la segunda vuelta el candidato de la derecha, Sarkozy, y la aspirante socialista, Royal, el primero se haría con la victoria por un margen de entre el 51 y el 54 por ciento, pero que si en la última fase se viesen las caras Sarkozy y François Bayrou, sería este último el que obtendría la presidencia con un margen de entre el 52 y el 53 por ciento. En Europa se sigue con atención el desarrollo de estos comicios. Un triunfo del candidato derechista, firme admirador del esquema sociopolítico norteamericano, supondría un debilitamiento de las estructuras políticas de la Unión Europea y una apuesta francesa por el fortalecimiento del eje trasatlántico. Una victoria socialista, más proeuropea, también comportaría un cierto peaje, habida cuenta del durísimo debate interno que se vivió en esta formación a cuenta de la Constitución Europea. Royal ha incluido en su programa la necesidad de reformar este tratado en un sentido más social, para volver a someterlo a referéndum. El candidato más decididamente europeísta es el centrista Bayrou. Las competencias del presidente de la República Francesa son amplias. Formalmente, su figura es la encargada de velar por el respeto a la Constitución, el funcionamiento de los poderes públicos y la independencia de la justicia. Pero su poder real reside en la designación del primer ministro, en su condición de Jefe Supremo del Ejército –algo muy importante en un país del club nuclear-, y en su papel determinante en las relaciones exteriores (Francia es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas). Dado que las elecciones legislativas se producen cada cuatro años, y las presidenciales, cada cinco, no es inhabitual la circunstancia de que el color político del presidente y de la fuerza encargada de gobernar sean distintos. Es lo que en Francia se denomina la cohabitación. En estas circunstancias, los poderes presidenciales disminuyen y crecen los del primer ministro y su gobierno. La política exterior, por ejemplo, cuando esto se produce, es codirigida por el presidente y el ministro del ramo. El mecanismo de elección, en teoría es bastante simple; es proclamado presidente o presidenta la persona que obtenga una mayoría absoluta de los votos –y en este caso hay que recordar que se trata, como en las elecciones europeas, de una circunscripción electoral única-. Si en una primera votación ningún candidato traspasa la barrera del 50 por ciento, es necesaria una segunda vuelta, dos semanas después, a la que ya sólo tienen opción de concurrir las dos candidaturas más votadas en la primera ronda. Para ser candidato o candidata se exige la presentación de un mínimo de 500 avales de representantes electos, y que, además sean de no menos de 30 departamentos distintos, se debe realizar una completa declaración patrimonial, ser mayor de 23 años y demostrar algo tan difícil de medir como poseer “dignidad moral”. Hasta el momento, todo apunta a que será un enfrentamiento entre derecha e izquierda, representados por Sarkozy y Royal, quienes se verán las caras en la segunda vuelta del 6 de mayo, ya que un triunfo en primera vuelta queda prácticamente descartado. La única duda reside en observar si François Bayrou será capaz, desde su actual posición de outsider, de progresar lo suficiente durante lo que queda de campaña, como para inquietar a sus dos oponentes. Aunque también podría haber espacio para las sorpresas desagradables; la sombra de Le Pen es alargada. NICOLAS SARKOZY, EL FAVORITO “Deseo que los franceses puedan conocer mis valores, la concepción que tengo de la política y del ejercicio del poder, la ambición que tengo por Francia, la idea que me hago de su Estado y hacia dónde quiero llevarla, el lugar que debe tener en el mundo y la forma en que la dirigiré si soy elegido presidente”, afirmaba Nicolas Sarkozy, candidato a la Presidencia de la república de Francia por la formación derechista Union pour un Mouvement Populaire (UMP), durante la presentación de su libro titulado “Ensamble” (Juntos), el pasado 1 de abril. En este tomo, editado de forma sorpresiva, el ex ministro de Interior, que parte con ventaja en las encuestas en la carrera hacia el Palacio del Elíseo (sede de la Presidencia de la República), explica su ideario político y sus ideas generales, junto con un compendio de su programa. Según el candidato, está escrito “como una carta a los franceses” para hablarles “desde el fondo del corazón”. Así es el estilo de Sarkozy, populista y patriótico –no en vano, la portada de esta publicación es la enseña nacional-. Nacido en París en 1955, su ambición está marcada por sus orígenes. Hijo de un aristócrata húngaro (Paul Sarkozy de Nagy-Bocsa) huido en 1944 de la llegada del Ejército Rojo, al que hubo de enfrentarse, incluso en los tribunales, por negarse a mantener a su familia tras hacer una gran fortuna como empresario de publicidad. “No os debo nada”, llegó a espetarle su padre a la salida del juzgado. El joven Nicolas no fue un estudiante brillante, como acreditan sus notas mediocres, aunque, finalmente, obtenía el título de licenciado en Derecho. Tras un primer matrimonio, contrae segundas nupcias con Cecilia Ciganer Albéniz, bisnieta del compositor español Isaac Albeniz, de quien, curiosamente, se enamora cinco años antes cuando, en su condición de alcalde de Neuilly-sur-Seine (una localidad próxima a París), oficia la boda de ésta con su primer marido. Su trayectoria política es larga, arranca en 1977, cuando a los 25 años consigue un acta de concejal en el ayuntamiento de la citada ciudad cercana a París, y también es integrado en el comité central de Reagrupamiento Por la República (RPR), el partido gaullista francés del que en 2002 surgiría la actual UMP. Un año más tarde es delegado nacional juvenil y, unos meses más tarde es elegido presidente de las juventudes de esta formación. En 1983 consigue la alcaldía de Neuilly-sur-Siene, cargo que ocupa ininterrumpidamente hasta el año 2002. En 1988 obtiene su primer acta como diputado al Parlamento francés, y es elegido secretario nacional del RPR, responsabilizándose de las áreas de Juventud y Enseñanza. Su ascenso dentro del partido continúa imparable, y en 1992 es designado subsecretario general adjunto, ocupándose de la organización de la militancia. Al año siguiente es nombrado ministro del Presupuesto por el primer ministro Édouard Balladur, quien también lo confirma como portavoz del Gobierno, cargo que compatibiliza también con la portavocía del propio partido. En 1998 es elegido secretario general del RPR, y en 1999, presidente interino. En esas mismas fechas encabeza la candidatura de su grupo político a las elecciones europeas. En 2002, tras la elección de Jacques Chirac como presidente de la República, es designado ministro del Interior. Tras dos años en el cargo es nombrado como titular del superministerio de Economía, Finanzas e Industria. También en 2004, tras la transformación del RPR en la UMP se convierte en el líder indiscutible de este partido. En 2005 vuelve a hacerse cargo de la cartera de Interior. Es en el ejercicio de esta responsabilidad donde se encuentran sus actuaciones más polémicas. En esas fechas declaraba que “el control de la inmigración es una obligación para salvaguardar nuestro pacto social, de lo contrario explotará”, y decía comprender a “la Francia exasperada por la negación de la identidad nacional, la inmigración incontrolada, el fraude y el despilfarro”. Otras declaraciones suyas de corte un tanto xenófobo constituyeron el detonante para el estallido de los grandes disturbios de ese año en los suburbios de las grandes ciudades francesas, protagonizados mayoritariamente por hijos y nietos de inmigrantes que, pese a haber nacido en Francia, no han conseguido beneficiarse de la plena integración. SÉGOLÈNE ROYAL, ‘LA ZAPATERA’ El 22 de septiembre de 2005, justo el día de su 52 cumpleaños, la socialista Ségolène Royal anunciaba la intención de presentar su candidatura a la presidencia de la República francesa. Pese a contar con la oposición de buena parte de la plana mayor de su partido, conseguía la nominación en las elecciones primarias celebradas en su formación el 16 de noviembre de 2006. Además, lo hacía en la primera vuelta, barriendo a sus dos ilustres contrincantes, el ex ministro de Economía Dominique Satrauss-Khan y el ex primer ministro Laurent Fabius. Royal obtenía el 60, 62 por ciento de los votos, frente a un muy lejano 20,83 de Strauss-Khan y un 18,54 por ciento de Fabius. Pese a que había recibido numerosas críticas por parte de sus rivales, que la tildaban de “demagoga”, finalmente han quedado integrados en su equipo de campaña, consiguiendo de esta forma la práctica unidad de los socialistas en su apoyo. El denominado Consejo Estratégico está conformado por una veintena de notables del partido, entre los que destaca, además de los dos nombrados, el ex primer ministro Lionel Jospin, y el primer secretario de la formación –y compañero sentimental de Royal, con quien comparte, además, cuatro hijos-, François Hollande. Hija de un derechista teniente coronel del ejército, Ségolène, cuarta de ocho hermanos, nacía en la capital de Senegal, Dakar, donde su padre se encontraba destinado. Su progenitor se oponía a que la actual candidata cursase estudios superiores, por lo que hubo de luchar contra él para conseguir este objetivo. En su caso, sí se demostró como una estudiante destacada. Es licenciada en Economía por la Universidad de Nancy, diplomada por el Instituto de Estudios Políticos de París y también obtuvo la titulación de la muy elitista Escuela Nacional de Administración. En 1978 se afiliaba al Partido Socialista, y desde entonces ha ido forjándose una sólida carrera política. En 1982, y durante seis años, fue consejera técnica del secretariado general de la Presidencia en Juventud, Salud y Medio Ambiente. En 1988 consigue su primer acta de diputada nacional por la circunscripción de Deux-Sèvres. En 1992 es nombrada ministra de Medio Ambiente, aunque sólo permanece un año en el cargo. En 1995 encabeza la lista a la alcaldía de Niort, aunque resulta derrotada. Ya en 1997 es designada ministra de Enseñanza Escolar, para pasar en 2000 a ocupar la cartera de Familia e Infancia. En 2002 su ministerio cambia de nombre y amplía competencias, pasando a ser el Ministerio de Familia, Infancia y Personas Discapacitadas. En 2004 resulta elegida presidenta de la región de Poitou-Charentes, convirtiéndose en la primera mujer del país vecino que preside un departamento. Conocida como la “Zapatera”, en alusión a los paralelismos entre sus propuestas de índole social y las aplicadas por el presidente español, en las últimas semanas ha rescatado un discurso más izquierdista y social, con continuas referencias al ex presidente Miterrand y duras críticas a las grandes corporaciones industriales y financieras. Sin embargo, en el arranque de precampaña se distinguía por un discurso patriótico, “quiero que todos los franceses conozcan La Marsellesa (himno nacional francés) y que cada uno tenga una bandera en su casa”, llegó a declarar, y también con constantes referencias a los valores familiares y tradicionales y a la seguridad, tema estrella en los debates políticos entre los distintos candidatos. En este sentido ha llegado a hacer propuestas que conjugan difícilmente con un ideario progresista, como la obligatoriedad de seis meses de servicio militar para delincuentes juveniles y jóvenes conflictivos. También se ha constatado un claro cambio de su actitud con respecto a los derechos sociales de los homosexuales, ya que, en un principio se mostraba contraria al derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque sí era partidaria de que contaran con todo tipo de derechos en lo relativo a herencia, pensiones y seguridad social. Royal ha hecho público su cambio de posición y ahora defiende abiertamente el derecho al matrimonio de estas personas. FRANÇOIS BAYROU, LA TERCERA VÍA Todas las encuestas sitúan a este veterano político como el tercero en discordia para la consecución de la presidencia gala. Los actuales sondeos le atribuyen cerca del 20 por ciento de los votos en la primera vuelta. Como sus contrincantes, Bayrou es un político de largo recorrido, siempre vinculado al centro-derecha francés. Actualmente es el líder de la Unión para la Democracia Francesa (UDF), histórica formación nacida de la fusión de varios partidos fundada por el que fuera presidente de la República entre 1974 y 1981,Valéry Giscard d’Estaing. François Bayrou está casado y tiene seis hijos. Muy vinculado al mundo rural, es originario de la región de Bearn, en los Pirineos franceses. Católico practicante, desarrolla un discurso moderado, alejado de las soflamas derechistas de Sarkozy, y reconoce no disponer de fórmulas automáticas para la resolución de problemas, sino que defiende un estilo sosegado y cotidiano de hacer política. Llama la atención su declaración de que, en caso de resultar elegido presidente de la República, nombraría a un socialista como primer ministro. Nacido en 1951, se licenció en Literatura Clásica en la Universidad de Burdeos. Es autor de varios libros, entre los que sobresale una biografía de Enrique IV titulada “El rey libre”, que se convirtió en un gran éxito editorial. Es, además, cofundador y copresidente, junto con el italiano Francesco Rutelli, del Partido Demócrata Europeo. En 1980 se afilia a la UDF y pasa a convertirse en asesor del ministro de Agricultura de ese tiempo, Pierre Méhaignerie. Los dos años siguientes también asesora al presidente del Senado. Desde 1982 hasta 2001 fue miembro del Consejo General de los Pirineos Atlánticos. En 1983 es elegido miembro del Consejo Municipal de Pau, donde permanece por diez años. En 1986 consigue ser elegido diputado nacional y también diputado de la Cámara de los Pirineos Atlánticos. Seis años más tarde es designado presidente del Consejo General de esta misma demarcación, hasta 2001; cargo que compatibiliza con el de ministro de Educación durante cuatro años, el periodo comprendido entre 1993 y 1997. En 1998 refunda la Unión Democrática francesa, y desde ese momento se convierte en su líder indiscutible. Un año después consigue un acta como eurodiputado, obteniendo el diez por ciento de los votos en Francia. No es la primera ocasión en que Bayrou presenta su candidatura a las elecciones presidenciales, aunque sí es la primera vez que lo hace con unas expectativas de voto tan elevadas. Ya lo había intentado en las pasadas, en 2002, cuando quedó en cuarta posición, tras el socialista Lionel Jospin. Entonces obtuvo casi el siete por ciento de los sufragios. JEAN-MARIE LE PEN, LA INDESEADA ULTRADERECHA En las pasadas elecciones presidenciales de 2002 daba la gran sorpresa al obtener la segunda posición en la primera vuelta, con más del 16 por ciento de los votos, lo que le permitió acceder a la segunda, donde fue literalmente barrido por el actual presidente, Jacques Chirac, que unificó en su candidatura los votos de la derecha tradicional, de la izquierda y de los ciudadanos que temían el radicalismo y las posiciones filofascistas de este excombatiente francés que predica sin complejos una ideología xenófoba, racista y de extrema derecha. Hace cinco años, Chirac superaba el 82 por ciento de los sufragios, convirtiéndose, gracias al talante de su oponente, en el presidente más votado de la historia de Francia. Le Pen es el más veterano en lides políticas de todos los candidatos. Nacido en 1928, es el presidente del Frente Nacional, fundado por él mismo en 1972, y con una creciente implantación, especialmente en zonas del sur del país. La entrada en política de este polémico y provocador personaje se producía en 1956, cuando obtenía su primer acta de diputado en la Asamblea Nacional, enrolado entonces en las filas de la Unión de Defensa de los Comerciantes y Artesanos (UDCA). En 1957, y dada su condición de antiguo combatiente del Ejército francés en las guerras coloniales de Argelia e Indochina, era elegido presidente del Frente Nacional de Combatientes. En 1958 volvía a conseguir ser elegido parlamentario nacional, esta vez en la candidatura del partido Centro Nacional de Independientes y Campesinos. En 1984, ya con su Frente Nacional, conseguía la elección como eurodiputado. En 1992 y 1998 obtenía un escaño en el parlamento regional de Provence-Alpes-Côte d’Azur, y un año después, una nueva acta en el Parlamento Europeo, aunque en 2003 la Corte Europea de Justicia le privaba de tal condición. Le Pen es también el candidato que más veces se ha presentado a la presidencia de la República. Lo hizo por primera vez en 1974, y ha repetido en 1988, 1995 y 2002, cuando quedó segundo en la primera vuelta. Este candidato ultraderechista se ha caracterizado por sus constantes declaraciones xenófobas, racistas y en contra de los inmigrantes, a los que ha propuesto expulsar del país en más de una ocasión. Ha llegado a calificar como “un detalle de la Segunda Guerra Mundial” la existencia de las cámaras de gas en los campos de exterminio nazis, o a asegurar que la ocupación alemana en Francia “no fue particularmente inhumana”. JOSÉ BOVÉ, EL LÍDER ANTIGLOBALIZACIÓN El conocido líder contra la globalización presenta su candidatura apoyado por numerosas organizaciones de izquierda, colectivos contra la mundialización, asociaciones de agricultores y sindicatos. Estuvo negociando una candidatura unitaria con todas las fuerzas políticas a la izquierda del Partido socialista, pero la decisión del Partido Comunista y de la Liga Comunista Revolucionaria de presentar candidaturas propias lo ha hecho inviable. Su candidatura se denomina Alternativa Unitaria de la Izquierda Antiliberal, y en este nombre se concentra claramente la filosofía que inspira la línea política que defiende. Nacido en Burdeos en 1953, este agricultor, sindicalista y portavoz de Vía Campesina es director regional del Instituto Nacional de la Investigación Agronómica, y también es miembro de la Academia Francesa de Ciencias. Desde muy joven se implica en los movimientos alternativos. Fue detenido y juzgado por primera vez tras su participación en una protesta contra la ampliación de un campo militar en Larzac, y condenado a meses de cárcel. No sería su último encontronazo con la ley francesa. En 1999 participaba en el asalto a un restaurante de la cadena McDonald`s y en 2004 volvía a recibir una condena de cuatro meses de prisión por la destrucción de un campo de maíz transgénico. Estuvo afiliado a la organización anarquista Alternative Libertaire, y en 1987 funda la Confederación Campesina, que surge de la fusión de la organización anarquista CNSTP y la socialista FNSP. Autor de dos libros, “La semilla del futuro”, un análisis sobre la situación agroganadera de Francia y Europa, muy crítica con la Política Agraria Común de la UE, y “La rebelión de un campesino”, una autobiografía. Ha destacado por su liderazgo en las luchas contra la globalización y también contra los alimentos transgénicos. Seguridad y política social en los programas Las principales diferencias entre los candidatos con posibilidades en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas se centran en el terreno social, puesto que la seguridad, el orden público y el concepto nacional -cuestiones que han ocupado buena parte de los debates hasta el momento- concitan una extraña uniformidad en las propuestas, en donde la tradicional receta de la “mano dura” y las “medidas contundentes” transita de modo transversal por todos los programas electorales. Aquí se ofrecen unas pinceladas sobre aspectos destacados de sus propuestas. NICOLAS SARKOZY Bajo el lema “Juntos todo llega a ser posible” se proponen una serie de medidas entre las que resalta la reducción del Gobierno a 15 ministerios, con paridad entre hombres y mujeres. Creación de un Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional. Se contempla la supresión del impuesto de sucesiones y establecer un tope máximo de cotización por el IRPF del 50 por ciento. En educación propone la desaparición del actual Mapa Escolar que adjudica el centro de estudios de primaria y secundaria en función de la ubicación de la vivienda habitual. Un aumento del presupuesto destinado a la enseñanza superior del 50 por ciento hasta el final del mandato presidencial. Préstamos sin intereses para la adquisición de vivienda propia. Sarkozy también pretende reducir los servicios de asistencia y establecer un servicio social obligatorio de seis meses para los jóvenes en edades similares a las de la prestación del servicio militar en España, cuando estaba vigente. Pretende suprimir las actuales 35 horas de trabajo semanales, liberalizar por completo los horarios comerciales y reducir notablemente el número de funcionarios públicos. En su batalla por combatir la inmigración plantea el establecimiento de cuotas por países y por actividades económicas, con una regulación estricta. Niega cambios legislativos para integrar a los practicantes de otros cultos religiosos, especialmente los musulmanes. SÉGOLÈNE ROYAL En un programa denominado “Pacto presidencial”, la candidata socialista plantea una serie de medidas, entre las que destacan las de carácter social. Sí, por ejemplo, se compromete a elevar el salario mínimo desde los actuales 1.240 euros hasta los 1.500, así como el aumento de un cinco por ciento de todas las pensiones y un seguro por el que quienes pierdan su puesto de trabajo percibirán hasta un 90 por ciento de su salario anterior durante el primer año. Creación de 120.000 viviendas de protección oficial y sanidad gratuita para todos los menores de 16 años, con independencia de su situación administrativa en el país. Puesta en marcha de la iniciativa legislativa popular con la presentación de un millón de firmas. Promete un aumento del diez por ciento en el presupuesto destinado a I+D y también una línea de créditos sin intereses de hasta 10.000 euros para facilitar la emancipación de los jóvenes. En el terreno administrativo pretende introducir una dura ley de incompatibilidades, en un país en el que apenas existen restricciones para desempeñar simultáneamente diversos cargos públicos. Promete renegociar los contenidos de la Constitución Europea y volver a someter el nuevo texto a referéndum. Ahora defiende el matrimonio entre homosexuales, aunque también plantea medidas duras, como el alistamiento obligatorio en el ejército de los delincuentes jóvenes. FRANÇOIS BAYROU Con su lema “la Francia de todas nuestras fuerzas”, Bayrou quiere transmitir sensación de moderación en su programa, al que no le faltan guiños sociales, llegando a presentarse como un socialdemócrata. En el terreno fiscal se alinea con las tesis de la izquierda y promete la implantación de un IRPF progresivo en el que se ajuste con mayor control el principio de mayor cotización a mayores ingresos. Otro de los objetivos fundamentales es la reducción de la deuda pública. Europeísta convencido, apuesta por la suscripción de un tratado constitucional de la UE. La parte más llamativa está en su compromiso de nombrar a un político socialista como primer ministro, en caso de alzarse con el triunfo en las presidenciales. JEAN-MARIE LE PEN Nada nuevo en las propuestas de este veterano político ultraderechista. Básicamente las mismas recetas con las que se ha presentado a estos comicios en otras ocasiones. Ausencia total de medidas sociales y una buena carga de propuestas represivas, tanto desde el punto de vista penal, como desde la perspectiva de las libertades públicas, y un decidido antieuropeísmo. Así, destaca la promesa de la reinstauración de la pena de muerte, la prohibición de los matrimonios entre personas del mismo sexo, el retorno de la religión a las escuelas, la expulsión automática de todos los inmigrantes en situación irregular y un endurecimiento asfixiante de las condiciones para obtener permisos de residencia y trabajo. En la vertiente europea ofrece la denuncia de casi todos los acuerdos comunitarios suscritos por Francia, como los de Schengen y Maastritch, la vuelta al franco como moneda nacional y el rechazo a la Constitución europea. JOSÉ BOVÉ La Alternativa Unitaria liderada por José Bové presenta un programa resumido en 125 puntos de muy marcado carácter progresista en los que se aboga por el fortalecimiento en todos los niveles del sector público, así como en la extensión de todos los servicios sociales y la gratuidad de los mismos. En política fiscal se apuesta por una subida de impuestos, con un carácter mucho más progresivo que el vigente. La enseñanza pública, la sanidad, el fomento de la investigación, con una contundente subida presupuestaria para este capítulo. El medio ambiente y el desarrollo sostenible constituyen otro de los pilares programáticos, así como la adopción de medidas para fomentar la plena igualdad entre los sexos, el matrimonio homosexual, la denuncia de los tratados militares a los que Francia pertenece, una construcción de Europa desde la perspectiva de los ciudadanos, y el establecimiento de la VI República (aunque en este punto también parece estar de acuerdo la candidata socialista, Ségolène Royal. Zapatero, un símbolo para la campaña de Royal Por Salvador Martínez (París) A Ségolène Royal le gusta que la llamen ‘Zapatera’, según asegura la candidata socialista a las elecciones presidenciales francesas en “Maintenant”, un libro-entrevista con Marie-Françoise Colombani, editorialista del semanario Elle, publicado en Francia a finales del mes pasado. El sobrenombre ‘Zapatera’ es para la aspirante a la Presidencia de la República, un “símbolo de victoria”. Fue a raíz del triunfo del PS francés en las elecciones regionales celebradas en marzo de 2004, en las que Ségolène Royal alcanzó la presidencia de Poitou-Charentes, que la prensa “comenzó a recurrir a la analogía entre la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones legislativas con la de la ahora candidata a la jefatura del Estado”, según Myriam Lévy, periodista del diario francés Le Figaro. Como Zapatero, en aquellos comicios regionales, Royal también se impuso al delfín de un primer ministro “popular”, Jean-Pierre Raffarin, quien propuso como candidata de la UMP en Poitou-Charentes a Élisabeth Morin. Royal, miembro del Partido Socialista (PS) francés desde 1978, nunca ha tomado la palabra en un congreso del partido. Además, durante la precampaña y lo que ha transcurrido de campaña presidencial se puede constatar que la candidata socialista “considera al PS como un grillete”, según el periodista de Libération Renaud Dély. Sin embargo, no es menos cierto que “ella es el producto del PS francés”, como ha señalado Florence Haegel, directora de investigaciones del CEVIPOF, el centro de investigaciones políticas del prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París. Según Haegel, la candidatura de Royal a la Presidencia de la República “es la consecuencia de aquello en lo que se ha transformado el PS francés”, un partido “desestructurado” o en “fase desestructuración” tras las divisiones registradas en él después del referéndum sobre la Constitución europea, en el que los socialistas votaron oficialmente “si” a pesar de que figuras del partido como Laurent Fabius hicieron campaña por el “no”. El presidente del Gobierno español también es producto del PSOE, pues se afilió en 1979, al poco de cumplir la mayoría de edad. Zapatero ha crecido en el partido políticamente hasta que se impuso como secretario general en el 35º Congreso Federal, celebrado en julio de 2000. Aquel congreso fue, para quienes escriben la historia del PSOE, “calificado de excepcional por las difíciles circunstancias, tanto orgánicas como políticas, en las que acudía el partido”. El “cambio tranquilo” que desarrolló Zapatero en su etapa al frente del PSOE no se corresponde con la voluntad de Royal de mantener la distancia con el PS francés. La candidata “sólo se sirve de un grupo de cuadros socialistas que ella ha elegido para que colaboren en su campaña”, afirma Lévy. De este modo, aunque Royal haya sido designada candidata por el PS francés, siempre podrá presentarse al electorado como una “aspirante libre y en diálogo directo con los franceses”, según los términos de la aspirante. Para Zaki Laïdi, del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales (CERI) del Instituto de Estudios Políticos de París, “Ségolène Royal no estaría donde está hoy sino es por su relación con el PS francés”. Según Laïdi, esta relación debe su existencia a una característica que Royal comparte con Zapatero. “Ambos presentan una visión post-ideológica de la política. Lo que les preocupa a ambos es encontrar soluciones concretas a los problemas de la sociedad”. De ahí que, por mucho que el investigador del CERI señale que “ni Zapatero ni Royal son intelectuales”, las medidas gubernamentales del primero y el programa presidencial de la segunda sitúan los problemas de orden social en un lugar prioritario. Prueba de ello es que la candidata socialista haya prometido que, si es elegida presidenta, “la primera ley que votará el nuevo Parlamento será una ley eficaz contra la violencia de género”, un texto que se inspirará en el aprobado sobre la materia en España. |
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