Nº 737 - 16 de abril de 2007
 
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De Cuba, de un mensaje del Rey y de Moratinos

Qué poca relevancia otorgó el diario monárquico por antonomasia, el ABC dirigido por José Antonio Zarzalejos en representación de Vocento y todavía de la familia Luca de Tena, al mensaje que envió Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I al presidente de la República de Cuba, Fidel Castro! Sí, sí, aunque la prensa en la órbita del PP haya pasado de puntillas sobre el mensaje del jefe del Estado español al comandante cubano, éste existió y fue redactado personalmente por el Rey mientras sobrevolaba territorio cubano de regreso a España tras visitar Colombia, El Salvador y Guatemala. Se lo entregó en mano, el martes 3 de abril, el ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno español, Miguel Ángel Moratinos, a Raúl Castro, quien ejerce las funciones de jefe supremo cubano en sustitución de Fidel, que sigue convaleciente de su prolongada enfermedad.

El Rey le deseaba a Fidel Castro, en su mensaje, que continuara su “proceso de restablecimiento”, después de la operación a que fue sometido hace unos meses. Don Juan Carlos I transmitía también sus más “sinceros votos de prosperidad para el pueblo cubano”. Significativa cortesía aérea, ocho años después de que el Rey acudiera a Cuba para asistir a la Cumbre Iberoamericana. Fue entonces cuando, tras una pública humillación hecha al Rey por José María Aznar, presidente del Gobierno a la sazón, Don Juan Carlos sí estuvo presente en La Habana, acompañado o vigilado por su primer ministro, quien rompió el protocolo y se quedó en mangas de camisa mientras paseaban por la hermosa capital de Cuba. Las relaciones entre Fidel Castro y Aznar fueron pésimas. A diferencia del fundador de Alianza Popular y ex ministro del general Franco, Manuel Fraga Iribarne, el cual ha defendido siempre el mantenimiento de los lazos estrechos que hay entre España y su antigua colonia, Aznar se alineó desde el principio de su mandato en el PP con las tesis más duras del exilio de Miami, muy coincidentes con las de la Administración norteamericana. Por cierto, gentes principales y económicamente muy poderosas del citado exilio cubano ayudaron al líder del PP. La gravísima crisis de Sintel, empresa filial de Telefónica, tiene mucho que ver con ciertos intercambios de favores entre Aznar, vía Juan Villalonga, y la familia del ya difunto Jorge Mas Canosa.

Cuando la derecha periodística se refiere a Cuba y, especialmente, a Castro elude profundizar en estos temas vidriosos y delicados. La obsesión maniquea por verlo todo en blanco y negro, en función de buenos y malos, prevalece, de modo que se reconfortan enormemente poniendo a Fidel como chupa de dómine. Es el dictador de los progres, señalan con demagógica repetición los periodistas y los políticos neocon. Equiparan la dictadura del desaparecido general Augusto Pinochet con la de Fidel Castro, buscando una equidistancia más imaginativa que cierta. El régimen castrista ha sido en muchos ámbitos un auténtico desastre, ha menospreciado y, en muchas oportunidades, ha pisoteado derechos humanos elementales y no ha logrado una situación económica boyante. Cabría hacer hincapié en algunos atenuantes como los de la asfixia sistemática impulsada contra Cuba por el Pentágono y la Casa Blanca de turno. Pero da igual porque Fidel Castro es para la mayoría de militantes, simpatizantes y votantes del PP el demonio con cuernos y rabo. Tampoco les importa en demasía, parece a veces que no les importa nada, la conveniencia de garantizar y de proteger importantes inversiones españolas: de empresarios españoles por descontado. Incluso la conveniencia de incrementar tales inversiones y, sobre todo, la conveniencia estratégica de que en el ciclo de transición imparable en el que está instalado el régimen castrista España pueda desempeñar un papel decisivo, lo que sería una apuesta de futuro positiva para el porvenir de los dos países.

    Todas estas consideraciones se dejan de lado por parte del PP. Prefieren descalificar, a priori y a posteriori,  gestiones como las llevadas a cabo sobre el terreno por el ministro Moratinos, al que no se le concede ni siquiera el beneficio de la duda respecto a si sus contactos con las autoridades cubanas tienen algunas dimensiones favorables para los intereses generales de España. El viaje de Moratinos ha provocado otra bronca más. El ínclito Ángel Acebes se puso en una de sus alocuciones a tildar de “auténtica vergüenza” el apoyo de Moratinos al castrismo y se ciscó en la política internacional del presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero. Con su falta de finezza acostumbrada, Martínez-Pujalte, don Vicente, declaró que esta visita de Moratinos a La Habana sólo había servido para “rendir pleitesía al Gobierno cubano, como si de progres trasnochados se tratara”.

   Se halla rendido ante los hermanos Castro, rendido ante ETA, rendido ante Batasuna. Este Gobierno de “progres trasnochados” está genuflexo frente a los enemigos de España. Adviértase cómo Martínez-Pujalte, don Vicente, hace méritos ante Aznar, quien acuñó una expresión similar en plena preguerra de Iraq añadiendo que esos “progres trasnochados ladraban su rencor por las esquinas”. Un Gobierno decente habría invadido ya Cuba para implantar allí la libertad de Miami y la que reina con todo  esplendor en Bagdad, sería una  invasión al estilo del islote de Perejil; habría encarcelado a Fidel y a Raúl, habría metido en prisión a los más de cien mil batasunos que hay en el País Vasco y habría condenado a cadena perpetua, con huelgas o sin huelgas de hambre, a todos los etarras, empezando por De Juana, al que se le debería doblar la condena. ¿Para cuándo tiene previsto Aznar su retorno? Regresa cuanto antes, no nos hagas sufrir por más tiempo, José María. A ver si cuadras de nuevo al Rey, ay, nuestro Rey castrista.

Luis G. del Cañuelo

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