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| Nº 737 -16 de abril de 2007 |
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El cambio climático
por Santiago Carrillo E I cambio climático ha irrumpido ya en nuestras vidas abruptamente en el curso de muy pocos años, como un problema que va a condicionar directamente el presente y el futuro del género humano. Comienza a ser para millones de personas un amargo despertar. Las previsiones alarmantes de los científicos que han elaborado el informe recién publicado por la ONU son convincentes y algunas de ellas están ya comenzando a ser realidad. Rodríguez Zapatero ha sorprendido a la mayoría de nuestros políticos, durante un discurso en Huelva, al dar más importancia a este tema que a otros que son el pan de cada día en la polémica nacional. No es que minimice la importancia de estos últimos. Lo que ha hecho es advertir a los ciudadanos, embargados en un enfrentamiento equivalente–en cierto modo– a aquel clásico de "si son galgos o son podencos", de que hay amenazas más graves que deben ser situadas en el centro de la atención pública. El planeta Tierra, muy maltratado por las prácticas del desarrollo económico, puede ser cada día más inhóspito para el género humano. Lo que hemos llamado el "desarrollo sostenido" ha servido hasta aquí mayormente para que sostengan las ganancias de grupos financieros y empresas multinacionales y los fastuosos sueldos blindados de sus ejecutivos. Los acuerdos de Kioto ya no son suficientes para detener un proceso que amenaza la existencia misma de la vida humana. Y sin embargo la mayor parte de los políticos con mando en el mundo de hoy no pa-recen muy preocupados por la cuestión. ¿Cómo explicarse esta ceguera? ¿Por qué muchos de ellos gobiernan con los mismos criterios de hace un siglo o dos, pensando en términos de potencia o de clase durmiente? ¿Por qué hay todavía tantos políticos con mando, incapaces de elevarse a considerar los intereses colectivos de la Humanidad, más allá de los intereses de un Estado o de una clase? Me parece que la dificultad está en que la solución a los nuevos problemas no reside ya principalmente en la aplicación de tales o cuales innovaciones tecnológicas. La cuestión es mucho más profunda y afecta al tipo de sistema económico social impuesto por el desarrollo moderno del capitalismo. Son las normas esenciales que hoy dominan el desarrollo social, el imperio de las leyes del mercado, la divinización del papel de la empresa y de la capacidad para aumentar sus ganancias, sobre cualquier otra consideración; la competitividad, como la virtud humana más valiosa; el afán consumista, el individualismo llevado al extremo... En una sociedad así las innovaciones tecnológicas se aplican o dejan de aplicarse en función de que sirvan para reproducir El problema fundamental a mi juicio está en que la naturaleza misma de este sistema esté radicalmente en contra de lo que debería ser una política de conservación y defensa del planeta, que tendría que inspirarse en el interés general del colectivo humano que lo ocupa necesitado de asegurar la funcionalidad de éste, porque no hay planetas a los que la especie pueda emigrar –no sé si los había algún día–ni hay cayucos que sirvan para este género de emigración. No creo que sea posible salir al paso de estos problemas de forma seria y efectiva mientras no se lleven a cabo reformas verdaderamente revolucionarias en el sistema económico social dominante. Por eso estoy profundamente convencido de que las ideas de transformación defendidas históricamente por los comunistas y los socialistas han pasado de ser la aspiración de una clase oprimida que lucha por su liberación a convertirse en una necesidad histórica para asegurar la supervivencia y el bienestar del género humano. |
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