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| Nº 735 - 2 de abril de 2007 |
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Elecciones universitarias
por Miguel Ángel Aguilar Se anuncian elecciones en muchas
Universidades. Acaban de celebrarse las de la Universidad Carlos III, donde en segunda vuelta un estadístico, Daniel Peña, ha ganado la partida al profesor Luciano, que partía como favorito para suceder a Gregorio Peces-Barba, fundador de la institución hace 18 años. Dicen las noticias de prensa que el resultado indica un pronunciamiento en pro de la renovación frente a lo que se entendía como continuismo. Veremos que resulta dentro del margen disponible para un rector siempre condicionado por los presupuestos a negociar con la Consejería de Educación en este caso de la Comunidad Autónoma de Madrid. Porque como se ha escrito en estos días las Universidades son más autonómicas, es decir, más dependientes de los gobiernos regionales, que autónomas propiamente dichas. Sin la posibilidad de acceder a recursos presupuestarios hablar de autonomía de la Universidad es más bien una fantasía. Dice el diario El Mundo que Villapalos ha presentado su candidatura en la Facultad de Ciencias de la Información, donde su disciplina académica está ausente. Parece que sus lemas, de los que informa el diario ABC, han sido los de "decíamos ayer", en plan fray Luis de León a su vuelta a las aulas de Salamanca tras sus problemas con la Inquisición, y "recuperar la ilusión". El primer lema es muy arriesgado porque el ayer de Villapalos en la Complutense se remonta a doce años atrás cuando dejó una estela de ruina, déficit, escándalos económicos sin aclarar y conflictos irresueltos que llegaron a la puerta de los juzgados. Después vino su paso por la Consejería de Educación en el primer gobierno autonómico de Alberto Ruiz- GaIlardón, donde le hicieron hueco como peso pesado y de donde salió rodeado también de polémica. Dicen además que el PP prefiere pasar del cáliz de este aspirante. Los programas apenas han sido difundidos. Además las elecciones a rector tiene muchas particularidades como la ponderación del voto, según la calidad del elector. En aras de la corrección política se concedió el derecho a votar a los estudiantes y al personal no docente pero, como sucedía a los accionistas de Endesa, sus derechos políticos tienen limitaciones. Parece que el número de urnas que se abrirán para recoger las papeletas de votación de los docentes se han reducido en esta ocasión a siete, sin que haya una explicación coherente a la dificultad adicional que representa para los electores más cualificados. Luego sucede que en buena medida el Personal no Docente debe su posición al rector que de esta forma contribuye a conformar en buena proporción el cuerpo electoral. Es como si los presidentes de Diputación fueran elegidos por el personal que ellos mismos han reclutado para la institución. Falta saber si estas elecciones servirán para anticipar las inclinaciones de los jóvenes, cuyo voto se disputan como caladero decisivo los partidos políticos. Y también habrá que reclamar pronto un plan para empezar a cerrar universidades si queremos que recuperen prestigio y funcionalidad y dejen de suponer un despilfarro sin sentido. |
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