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Nº 736 - 9 de abril de 2007

González y Aznar se enfrentan en América

Siguen en la brecha

Políticos irreconciliables de personalidades antagónicas, José María Aznar y Felipe González han acabado pareciéndose mucho más de lo que habrían deseado. Los dos ex presidentes del Gobierno han tomado caminos profesionales que, si bien discurren por distintas direcciones, a los dos les han conducido al otro lado del Atlántico. El presidente de honor del PP se mueve como pez en el agua entre los neocon estadounidenses, y éstos confían en sus vínculos culturales con Latinoamérica para revertir la tendencia política de los países del Cono Sur. Mientras, su antecesor en el cargo mantiene estrechos vínculos con las grandes fortunas iberoamericanas, y en estos momentos está auspiciando futuras reuniones de una gran patronal integrada por los más prósperos empresarios. El marcado carácter partidista de la actividad de Aznar, que colisiona con los intereses del Gobierno socialista en el exterior, y el más discreto pero también significativo contenido político de los movimientos de González en el extranjero, altera, si bien en distinto grado, la agenda internacional de Zapatero.

Por Virginia Miranda y Pedro Antonio Navarro

Sus viajes no representarían problema alguno si no fuera porque están revestidos de un intento por deslegitimar al Gobierno español”. Fuentes socialistas aseguran que no hay nada que objetar a que José María Aznar haya decidido conducir sus pasos profesionales hacia el extranjero, pero censuran que “use su condición de ex presidente como plataforma política y personal interfiriendo en el Ejecutivo”. Recuerdan que el suyo es un caso inédito; no existen precedentes de mandatarios en los países de nuestro entorno que, tras abandonar sus responsabilidades públicas, pero conservando la condición protocolaria de presidentes y primeros ministros, se lancen a criticar al Gobierno de su propio país en el exterior. “Existe un pacto tácito y Aznar lo ha quebrado”, aseguran.

Los contactos y estrechas relaciones del presidente de honor del Partido Popular con los neocon estadounidenses le han provisto de una importante fuente de recursos económicos. Sus clases en la Universidad de Georgetown de Washington, de la Compañía de Jesús, y sus conferencias en otros centros de educación superior también católicos –el diario 20 minutos acaba de revelar que la agencia Washington Speakers Bureau le gestiona una charla de dos horas por 35.000 dólares (26.642 euros)–, son parte sustancial de sus ingresos. Pero no se trata tan sólo de una mera transacción comercial. Intereses políticos, los de Aznar y los de la clase neoliberal norteamericana, también se entremezclan en toda una maraña de contrapartidas.

“El hombre de Bush en Europa”. Así llaman al que fuera jefe del Ejecutivo en los círculos políticos y periodísticos del viejo continente. El presidente estadounidense, su política exterior, no goza de especial predicamento entre los líderes de la UE. Aznar, el tercero de las Azores, ya no goza de poder ejecutivo como el que empleó para apoyar la guerra de Iraq, pero sí es efectivo para otros menesteres con los que poner una lanza en Europa y también en Latinoamérica.

Haberle introducido en los circuitos del poder neoconservador, envolviéndole en un halo de legitimidad –el Instituto Judío para Asuntos de Seguridad Nacional de Estados Unidos le ha concedido un premio por su “liderazgo global” y haber sido uno de los primeros líderes mundiales en comprender el peligro del terrorismo internacional y la Universidad Chapman de California la Medalla del Ciudadano Global– y dándole incluso categoría con la Medalla de Oro del Congreso de Estados Unidos –el ex embajador de España ante la ONU, Inocencio Arias, reconoció que el PP, estando en el Gobierno, había recurrido a un lobby para que “saliera adelante” la idea de algunos “congresistas americanos” de concederle su más alta distinción–, no iba a ser gratis. En cada charla, en cada entrevista, José María Aznar articula el mismo discurso con el que George Bush trata de mantener su cada vez más frágil e impopular política exterior. En Los Angeles Times, a propósito de su primer viaje a Estados Unidos tras abandonar La Moncloa, aseguró que “los resultados electorales hubieran sido diferentes si esos ataques terroristas [del 11-M] no se hubieran producido. Todos lo sabemos”. Dijo incluso, meses antes de la presidenciales norteamericanas, que “los terroristas harán todo lo que esté a su alcance para influir en las elecciones estadounidenses”.

Desde entonces, la amenaza del peligro islamista, el recurso del medio sobre el que la Administración Bush sostiene su estrategia militar y su recorte de libertades individuales en aras de la seguridad, ha protagonizado las intervenciones del político español. En Europa, sus declaraciones al diario belga Le Soir, defendiendo la teoría de la conspiración del atentado del 11-M –aquello de “quienes lo planificaron no se esconden en desiertos lejanos, ni en montañas remotas, no diré más”, en alusión a ETA– y la invasión de Iraq, resultaron sorprendentes. Para el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y es aquí donde su línea argumental entra más directamente en colisión con el Ejecutivo, porque contribuyen al intento de desgartarle con la hipótesis de que los terroristas provocaron un vuelco electoral y porque mantienen vivo en rencor de George Bush hacia el político europeo que se atrevió a desairarle con la retirada de las tropas del país invadido, con el que aún mantiene una tensa relación diplomática.

En la intensa actividad viajera del ex presidente español requiere mención especial su interés por el cono sur americano, asociado una vez más a la estrategia estadounidense. La Administración republicana asiste con preocupación a la creciente órbita de líderes latinoamericanos de izquierda alineados con el venezolano Hugo Chávez. Nuevamente, y según fuentes conocedoras de las relaciones internacionales, Aznar, gracias a sus vínculos culturales, está haciendo las veces de embajador de los neoconservadores del norte en los países americanos de habla hispana. La Universidad, también en este caso, hace las veces de plataforma política. Las católicas Ándres Bello de Santiago de Chile, la Francisco Marroquin de Guatemala o la Peruana de Ciencias Aplicadas le invistieron el pasado año con la distinción de Doctor Honoris Causa en sendos actos donde la sempiterna referencia a la necesidad de colaborar con Estados Unidos para acabar con “el eje del mal” estuvo presente.

Pero la verdadera empresa evangelizadora de Aznar está por llegar. El pasado 27 de marzo, FAES, el laboratorio de ideas del PP presidido por Aznar, presentó su Informe Estratégico sobre la situación y el futuro de América Latina. La fundación, constituida “al servicio de España y sus ciudadanos”, se ha volcado en los últimos tiempos y desde que Aznar abandonó en Gobierno en la política extranjera. No hay más que ver su organigrama, donde abundan los cargos de responsabilidad relacionados con los asuntos exteriores; Alberto Carnero es director del área internacional; José Herrera, director adjunto y coordinador para Norteamérica y Cuba; Jorge Moragas, director de Relaciones Internacionales; Rafael Bardají, director de la política internacional; y Cristina Palomares, coordinadora del programa para Europa. Pues bien, el documento alerta sobre la izquierda latinoamericana sustentada en “el indigenismo, el neoestatismo, el nacionalismo, el militarismo o el populismo”, alejados de “las sociedades abiertas, libres y prósperas”. Del indigenismo dice que “empieza a ser para América Latina lo que el nacionalismo es para Europa” y que sus objetivos son “muy cercanos al totalitarismo”. Según FAES, Aznar emprenderá una gira por varios países latinoamericanos en los próximos meses para presentar el informe. Colisionando de nuevo con los intereses y las relaciones del Gobierno socialista en la región.

Todo esto, clases, conferencias, entrevistas, FAES y bolos por el continente americano, lo alterna el presidente español con su responsabilidad en uno de los mayores emporios de la comunicación del mundo –y en cuyos medios, como The Times, tienen cabida las habituales declaraciones de Aznar a favor de la política estadounidense en general, y en contra del Gobierno de Zapatero en particular–. José María Aznar es consejero de la compañía News Corporation, del magnate australiano Rupert Murdoch [ver recuadro Aznar, empleado de Murdoch]. Empresario ultraconservador, desde la invasión de Iraq hace ahora algo más de cuatro años, su televisión Fox News ha descatado por su ferviente defensa de la guerra. Del vínculo de Aznar con este gigante mediático, que le reporta pingües beneficios, poco se conoce. Hasta el momento, se ha hablado de la posible mediación del ex presidente para que Murdoch recale en España a través de Antena 3.

Ex presidente socialista, amistades ultraliberales

El ex presidente del Gobierno Felipe González, no sólo genera periódica inquietud en el entorno de Moncloa por sus habituales distanciamientos y críticas más o menos veladas contra la política del Ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, sino también, por lo que algunos dirigentes socialistas consideran actividades privadas “poco honorables”, y por ciertas amistades “poco recomendables” que el otrora Isidoro suele frecuentar.

Y es que la nómina de amigos ilustres en el haber del político sevillano contiene nombres que simbolizan posicionamientos sociales y opciones políticas bastante alejadas del ideario socialista. González, tras la pérdida de las elecciones generales en 1996 y su retirada de la secretaría general del partido en 1997, ha gozado de mucho tiempo libre para dedicarlo a sus propias actividades, a título personal. Conferenciante cotizado (muchas de sus actuaciones se han pagado a 30.000 euros), también ha ejercido la mediación internacional en algunos conflictos de finales del pasado siglo y de comienzos del presente. Lo más reciente, su visita a Teherán, invitado por el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, el pasado verano, para contar con su prestigio internacional a la hora de abordar el conflicto generado por el desarrollo del programa nuclear de la nación persa. Pero también ha ejercido una labor mediadora en situaciones tan dispares como el conflicto de los Balcanes (aunque fue vetado por el Gobierno serbio) o los contactos para establecer una negociación entre el Ejecutivo colombiano de Álvaro Uribe y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Pero lo que preocupa en ciertos ámbitos del socialismo español es su participación en determinados eventos en los que muestra un apoyo claro y decidido a personajes incómodos, utilizando su predicamento internacional y también sus numerosos contactos tras 14 años en la presidencia gubernamental española. Su gran amistad con el empresario mexicano-libanés Carlos Slim Helú se encuentra en el punto de mira –muchas veces, crítico– de la prensa internacional. Slim figura en el puesto número cuatro de las personas más ricas del mundo según la revista Forbes, y su inmensa fortuna (calculada en unos 50.000 millones de dólares), comenzó a forjarse en 1990, tras la privatización efectuada por el gobernante PRI mexicano de la compañía de teléfonos nacional, TELMEX, que le fue adjudicada a sus empresas del Grupo Carso. La amistad entre González y Slim data de 1998, cuando ambos fueron presentados por otra de las amistades peligrosas del ex presidente, el ex ministro de los gobiernos de Salvador Allende y político chileno Fernando Flores, hoy reconvertido en paladín del neoliberalismo.

Junto a Carlos Slim, Felipe González ha realizado giras por diversos países. En 2004 fueron juntos a Guatemala y Panamá. En el primer país, ambos fueron condecorados con la Orden del Quetzal, la mayor distinción de aquella nación. Recientemente, también eran recibidos los dos por el rey de Marruecos, Mohamed VI, en un viaje que servía para la introducción de Slim ante las altas esferas magrebíes, de la mano de un González que pasa largas temporadas en esta nación cada año, y que mantiene una excelente relación personal con el monarca –al igual que ya la sostenía con su padre, Hassan II–, en una más de las transformaciones del ex presidente, quien, en sus tiempos en la oposición había prometido el máximo apoyo a la República Árabe Socialista Democrática del Sahara para consolidar su independencia, y que, desde su llegada al poder en 1982 introdujo un giro radical para convertirse en uno de los mayores defensores de las políticas alauitas. Anecdóticamente, González formaba parte de la delegación que trató de conseguir la adjudicación a Marruecos de la organización del Mundial de Fútbol de 2010.

En cuanto a sus relaciones chilenas, Fernando Flores se ha convertido en una especie de gurú para González. El ex presidente español ha viajado al país andino en varias ocasiones para apoyar públicamente la candidatura de Flores al Senado. El político chileno ha puesto en marcha una empresa denominada “Emprendedores”, en la que participa González, que opera en América Latina y España. Fue la encargada del marketing político de los candidatos de la Concertación (la gran coalición chilena entre socialdemócratas y democristianos que está en el poder). González llevó a Flores a impartir unas conferencias en Barcelona. Un dirigente del PSOE muy crítico con esta relación aseguraba que “Felipe le montó (a Fernando Flores) en España un centro para jóvenes a los que les lavaba el cerebro. Creó una especie de cosa gurú. El primer encuentro con universitarios se lo montó la fundación Progreso Global –presidida por Felipe González–. Yo le envié a mi secretaria. Cuando volvió me dijo: “pero ¿dónde me habéis mandado? Es una cosa de brujos”.

También se le achaca al ex presidente que su amistad personal con el empresario Jesús de Polanco le ha llevado a tratar de favorecer el crecimiento de su negocio en América Latina proporcionándole los contactos adecuados con numerosos gobiernos del continente. En un encuentro en Madrid, en 2001, los dueños de PRISA, Jesús de Polanco, y de Televisa, Carlos Slim, decidieron la entrada del grupo español en la radio mexicana. La reunión fue facilitada por González.

También están entre sus relaciones preferenciales las que mantiene con el magnate venezolano Gustavo Cisneros, también en la lista de los hombres más ricos de Forbes. Favorecido ya en su día por un gobierno presidido por Felipe González, con la adjudicación a precio de saldo de los activos de Galerías Preciados en España, Cisneros ha sido el hombre fuerte en la sombra de la oposición a Hugo Chávez, y parte de la prensa venezolana le considera el instigador del fracasado golpe de Estado de abril de 2002.

Otro nombre preferente en la agenda es el del ex presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez. La amistad de ambos viene de muy antigua, nada menos que desde 1972, cuando la escisión en el PSOE español entre los históricos, comandados por Rodolfo Llopis, y la nueva generación de Suresnes, con Felipe y Alfonso Guerra, obligó a la mediación de la Internacional Socialista para determinar quién podría quedarse con las siglas. La posición de Carlos Andrés Pérez, presidente de Acción Democrática, y presidente de Venezuela en ese momento, resultó determinante para que le fuera adjudicada a los jóvenes de Sevilla. No es el único favor; Pérez también contribuía notablemente a la financiación de la campaña del PSOE en las primeras elecciones democráticas en España.

González también ha facilitado contactos sistemáticos entre Slim y el banquero Emilio Botín, al tiempo que –otra más de las críticas que se le hacen desde el seno del PSOE– ha brindado su apoyo incondicional a la reelección de Álvaro Uribe a la presidencia colombiana. Un presidente bajo sospecha internacional de connivencia con los sanguinarios grupos paramilitares que operan en su país.

Así las cosas, el pasado año el Sindicato del Instituto de  Electricidad de Costa Rica (ICE) instaba a su Gobierno a impedir la entrada de Felipe González en el país que, entre otras cosas iba a entrevistarse con el entonces candidato a la presidencia Óscar Arias, argumentando que “Felipe González es asesor directo de Slim, propietario del Grupo Carso-América Móvil, que ya tiene inscritas sus marcas en Costa Rica. Slim está esperando el tratado de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA-RD) para tragarse al ICE”.

Los “cónclaves secretos de Slim”

Impulsada por Carlos Slim, a finales de abril de 2007 se celebrará en Chile lo que el empresario mexicano denomina Encuentro empresarial de Padres e Hijos, al que asistirán las 70 familias más poderosas de América Latina, y en el que Felipe González ejercerá de maestro de ceremonias. En la quinta reunión de características similares. La primera se produjo en México, en 2003, la segunda en República dominicana, en 2004; la tercera en Sao Paulo (2005); la cuarta en Buenos Aires, el año pasado, y en ella, titulada entonces Conferencia Empresarial Privada, los mayores empresarios del continente se advertían mutuamente del riesgo de las nuevas tendencias “populistas” en América Latina que promueve “gobiernos nefastos”. Estas reuniones, denominadas los “cónclaves secretos de Slim”, por la revista Forbes, han instado a diversificar las inversiones y a trasladar parte del negocio a Europa, ante la inseguridad que estos “populismos” (léase gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua) generan para el “negocio”. El propio Felipe González estuvo presente en la elaboración de las conclusiones de la reunión de Buenos Aires, junto a los ex presidentes de Colombia, César Gaviria, y de Uruguay, Julio María Sanguinetti. Tampoco faltó a la cita Gustavo Cisneros.

 Aznar, empleado de Murdoch

 Fue uno de los invitados sorpresa a los fastos de El Escorial. Desde la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag y hasta junio de 2006, no volvió a saberse de su relación con José María Aznar. Fue la compañía de Rupert Murdoch la que desveló la conexión: el ex presidente español, que se había “ganado el respeto mundial por sus logros económicos y su postura inquebrantable contra el terrorismo internacional y nacional”, había sido nombrado consejero de News Corporation, por lo que tendría derecho a una compensación en acciones y dinero que rondaría los 170.000 dólares al año. Sin embargo, no era la primera vez que el político español cobraba del gigante de medios. En septiembre de 2004, comenzó a percibir 10.000 euros mensuales en concepto de “servicios de asesoría de la compañía” a través de la sociedad Famaztella SL, constituida junto a su esposa y concejala de Madrid, Ana Botella, para explotar derechos de propiedad intelectual. Una salvedad que no comunicó ni al Consejo de Estado -abandonó su cargo de consejero tras su nombramniento oficial- ni al Ministerio de Administraciones Públicas, por lo que incumpló los requisitos de incompatibilidad de uno y otro organismo.

Ex presidentes desubicados, por Enric Sopena


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