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Nº 736 - 9 de abril de 2007

El proyecto de Google de digitalizar libros llega a la UE

 

Bibliotecas: entre la Galaxia Gutenberg e Internet

Hace unas semanas, Google llegó a un acuerdo para la digitalización de la Biblioteca Estatal de Baviera, en Alemania. Semanas antes, lo hacía para digitalizar la de la Universidad Complutense de Madrid, la de la Abadía de Monstserrat y la Biblioteca de Cataluña, que seguían a la de la Universidad de Oxford, en Gran Bretaña. La Unión Europea continúa el proyecto anunciado por Google, en el mes de diciembre del año 2004, de digitalizar las bibliotecas de las universidades norteamericanas de Harvard, Stanford, Michigan y la de la Biblioteca Pública de Nueva York, a las que han seguido las de las universidades de Virginia, Wisconsin, California y Princenton. Si en el año 2004 el presidente de la Biblioteca Nacional de Francia, Jean Noël, se alzó en rebeldía contra el proyecto de Google y auspició, junto con otras Bibliotecas Nacionales de la UE, el proyecto para la creación de la “Biblioteca Digital Europea”, hoy en marcha, este año los expertos bávaros y Bárbara Schneider-Kempf, directora de la Biblioteca Estatal de Berlín, una de las más importantes de la República Federal Alemana, dicen que ante Google  “no hay alternativa”.“Se necesita mucho dinero para digitalizar una gran colección. Sólo podemos hacerlo si alguien nos lo da. Si no, viene Google y la paga”, comenta la directora. Ante esta nueva realidad, las bibliotecas tratan de ser puente entre las Galaxia Gutenberg e Internet. El objetivo, poder llegar a la calle y conquistar, enamorar, para que sean cada vez más los que tengan una relación de amor con el conocimiento.

Por Juana Vera (Berlín)

Símbolo de la riqueza de las naciones, de su estatus y de la relación con el conocimiento de sus ciudadanos, las bibliotecas han dejado de ser un lugar casi sagrado y prohibido. La causa, Internet, a quien han convertido en compañera de trabajo y de viaje. Las nuevas tecnologías de la información han inaugurado una nueva época en el mundo del conocimiento y las bibliotecas asumen nuevos retos y responden a numerosas preguntas, algunas planteadas en este dossier. 

En la década de los noventa, gran parte de las bibliotecas españolas comenzó a informatizar sus catálogos. A comienzos de este siglo, se extendió el acceso a revistas en formato electrónico y, poco después, a ciertas colecciones de libros electrónicos. Con ello se inició un proceso de convergencia e integración que todavía no ha terminado y que, según los expertos,  ni siquiera se ha estabilizado. Luego llegó el proceso de creación de colecciones digitales y la digitalización masiva de los libros depositados en las bibliotecas. “La diferencia fundamental entre este último fenómeno y lo sucedido anteriormente es que fueron las propias editoriales  y las instituciones productoras de los documentos, las que decidieron pasarse al mundo digital. En el caso digitalización de las bibliotecas, se planteó que empresas como Google o instituciones como el consorcio que promueve la Biblioteca Digital Europea, digitalizaran y difundieran libros, bien carentes de derechos de autor, bien con esos derechos vigentes y, por tanto, “propiedad” de otros”, comenta Miguel Jiménez, bibliotecario y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, y añade: “En el año 2005, las bibliotecas universitarias españolas proporcionaron 203 millones de accesos a sus páginas web, 96 millones de accesos a sus catálogos informatizados, 1.800.000 consultas a libros digitales de pago, 13 millones de consultas a revisas electrónicas y 43 millones de consultas a bases de datos y a otros recursos similares. El gasto que se produjo como consecuencia de este acceso a la información electrónica ascendió, ese año, a 36 millones de euros”.

Las bibliotecas universitarias españolas, en especial, y también las nacionales, públicas y escolares, así como las especializadas, ofrecen acceso gratuito a internet, entre otros servicios ligados a la cibercultura. Pero necesitan más apoyo de las administraciones públicas y privadas para ser puente entre la Galaxia Gutenberg e Internet. “Se ha dejado exclusivamente en manos de la iniciativa privada el desarrollo de temas que se están tornando extremadamente sensibles para el desarrollo público. Quizá haya llegado la hora de que sea el sector público el que retome la iniciativa sobre estos asuntos. En España hay ayuntamientos que han decidido desarrollar toda su infraestructura tecnológica en base a herramientas de software libre. ¿Por qué no exigir a los países de la Unión Europea que inviertan en proyectos públicos de desarrollo de buscadores, de plataformas informáticas cuyo código fuente sea transparente para todos?”, comenta Patricia Riera, directora de Servicio de la Biblioteca de la Universidad Abierta de Cataluña.

Con la digitalización masiva de las bibliotecas iniciada por Google, podremos acceder, en un principio, a 4.500 millones de páginas. Para muchos, con ella se habrá hecho realidad el sueño del siglo XX: todos los saberes del mundo accesibles en el mundo entero. Accesibles, ¿para todos? ¿Qué sucede con aquellos que no pueden acceder a internet, que ni siquiera sueñan con poder comprar un ordenador o con tocar su teclado en una biblioteca, en la que el acceso es gratuito, tras hacerse socio y pagar la cuota anual? ¿Qué sucede con aquellos que pueden ser socios de la biblioteca más cercana pero que son analfabetos funcionales? ¿Qué sucede con aquellos que teniendo ordenador y acceso a internet no saben seleccionar la enorme cantidad de información a la que tienen acceso? ¿Cuál es el papel de las bibliotecas ante el reto de la digitalización? ¿Qué pueden hacer las bibliotecas ante unos buscadores electrónicos cuyo objetivo es adelantarse a los deseos de los usuarios, diciéndoles por ejemplo, en la pantalla del ordenador: “¿Quería usted decir esto? o ¿es esto lo que quiere?”. ¿Qué pueden hacer las bibliotecas ante el aumento de la brecha digital? ¿Cuándo será la Corporación de Internet para asignar nombres y números (ICAN), cuya principal función es coordinar los nombres de dominio, gestionada por la ONU y dejará de hallarse bajo el exclusivo dominio de los Estados Unidos? (ver número 716 de El Siglo. Dossier: “Internet y Democracia”).

“Con la digitalización de Google,  el proceso de selección  o de elección será poderosamente marcado. El método de elección y de búsqueda es importante y en este caso son  anglosajones, y se imponen a millones de personas. Y no sólo eso. A través de este método de búsqueda vamos a buscar libros que ellos han seleccinado de determinadas bibliotecas”, escribió el presidente de la Biblioteca Nacional de Francia, Jean Noël, en el diario Le Monde, del 23 de enero de 2005, ante el anuncio de la digitalización de las bibliotecas de las universidades norteamericanas de Stanford, Michigan, Harvard y de la Biblioteca Pública de Nueva York. Y añadió: “La Biblioteca Nacional de Francia propone ya, bajo el nombre de Gallica, 80.000 obras en la línea y 70.000 imágenes, y ofrecerá la reproducción de grandes periódicos del XIX. Gallica se ha instalado gracias a la gratitud de numerosos investigadores y ciudadanos, y es nuestra influencia alrededor del mundo. Pero vive de subvenciones del Estado, forzosamente limitadas y de nuestros recursos propios. Nuestro presupuesto anual no es más que una parte mínima del de Google. El combate, por tanto, es desigual”.

Fue entonces cuando nació el proyecto de la Biblioteca Digital Europea (ver recuadro, entrevista a Patricia Riera), que, según declaraciones de la directora de la Biblioteca Estatal de Berlín, Bárbara Schneider-Kempf, está casi paralizado porque “nunca hay dinero suficiente para apoyarlo”. “Las bibliotecas no van a ganar dinero con la digitalización de sus colecciones, algo que sí hará Google. Lo que hacemos nosotros es asumir un gran deber, pues cuando usted busca en Google lo hace de un modo distinto a como lo hace cuando va a la biblioteca, y se siente de modo distinto. En un principio, y por señalar sólo algunas sensaciones: siente usted que se mueve fuera de las fronteras nacionales, y en ese espacio ya no está tan seguro. Lo que debemos hacer al tiempo que digitalizamos las colecciones, es crear servicios nuevos y confortables para los usuarios. Los libros están en la Red, pero pienso que también deben de llegar de otro modo a los lectores. Hasta ahora los usuarios han venido a la biblioteca. A partir de ahora, la biblioteca tendrá que ir hacia ellos si quiere conservarlos”, matiza la directora.

¿Cuántas copias se hacen de la digitalización de los fondos y a quién pertenecen? ¿Qué secretos hay en los contratos entre las partes firmantes? El contrato firmado entre Google y la Universidad Complutense de Madrid señala que tras la digitalización se obtendrán dos copias, una para Google y otra para la Universidad, quien podrá usarla siempre que no haya voluntad de lucro, incluyendo en este uso la cooperación en proyectos bibliotecarios con otras instituciones. Google proporcionará una herramienta de búsqueda exclusiva para la biblioteca y sus usuarios que, a través de Google Book Search, incluirá acceso a la totalidad de las obras incluidas en el Google Library Project, cuya colección llegará a contar con 15,5 millones de libros. Respecto a la garantía de la privacidad de los usuarios, la Universidad Complutense ha firmado un acuerdo de confidencialidad con Google relativo al programa. La tecnología y los equipos utilizados son considerados estratégicos para Google y no permite distribuir información al respeto.

Cuando usted se introduce, a través de su ordenador conectado a Internet, en el servicio de búsqueda del Google Book Search, halla dos programas. Uno dirigido a los editores, que incorpora libros con derechos de autor vigentes, y otro dirigido a bibliotecas, el Google Library Project, que incorpora tanto documentos de dominio público o libres de derechos de autor, con otros documentos sujetos a éstos. Si usted accede a una obra de dominio público podrá hojearla por completo. Si accede a una que no es de dominio público, sólo podrá acceder a referencias bibliográficas de la misma y a fragmentos del texto, acompañados de indicaciones sobre la biblioteca más cercana, donde podrá consultarlos, y de enlaces a sitios web, donde podrá adquirirlos. Según la actual Ley de Propiedad Intelectual (ver recuadro, entrevista a Patricia Riera), una obra es de dominio público cuando se extinguen los derechos de explotación de la misma. Estas obras pueden ser consultadas por cualquiera siempre que se respete la autoría y la integridad de la obra. Por otro lado, los derechos de explotación  de la obra duran toda la vida del autor y 70 años después de su muerte o declaración de su declaración de fallecimiento. A este respecto, Bárbara Schneider-Kempf señala sobre Google: “Estoy segura de que esta empresa no se arriesgaría nunca a utilizar de modo fraudulento los libros”.

En la Unión Europea hay tres tipos de bibliotecas: Las Bibliotecas Generales de Investigación, en las que se incluyen las nacionales, las parlamentarias, las universitarias y las de información general; las Bibliotecas Especiales, entre las que se hallan las de administración, arte, biología, etcétera y, por último, las Bibliotecas de Servicios Públicos, entre las que se encuentran las infantiles, las de los ciegos, las personas discapacitadas, las minorías culturales, las públicas y las escolares. Las bibliotecas digitales no aparecen en esta ordenación, pues son virtuales, dependen de las bibliotecas mencionadas y ahora también de Google.

La Biblioteca Nacional, financiada con fondos públicos, está destinada a proporcionar material bibliográfico de investigación para cualquier disciplina y a conservar, y difundir el patrimonio cultural de cada país. La universitaria, situada en facultades y escuelas, se halla al servicio de los estudiantes y su fin es apoyar los programas educativos y de investigación de las instituciones, en las que se encuentra integrada, de las que obtiene, por regla general, la finaciación. Las bibliotecas escolares también complementan los programas de las instituciones a las que pertenecen, aunque pueden disponer de libros no académicos para fomentar el hábito de la lectura. Muchas cuentan también con medios audiovisuales y electrónicos, y su financiación procede de las instituciones en la que están integradas. Respecto a las bibliotecas especializadas, responden a necesidades profesionales concretas y suelen depender de empresas, organizaciones e instituciones específicas, que proporcionan sus empleados y clientes. Por último, las bibliotecas públicas, financiadas por los sistemas locales, pretenden responder a la amplia gana de demandas de los usuarios. Sus fondos son de carácter literario y también de textos que proporcionan información sobre servicios sociales, obras de referencia, discos, películas... Muchas patrocinan y organizan conferencias, debates, teatro, conciertos, proyecciones..., y cuentan con dependencias con juguetes para los niños y con servicios infantiles. También suelen tener máquinas de lectura Braille para ciegos.

En su función tradicional, las bibliotecas actuaban de intermediarios entre lo publicado y lo que necesitaba el usuario. En la actualidad, para ganar más usuarios y ofrecer un servicio mejor, han actuar como intérpretes del anárquico mundo de la información electrónica porque, aunque cualquier usuario puede buscar la información, se enfrenta a un caos informativo que, en muchos casos es incapaz de interpretar. Organizar este caos se convierte en uno de los cometidos de la biblioteca en la era de la Galaxia Internet, así como proporcionar un acceso equitativo a la información como materia prima para el conocimiento en todas sus formas.

Para lograrlo el personal de las bibliotecas ha de estar alfabetizado funcionalmente. Ha de conocer el lenguaje digital, con el fin de transmitirlo a todo el que se acerque a la biblioteca y lo necesite, o de llevarlo a aquellos que no pueden ir a la biblioteca. Como consecuencia, otro de los retos actuales de las bibliotecas es intentar colaborar en el desarrollo de las enseñanzas virtuales, organizando y poniendo a disposición de las comunidades universitarias el conocimiento esparcido y atomizado a lo largo de la Red, y formando a profesores y estudiantes en el acceso a recursos electrónicos. Es decir: enseñar a aprender a lo largo de la vida porque las tecnologías de la información no dejan de renovarse.

Es necesario un bibliotecario que, además de facilitar libros, en régimen de préstamo, sea guía, agente social, constructor de información y mediador entre las fuentes documentales y los usuarios. Este bibliotecario, pilar del puente que las bibliotecas ya construyen entre la Galaxia Gutenberg e Internet, ha de recopilar, administrar, procesar, difundir y diseminar la información necesaria para el progreso científico y técnico de la sociedad, tanto en soportes impresos como electrónicos, magnéticos, audiovisuales, sonoros, etcétera. De este modo, será  la figura esencial en la obligada lucha para reducir la brecha digital que compromete la actividad profesional de los blibliotecarios y su consecuente preparación.

Hoy las bibliotecas españolas y europeas no sólo se dedican a prestar libros, a preservarlos, conservarlos, a catalogarlos, a conservarlos, a fomentar la lectura, a ofrecer actividades culturales y sociales; no sólo se han tornado, en el caso de las públicas, en bibliotecas móviles o bibliobuses, que llegan a casi todos los rincones de nuestra geografía; también han comenzado a elaborar información, ya en internet para presentar sus portales, sus actividades o la selección de sus libros, ya a través de sus servicios clásicos de información. Como consecuencia, han comenzado a bajar a la calle para conquistar el corazón de la ciudadanía. Para ello utilizan todos los medios a su alcance, desde el más sugestivo programa cultural y social hasta las más cómodas instalaciones técnicas y arquitectónicas, y la mejor localización arquitectónica en el ámbito rural y urbano. El objetivo: ser lugares de referencia para los ciudadanos y centro no sólo de atención y admiración, sino de uso.

Hoy la biblioteca no puede ser ya que un templo inasequible de la cultura, en donde da miedo tocar esto o aquello, pedir esto o aquello. Necesita ser un lugar funcional, asequible, práctico y  templo a la medida de cada usuario. Y, también, templo móvil. Hoy, la intención de los que trabajan en una biblioteca es la de ofrecer al usuario lo que pide y mostrarle delicadamente lo que tiene. Y el reto, conquistarlo, enamorarlo, para que inicie una relación de amor con los libros y con otros tesoros que guardan estas maravillosas cajas llenas de presente, historia y posibilidades. Pues una biblioteca es eso: biblion, libro, y thekes, caja. Caja de libros.

Además de realizar el oficio de Eros, otro de los grandes desafíos de las bibliotecas es archivar y organizar una inmensa cantidad de información y conocimiento que los seres humanos estamos generando en el nuevo espacio electrónico. Las tecnologías de la información se renuevan constantemente y hacen obsoletos muchos artefactos. Esto, en general, es un problema  grave para cualquiera que tenga en casa un ordenador con su archivo de imágenes, textos, vídeos, etcétera, pero se torna en un problema gravísimo para las bibliotecas públicas y privadas, porque una de sus funciones es conservar la documentación, lo que exige la renovación continua de la tecnología y la formación continua del personal. Por otro lado, buena parte del software y de las bases de datos, por ejemplo, web of knowledge son propiedad de empresas, en algunos casos de instituciones. Y la biblioteca no adquire la propiedad, únicamente compra licencias de uso. Ello implica una profunda dependencia tecnológica por parte del sector bibliotecario, que hace a veces prohibitivos los costes de mantenimiento de dichas licencias de uso. “El acceso universal, ubicuo, equitativo a la infraestructura y los servicios de las tecnologías de la información constituye uno de los retos de la Sociedad de la Información y debe ser un objetivo de todas las partes interesadas que participan en su creación. La conectividad también abarca el acceso a la energía, que debe garantizarse en conformidad con la legislación nacional de cada país”, se comenta en el texto derivado de la reciente cumbre mundial sobre la Sociedad de la Información, que tuvo lugar en Túnez en el año 2005. Y se añade: “La gestión internacional de Internet debe ser multilateral, transparente y democrática, y contar con la plena participación de los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones internacionales. Gestión que deberá garantizar la distribución equitativa de recursos, facilitar el acceso a todos y garantizar un funcionamiento estable y seguro de internet, teniendo en cuenta el plurilingüismo”. Sin embargo, Estados Unidos regirá en exclusividad el destino de Internet durante los próximos tres años. Hoy, si sus dirigentes lo desean, pueden privarnos a todos del acceso a la Red y, entre otras cosas, de las bibliotecas digitalizadas.

 

LEER EN ESPAÑA
(Número de habitantes por biblioteca)

Madrid 30.000
Cataluña          20.000
Rioja    15.000
Murcia 14.000
Canarias          10.000
Andalucia         10.000
Castilla y León 10.000
Valencia           8.000
Asturias           7.000
País Vasco       7.000
Navarra           6.000
Galicia  6.000
Aragón 5.000
Castilla y la Mancha     3.000
Extremadura    2.000
España 9.000

Fuente: Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas 2002

 

Patricia Riera. directora de Servicio de la Biblioteca de la Universidad Abierta de Cataluña

“Digitalizar por digitalizar no sirve para nada”

 

—¿Se adapta Google a las leyes de Propiedad Intelectual de cada país en el que actúa?

—Ateniéndome al proyecto Google Book Search y a la legislación española, el proyecto Google implica digitalizar, es decir, reproducir, y dar acceso, más o menos restringido, desde una web, es decir, hacer comunicación pública y puesta a disposición de obras. Cuando éstas están en dominio público o libres de derechos de autor, no hay problema alguno. En caso contrario, uno debe preguntarse bajo qué supuestos autoriza la ley a realizar reproducciones de una obra sin necesitar la autorización del autor. Actualmente, y en lo que se refire a bibliotecas, tan sólo hay dos supuestos: fines de investigación y de conservación. Los primeros no son de la biblioteca en sí, sino de sus usuarios, y los segundos corresponden a la biblioteca. Por otro lado, hemos de preguntarnos  bajo qué supuestos y en qué condiciones autoriza la ley a realizar comunicación pública o puesta a disposición sin necesitar autorización del autor. En el primer y único supuesto y en unas condiciones muy limitadas, la introducción del artículo 37.3 en la Ley de Propiedad Intelectual fija que las bibliotecas sólo pueden poner a disposición de personas concretas del público obras de nuestras propias colecciones siempre y cuando, en primer lugar, “el acto de puesta a disposición se produzca a través de “terminales especializados instalados en los locales de nuestros establecimientos”, es decir, que el usuario ha de venir  a la biblioteca  y  en ella hacer la consulta. Y, en segundo lugar, “que el acto de puesta a disposición responda a fines de investigación”. Es decir, es algo muy restrictivo y, con arreglo a esta norma, una biblioteca podría digitalizar un libro entero con fines de investigación o de conservación pero para acceder a dicha digitalización  sólo se podría hacer de esta forma tan concreta. Hoy, las bibliotecas que están digitalizando sus fondos a través de Google digitalizan obras de dominio público, no obras protegidas por derechos de autor ya que, en ese caso y en mi opinión, se requeriría la autorización del autor para hacerlo.

—Google actúa en el terreno internacional. ¿Cómo es posible controlarlo legalmente?

—Una vía de regulación eficiente pasa por armonizar la regulación en materia de derechos de autor de los diversos países. Los países de la UE tienen armonizado el plazo, tras la aprobación y posterior transposición a cada país de la Directiva 93/98/CEE del Consejo de Europa, relativa a la Armonización del Plazo de Protección del Derecho de Autor y de Determinados Derechos Afines. Pero esto sólo soluciona el plazo de protección en los países miembros. Tendrán que ser organismos de carácter internacional  los que marquen las líneas vía tratados para intentar armonizar todo esto. El problema es que hoy la armonización apunta al alza, es decir, ha hacer durar más la protección del derecho de autor. Los artistas europeos, David Bisbal ha estado en el Parlamento Europeo, están pidiendo que el plazo de protección sobre sus interpretaciones se amplíe de 50 años a 80. Cuando digo que esto es un problema, lo digo desde el punto de vista de bibliotecaria y usuaria, ya que al final tendremos que esperar más de un siglo para conseguir que una obra vuelva al dominio público. Pero, respecto a esta batalla de la ampliación o no del tiempo de los derechos de autor, los grandes grupos de información que controlan la prensa, el sector editorial, el mundo cinematográfico y el musical son multinacionales que buscan y presionan para que en todo el mundo la legislación esté a su favor. Estos grupos ejercen muchísima presión sobre los políticos y gobiernos y tienen muchas armas para poder marcar las agendas y decisiones políticas y legales.

—¿Qué opina usted del proyecto de la Biblioteca Digital Europea?

—Es una respuesta precipitada de la UE al proyecto Google Book Search. Liderada sobre todo por Francia y Alemania, da la sensación de que es un intento de evitar una invasión cultural y lingüistica del mundo anglosajón en la Red, para lo cual no sé si ya llegan tarde. Mi impresión es que en este proyecto hay mucha literatura y poca efectividad. Desconozco cómo está el tema en otros países europeos, pero en España la historia de las bibliotecas digitales/virtuales es una réplica del funcionamiento de este país en otros muchos temas. Cada Comunidad Autónoma lidera su propio proyecto y hay poca coordinación, con lo que se duplican esfuerzos de todo tipo. La UE, ya parte de la base de que no se tratará de una biblioteca digital europea, sino de casi un portal desde el que se podrá acceder a las diversas bibliotecas digitales que hay en la UE. Por otro lado, la UE se ha dado cuenta de que la regulación en materia de derechos de autor que ha estado desarrollando en la última década es tan restrictiva y protege tanto a los titulares del derecho de autor que, o bien la cambia o bien no podrá llevar a cabo ningún proyecto si no negocia con los titulares y paga lo que le pidan. Hay una recomendación de la Comisión Europea a los países miembros para que durante el próximo año hagan estudios analizando qué cabría cambiar en las legislaciones de propiedad intelectual para no poner freno al proyecto de la Gran Biblioteca Digital Europea. Lo que no deja de ser cómico. Por todo ello, considero que este proyecto no está bien definido. No sabe cuáles son sus objetivos ni su misión. Dudo que llegue a buen puerto.

—La digitalización masiva de las bibliotecas es el camino para lograr un acceso igualitario y universal al conocimiento?

—No. Siempre he sido escéptica con los proyectos de digitalización. Digitalizar por digitalizar no sirve de nada si no tenemos claro para quién y para qué lo hacemos. Antes, hay que enseñar a los ciudadanos a informarse. Es decir, ayudarles a identificar su necesidad de información, a dónde dirgirse para satisfacerla y a tener criterios para discriminar la información que recibe. Estas habilidades son indispensables si queremos lograr primero un acceso igualitario y universal a la información y luego al conocimiento derivado de la misma.

 

Quién va a la biblioteca y para qué

 El 18% de la población adulta española es usuaria de la biblioteca pública y casi la mitad de los no usuarios alega como motivo que la biblioteca no le ofrece nada interesante.

Sólo el 8% de los encuestados, menores de 18 años, confiesa utilizar la biblioteca pública para informarse y, entre 35 y 63 años, el 46%.

Frente al 9% de menores a los que les gustaría recibir información a través de la biblioteca, hay un 42% de mayores de 65 años, que reconocen las posibilidades informativas de la misma.

Un 84% de los usuarios menores de 18 años y un 64% de los usuarios entre 18 y 34 años, emplean la biblioteca pública para estudiar o realizar trabajos de curso. Frente a este uso circunscrito a los jóvenes, el préstamo se erige en el servicio más universalmente utilizado, con porcentajes superiores al 40% ,en todas las edades comprendidas entre 14 y 64 años, aunque desciende al 25%, en los mayores de 65 años.

La Fundación Germán Sánchez Ruipérez consideró usuario de la biblioteca pública, a quien la usó en los últimos doce meses. ¿Qué sucede, entonces, con los “no usuarios” , así denominados por ser ocasionales, por no haber renovado el carnet de la biblioteca a tiempoo por ser quizá demasiado específicos en su búsqueda y necesidades?. ¿Son menos importantes a la hora de emplear los recursos?. Según  Juan Francisco Elizari Huarte, de la Biblioteca de Navarra “la actual gestión no favorece la posibilidad de que los “no usuarios” lleguen a ser “usuarios”, al menos mientras no se produzca una alteración de sus hábitos culturales”.

Fuente: Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Estudio: “Arraigo de la Biblioteca Pública en España y su adaptación a nuevos usos”. Estudio realizado por la empresa Tea-Cegos

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