F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 736
9/4/2007

El Tribunal Constitucional se la juega


Por Joan Tardà i Coma*

Como es bien sabido, Esquerra defendió el no en el referéndum del Estatut. A nuestro entender, habían quedado resquebrajadas las paredes maestras del edificio construido gracias al texto que salió del Parlament de Catalunya. Por primera vez se había capacitado a una Comunidad Autónoma de régimen común a mantener una cierta relación de bilateralidad con el Estado y, además, significaba dar un gran paso hacia la federalización, ya que nadie pone en duda que se hubiera tenido que asumir el reto de su extensión a las demás.

No obstante, CiU y PSOE, Mas y Zapatero, pusieron fin a tales modernidades. El primero, presionado por el poder económico catalán, el segundo, preso de la movilización catalanofóbica del PP y de los fantasmas de la vieja guardia felipista trocados en declaraciones inquietantes.

La noche del referéndum, CarodRovira, en su primera aparición pública, y ante los resultados reconoció la derrota sin tapujos y envió un mensaje claro y rotundo a la ciudadanía catalana: este es nuestro Esta-tut porque el pueblo catalán así lo ha querido.

El escenario actual debería estar enmarcado estrictamente por la batalla política que se estableciera entre quien pretenda el despliegue del nuevo texto cuanto antes y de la mejor manera posible y aquellos que no tienen prisa ante la necesidad de completar el proceso de reformas. Ello respecto a los tiempos, porque en cuanto a las intensidades del despliegue sólo cabe la banda alta; es decir, la voluntad decidida de superar antiguas deslealtades que tantose dieron en el pasado. Reticencias por parte del poder central que hoy 'día no tienen ningún sentido y que sólo pueden atribuirse a la falta de voluntad política para desmontar las estructuras de poder político-económico generados desde la concepción uniformista del Estado y al poder de los altos funcionarios atrincherados en los ministerios clave.

Hasta aquí, las contradicciones son asumidas y asumibles. En cambio, se corre un verdadero riesgo de crisis si se pretende sacar partido del choque de legitimidades, entre la del Tribunal Constitucional y la del pueblo de Catalunya expresada en las urnas.

Nunca en la actual democracia el Tribunal Constitucional ha tenido que pronunciarse ante un texto refrendado por el pueblo y nunca se ha aparecido como órgano partidista como en la actualidad. Por todoello, ni segundo cepillado –supresión de artículos tan sensibles como los relativos a la financiación, la lengua o la misma denominación de nación– ni doctrina sobre cómo debe interpretarse la letra de lo plebiscitado por la ciudadanía catalana. Ésta ya habló, sin más.

En más de una ocasión hemos intentado hacer ver cuan estéril sería para el partido gubernamental aspirar exclusivamente a terminar la legislatura habiendo alcanzado el éxito de no ver retocadas por el alto tribunal aquellas leyes sociales impulsadas con Esquerra e IU y dejar al pairo de los acontecimientos lo que pudiera ocurrir respecto al Estatut de Catalunya.

Craso error. Si el Tribunal Constitucional, si el sistema democrático español, deslegitima el pronunciamiento del pueblo de Catalunya, se va a poner en crisis la estabilidad política y algo más. Esquerra ya lo ha explicitado estos últimos días. A día de hoy, son muchos miles más que hace un par de semanas los ciudadanos que no están dispuestos a sufrir otra humillación en forma de nuevo cepillado. Esquerra ha actuado, una vez más, como catalizador de todo ello.

Si el Tribunal Constitucional no se inhibe, si no se respeta lo aprobado por el pueblo de Catalunya, se actuará en consecuencia, abriendo un proceso autodeterminista tal como se planteó en el Parlament hace tan sólo unos días. Y, entonces, ya veremos qué responderán el resto de fuerzas políticas que ahora han manifestado que no tocaba.

La pelota ya no está en nuestro tejado.

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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