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Nº 736
9/4/2007

Ex presidentes desubicados

Sir Winston Churchill (1874-1965) fue nombrado primer ministro del Gobierno de Su Majestad británica en mayo de 1940, sustituyendo a Neville Chamberlain, tras el fracaso de éste en el intento de frenar a Adolf Hitler pacíficamente. Churchill gobernó y contribuyó de modo decisivo a la derrota del nazismo. Acabada la contienda, considerado por todos el salvador de Inglaterra, Churchill, en su mayor esplendor, perdió sin embargo las elecciones de 1945. Las ganó el laborista Clement Atlee. Concurrió de nuevo Churchill a los comicios celebrados en 1951 y recuperó el poder del que acabó finalmente retirándose por motivos de salud en 1955.

En los treinta años transcurridos desde la reinstauración de la democracia en España, ninguno de los presidentes habidos hasta ahora ha vuelto a presentarse después de haber sido retirados por las urnas. Y, por lo tanto, ninguno ha tenido la opción de regresar a la presidencia del Gobierno como hiciera en su momento Churchill. Lo intentó Adolfo Suárez pero de forma distinta. No fue depuesto por los votos, sino que presentó su dimisión en 1980 por causas no del todo conocidas aún, aunque sí más bien conectadas al malestar existente entre ciertos poderes tácticos, como ocurría con el Ejército, instalados todavía muchos de sus mandos en la nostalgia del franquismo. Lo que pudo constatarse en el intento golpista del 23 de febrero de 1981, que no cuajó por fortuna, pero que hubiera podido cuajar. Y cuando Suárez se presentó otra vez, en los comicios generales del 28 de octubre de 1982, al frente del CDS, sabía casi a ciencia cierta que su aventura difícilmente le conduciría de nuevo a La Moncloa. La aventura le duró a Suárez una década y poco más.

Dejando de lado el transitorio caso deLeopoldo Calvo Sotelo, por efímero, lo cierto es que Felipe González rechazó toda tentación de encabezar –tras las elecciones de marzo de 1996– la candidatura del PSOE para las próximas, las de 2000. José María Aznar fue más allá. Se comprometió a ser presidente sólo a lo largo de dos legislaturas –como en Estados Unidos– y cumplió al milímetro su palabra. Es prácticamente imposible que –por múltiple razones– González vuelva a ser candidato a presidente. ¿Retornará alguna vez Aznar de número 1 por el PP? Todo indica que no lo hará, aunque en el ámbito de la derecha española pueden acontecer –para bien o para mal del PP, ésa es otra cuestión– muchas cosas, al menos en apariencia, imprevisibles a fecha de hoy.

Es curioso que en España los presidentes ni traten de volver a serlo ni tampoco parezcan dispuestos a formar parte del Ejecutivo en calidad de ministros, lo que en absoluto llama la atención –porque es muy habitual– en la República italiana, por ejemplo. O en la República francesa, donde esa movilidad no es infrecuente. ¿Hubiera aceptado González –de habérselo propuesto José Luís Rodríguez Zapatero, hipótesis poco verosímil– la cartera de Asuntos Exteriores? No parece que González hubiera contestado que sí a tal oferta. Una lástima, desde luego, al margen de la valía de Miguel Ángel Moratinos. Y ello por dos razones. La primera, porque hubiera reforzado la imagen de solvencia del Gobierno presidido por Zapatero. La segunda, porque convertir a González, por un lado, y a Aznar, por el otro, en ex presidentes desubicados, que realizan trabajos varios y van predicando y haciendo política paralela por esos mundos de Dios es –más allá de los contenidos políticos y profesionales de cada cual– un despilfarro en términos de Estado.

Enric Sopena

 
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