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Endesa, punto final a un singular combate No sé si el Gobierno ha conseguido sus propósitos en Endesa, pero al menos ha logrado que el poder económico no le pierda el respeto. A la clase empresarial no le gusta el intervencionismo gubernamental salvo que se ejerza en su beneficio, pero castiga por “falta de autoridad” cuando fracasa. La cuestión que ahora se plantea, y así lo han resaltado los medios, es si España pierde respeto internacional. Sinceramente, no lo creo. Lo que ha hecho el Gobierno español al buscar una solución nacional o más nacional para Endesa que la que representaba E.ON, como hacen con más descaro los alemanes, los italianos y, no digamos hasta qué extremos, los franceses. E.ON puede hacerse con Endesa pero Endesa, aunque tuviera el dinero necesario, no podría quedarse con E.ON; en Italia hemos visto la actitud de su banco central frente a los intentos de que el BBVA se hiciera con el BNL o Abertis con Autoestrade; en Francia no hay quien toque a EDF y Sarkozy ha advertido de que nada de bromas con las empresas nacionales. Así que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. La politización de Endesa tiene un aspecto que podríamos llamar comunitario y otro de influencia de los partidos en parcelas económicas. En este terreno hemos asistido a una lucha sin cuartel que menospreciaba la dinámica de los mercados y los intereses de los consumidores. La política entra en este asunto con Aznar, cuando éste coloca al frente de Endesa a gente de su partido: primero a Martín Villa y después a Manuel Pizarro, como hiciera en otras privatizadas. Zapatero duda al llegar a Moncloa pero pronto toma partido a favor de su amigo Miguel Sebastián, muy decidido a que el poder cambie de manos. No hay unanimidad en el gabinete y aledaños. José Montilla, a la sazón ministro de Industria, en línea con Sebastián aunque con motivos diferentes, consigue desplazar de la silla de Repsol a Alfonso Cortina, colocado allí por Rato, en beneficio de Antoni Brufau y apoya la OPA de Gas Natural. ZP, con buena mano para traducir sus decisiones en eslogan, se encandila con la idea de “los campeones nacionales”. Pedro Solbes no comparte plenamente esta visión no tanto por creencias liberales como por sus principios europeístas y en coherencia con su pasado de comisario europeo; la Comisión Europea ataca desde el momento, 21 de febrero de 2006, en que E.ON irrumpe en su proceso. El vicepresidente económico coloca a Manuel Conthe al frente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), y éste, que es como el electrón libre, un personaje brillante pero imprevisible, hace lo que le dicta su criterio sin atenerse a los deseos gubernamentales. Solbes defiende a su hombre hasta el final pero el final es el preconizado por Zapatero: la renuncia de E.ON. El otro bando, el del PP, al final del proceso, se desprende de las apariencias virtuosas y juega sus cartas con la fiereza del póquer abierto. Pizarro frena a José Manuel Entrecanes (Acciona) y a Conti (Enel) y acoge a Blesa unido a Bernotat; los representantes del Partido Popular en Caja Madrid apoyan la decisión de Blesa de vender a E.ON con lucro cesante mientras Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Cañete y Pujalte arremeten en las tribunas. Finalmente el “No pasarán” no ha pasado de la consigna. He tratado de resumir la historia de las
implicaciones políticas en esta OPA de año y medio de duración, algo insólito
en el mundo financiero, pero sería exagerado sostener que lo político ha
primado sobre los intereses empresariales y las ambiciones personales de sus
directivos. A Zapatero le resultará más cómodo levantar el teléfono para llamar
a su amigo Entrecanales, el presidente de la nueva Endesa, que hacerlo para
telefonear a Wulf Bernotat en el lejano Berlín, pero lo importante es que
Acciona ha conseguido pasar del ladrillo a la primera eléctrica; que Enel ha
fortalecido su presencia en España, pasando de una presencia marginal con
Viesgo a jugar en primera división; y Bernotat, que hubiera perdido la cabeza
ante un fracaso en toda regla, puede presentarse ahora en Berlín con un balance
positivo: fue de compras a España, no consiguió su objetivo pero se lleva un 20
por ciento del sector eléctrico español. Lo que ha quedado claro es que en un
sector regulado, en el que el Gobierno marca las tarifas y, por tanto, los
beneficios, no se puede hacer una operación de este tipo contra él. José García Abad |
