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Nº 735 - 2 de abril de 2007

El PP reconcilia a Polanco con Zapatero

Desafío al ‘Gran Poder’

El PP de Rajoy ha tomado una inédita y arriesgadísima decisión que ha dejado estupefactos a la mayoría de los actores políticos y empresariales del país: a un par de meses de las elecciones municipales  y a menos de un año para las generales ha decidido renunciar a estar presente en entrevistas y convocatorias del primer grupo periodístico nacional, Prisa, abriendo un frente de imprevisibles consecuencias. La medida se ha presentado como respuesta a las declaraciones del presidente del imperio, Jesús de Polanco, en su Junta de Accionistas, en las que criticaba, a título personal, la estrategia de la derecha, que parecía “querer volver a la Guerra Civil”. Aunque la plana mayor del PP ha apoyado la audacia de Rajoy no son pocos, tampoco, los que desde dentro temen la evolución de este pulso, sobre todo cuando no se sabe cuánto puede prolongarse. Además, en el PP late otro temor: que la tensión con Prisa lleve a El País a superar la frialdad con la que, hasta ahora, trataba a Zapatero debido a la influencia de Felipe González en el grupo y que, en ciertas ocasiones, ha resultado clave.

Por Inmaculada Sánchez

Nosotros tratamos de ser neutrales. Lo que ocurre es que es muy difícil estar de acuerdo con la política de algunos partidos”. Este fue el inicio de la contestación de Jesús de Polanco, presidente de Prisa, a uno de sus accionistas en la junta general del grupo. Y, también, el comienzo de una nueva batalla en el escenario político que nadie esperaba en este momento, la del Partido Popular contra los medios de este grupo empresarial.

Polanco añadió, a continuación, que se permitía dar “una opinión personal” y aseguró que “hay quien desea volver a la Guerra Civil”, que “acabamos de ver una manifestación pública que es franquismo puro y duro”, en referencia a la convocada por el PP contra la política antiterrorista del Gobierno, y que si Prisa pudiese “colaborar para que en España hubiera un partido de derechas moderno y laico”, lo haría porque es “lo que nos falta”. El empresario concluyó: “si estos señores recuperaran el poder van a venir con unas ganas de revancha que a mí, personalmente, me dan mucho miedo”.

Aunque Jesús de Polanco tiene motivos para temer de un gobierno del PP (Ver recuadro “Aznar ya intentó meter a Polanco en la cárcel”), desde que José María Aznar dejó la Moncloa y el liderazgo del partido, las relaciones entre los medios de Prisa y sus directivos con Mariano Rajoy y su equipo había discurrido dentro de cauces más tranquilos y habituales. El nuevo líder del PP ya “hablaba” con la Ser dejando en el olvido el veto de Aznar, que, como presidente, se negó en redondo a ser entrevistado por Iñaki Gabilondo en el programa de mayor audiencia de la radio española.

Prisa, por su parte, en estos tres años de gobierno de Zapatero, ha protagonizado algunos significativos cambios en su interior. La bandera del grupo, el diario “El País”, cambiaba de director en mayo del año pasado  poniendo a su frente a un “joven” periodista de 43 años que no había vivido la Transición, Javier Moreno.

También el pasado noviembre motivos de salud movían a Polanco a nombrar vicepresidente a su hijo Ignacio anunciando, además, que “será el presidente cuando su padre abandone dicho puesto”, y dejando abierto y sin resolver los futuros puestos de los dos actuales hombres fuertes del imperio, Juan Luis Cebrián, su consejero delegado, y Javier Díez Polanco, máximo ejecutivo de Sogecable y sobrino suyo.

Todo parecía apuntar a que la imagen de la antigua entente de poder formada por el PSOE y Prisa, y pivotada en la  relación entre Felipe González y Juan Luis Cebrián, empezaba a desdibujarse con los cambios de liderazgo en una y otra casa. Sólo cuando la estrategia del PP ha pisado el acelerador en temas como la “teoría de la conspiración” en torno al 11-M  o, más recientemente, con las movilizaciones contra la política antiterrorista del Gobierno y la crispación que han generado en la calle, los medios de Prisa han elevado el tono en sus críticas al PP, y aún así, sin colmar las apetencias de Moncloa o Ferraz, la sede del PSOE, donde, especialmente ‘El País’, acumula más de un recelo (ver recuadro “Nos ven poco adictos”).

La sorpresa, pues, ha sido mayúscula para quienes conocen estos detalles y sólo alcanzan a enmarcar la decisión del PP dentro de la clara victoria de los “duros” en la actual estrategia popular. No en vano fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, una de las que más vehementemente defendió el boicot a Prisa en la primera reunión del Comité Ejecutivo del partido tras su anuncio.

La presidenta madrileña salió en apoyo, además, de Eduardo Zaplana, quien viene siendo protagonista de una serie de informaciones publicadas por “El País”, en las que se pone en cuestión el uso que hizo cuando era ministro de Trabajo de sus gastos de protocolo. Aunque las informaciones están repletas de datos y facturas y hacen referencia a quejas y salvedades a esos gastos realizadas desde la misma Administración, el portavoz del PP en el Congreso anunció en la  reunión del Comité popular que está preparando una querella contra el rotativo y que está en disposición de probar la “falsedad” de lo publicado. Aguirre se dijo convencida de ello y aplaudió su decisión: “Ningún ataque sin respuesta”, sentenció, según las informaciones publicadas sobre la reunión.

Rajoy, por su parte, aprovechó el encuentro para argumentar la decisión, que perjudica gravemente a los candidatos del partido para las próximas municipales y autonómicas, y que se tomó sin reunión previa del Comité. “La gente tiene que saber que somos independientes y libres”, dijo, “y que este partido no tiene miedo”. Su explicación recibió un aplauso cerrado.

A pesar de este apoyo sin fisuras no todos los dirigentes del PP ven claro dónde puede llevarles este boicot cuya duración tiene como único límite que Polanco “rectifique” lo dicho. El propio Rajoy, al día siguiente de hacerse pública la decisión del partido, no quiso pedir una rectificación tal cual pero, después de mostrarse “enormemente ofendido” sí dijo que “a mí me gustaría que se nos diese una explicación”. ¿Dónde?, ¿Por parte de quién?

Precisamente uno de los dirigentes con mejores relaciones con Prisa, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, es de los que ha pedido que el conflicto se solucione “cuanto antes”. Gallardón puede ser uno de los principales perjudicados por el boicot ya que desde su propio partido y la derecha mediática siempre se le ha acusado de coquetear con los medios de Prisa a cambio de un buen trato. Aunque las encuestas le favorecen en su próxima batalla con el candidato socialista a la alcaldía, Miguel Sebastián, su ausencia en entrevistas y debates en los medios de Polanco movería a éstos a ocuparse más de su oponente socialista cuyo principal déficit es, precisamente, su falta de conocimiento por parte de los ciudadanos.

Algún otro dirigente de menor rango le ha secundado e, incluso, se ha manifestado en contra de la decisión, como el senador  Evaristo Nogueira, que ha dicho que “en democracia, el veto a un medio no puede ser aceptado”, o el diputado Joaquín Calomarde, que ha señalado que el boicot es “enormemente negativo para la convivencia”.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los dirigentes del PP han secundado la decisión aunque su entusiasmo por la misma sea matizado. La ex concejala Mercedes de la Merced llegó a llamar por teléfono y aceptó salir en antena en el programa “La Ventana” de la Cadena Ser, donde participa en su tertulia de los martes desde hace seis años, para explicar porqué ya no podía seguir participando. “Milito en un partido político y me debo a la disciplina de mi partido”, señaló, no sin añadir como despedida sudeseo de que “las relaciones personales no se pierdan”. Otros dirigentes, sin embargo, no han tenido tanta delicadeza.

Un día antes Esperanza Aguirre había retirado toda su publicidad como candidata de cara a las próximas elecciones autonómicas de la Cadena Ser. Y había dicho: “Todos pensábamos que “El País” y la Ser no eran neutrales y ahora nos lo ha confirmado él”, en referencia al presidente de Prisa. Tampoco se ha dejado de hacer referencia, desde el PP, al hecho de que ha sido el PSOE el primero que ha promovido un boicot a un medio de comunicación, citando a Telemadrid y la decisión del PSM de no acudir a sus debates ni programas por la supuesta manipulación de la cadena autonómica.

Además de las consecuencias para los candidatos del PP, el veto amenaza con remover el mapa mediático nacional con movimientos que podrían no ser del todo beneficiosos para su promotor. Según las fuentes consultadas, que siguen de cerca las tensiones entre medios y partidos, el pulso del PP podría “empujar” a Prisa y “El País” a apostar más decididamente por Zapatero en un momento en el que  el PSOE, no tiene sobrados medios a su “servicio”.

Se quejan en Ferraz de que la apuesta de Zapatero por una RTVE “neutral” no les beneficia, tal como se vio en el reciente programa “Tenemos una pregunta para usted”, líder de audiencia pero en el que ninguno de los “entrevistadores” se mostró condescendiente con el presidente. Sólo las cadenas de televisión Cuatro o la Sexta, todavía minoritarias, podrían situarse, claramente, en la órbita del Gobierno de tal manera que un decidido giro en la línea de “El País” sería muy bien recibido por el PSOE.

Mirando al “frente de la derecha” mediática, en el PP, los más cercanos a Rajoy “temnen” que el abrazo de Pedro Jota Ramírez, director de “El Mundo” y camino de incrementar su espacio e influencia tras la compra del grupo Recoletos por parte de su primer accionista, el grupo italiano Rizolli, aumente si la tensión con Prisa, su principal enemigo, se prolonga. De hecho, el rotativo de la calle Pradillo no tardó en publicar un editorial, el pasado día 26, apoyando el boicot del PP a Prisa titulado “Los mayores farsantes del país”, en el que respondía a una información del diario de Prisa en la que le señalaba como principal beneficiario de concesiones de televisiones locales y autonómicas por parte de gobiernos del PP.

El fantasma de la guerra de trincheras entre los “polanquistas” y los aznaristas apoyados por Ramírez volvía a aparecer en los despachos de Génova y no en todos trae los mismos recuerdos. Todavía hay quien rememora en el partido las exigencias de Ramírez a Aznar y los disgustos que, en el caso, por ejemplo, del entonces presidente de Telefonica, Juan Villalonga, cuyo cese forzó “El Mundo”, dió al Gobierno del PP.

Con un grupo Vocento, aliado natural de la derecha y editor actual del “ABC”, en una posición más independiente del principal partido de la oposición del que muchos dirigentes populares desearían -de hecho con la “teoría de la conspiración” del 11-M se ha mostrado radicalmente en contra- , provocar un abierto enfrentamiento con los medios de Prisa no ha parecido la mejor idea para la recta final de la legislatura a algunos dirigentes populares. Pero el desafío ya está lanzado y nadie va a “moverse” en la foto del actual PP de Rajoy. Un PP que cada vez se parece más al de Aznar, hasta en sus amigos y “enemigos” en los medios.

Aznar ya intentó meter en la cárcel a Polanco

”Yo, con tal de que no sea Aznar ya me doy por contento”. Eso vino a decir Jesús de Polanco en una de sus escasísimas declaraciones públicas en un encuentro con periodistas cuando en el PP se deshojaba la margarita en torno al sucesor de José María Aznar, todavía presidente del Gobierno pero que ya había anunciado que sería su último mandato.

El dueño de Prisa no hacía más que dar rienda suelta a la animadversión personal que el antecesor de Rajoy le provocaba. No era extraño. Aznar, apenas unas semanas después de instalarse en La Moncloa tomó como una de sus principales tareas desactivar al imperio mediático de Polanco, al que consideraba hostil, por la vía más cruenta: llevar a la empresa al descrédito y a su presidente, a la cárcel. Nada más y nada menos.

Tan osada operación se inició, con el entonces Secretario de Estado de Comunicación y portavoz del Gobierno, Miguel Angel Rodríguez, como primer espada, con las alianzas en torno a la entonces semipública Telefónica a fin de crear un grupo de contrapeso a Prisa.

Polanco montaba en ese momento su Canal Satélite, que entraba en abierta competencia con la plataforma de televisión de pago montada por la citada Telefónica y sus socios pro-gubernamentales, y su gran baza eran los derechos de emisión de la Liga de fútbol. Como las leyes que defienden la propiedad privada empresarial impedía arrebatárselos, el Gobierno de Aznar optó por aprobar una normativa que declaraba al fútbol televisado “de interés general”, y obligaba a Prisa a cederlo a sus competidoras.

No quedó ahí el acoso. El Ejecutivo de Aznar dio un paso más en su intento de estrangulamiento del grupo Prisa y, gracias a un informe, que en en el trámite judicial posterior se supo “encargado por un Secretario de Estado” y divulgado por la acólita revista “Epoca” y su director de entonces, el ya fallecido Jaime Campmany, acusó al grupo de estafa y apropiación indebida de las fianzas de sus abonados a Canal Plus.

El juez Javier Gómez de Liaño, posteriormente condenado por prevaricación por esta causa, admitió la denuncia y procesó a Polanco, como presidente, a Juan Luis Cebrián, como consejero delegado, y a otros directivos de Sogecable.

Polanco tuvo que depositar una fianza de 200 millones de pesetas  para no ingresar en prisión y pedir permiso al juez para salir de España. Más de siete meses de 1997 estuvo vivo el proceso en la Audiencia Nacional con el apoyo de los fiscales Eduardo Fungairiño e Ignacio Gordillo pero fue la Sala de lo Penal de la misma Audiencia quien descartó todas las acusaciones e inició, a su vez, un proceso contra el juez por prevaricación.

Un año después el mismo Aznar  permitía y promovía , para escándalo de algunos de sus medios afines, que la plataforma digital de Telefónica se fusionara con la de Prisa creando el actual Canal Satélite Digital.

“Nos ven poco adictos”

“En cuanto a información, no podemos decir que tengamos grandes problemas con ellos, pero en opinión, la verdad es que no se ve clara una línea y, a veces, nos desconciertan”. Esta opinión, expresada por un alto cargo de Ferraz, se acerca a la peculiar relación que el PSOE de Zapatero mantiene con el diario “El País”. En Moncloa, donde la fidelidad al presidente se valora aún más, son incluso más críticos.

La distancia con la que el principal diario nacional trata al líder del PSOE se dejó ver desde sus primeros pasos y  sus cercanos la han conectado  siempre con la especial relación de los dirigentes de Prisa con Felipe González y los recelos del ex presidente con su sucesor.

Por otra parte, el interés de Zapatero por aparecer  junto a Pedro J. Ramírez en determinados  actos para desmarcarse de la “vieja guardia” socialista  no  ha ayudado en nada a que esa frialdad se atenuara.

Desde que el leonés ocupa La Moncloa, sin embargo, la posición de “El País” ha suscitado mayor preocupación, si cabe, en los centros de poder socialista, aunque ésta se manifieste con mayor discreción.

A esta latente tensión, precisamente, parecía referirse Jesús de Polanco, cuando en sus criticados comentarios ante sus accionistas afirmó que “hasta los que deberían considerarse favorecidos nos ven poco adictos”.

Entre los más recientes “enfados” de Moncloa con “El País” se encuentran algunas informaciones que publicó  tras el atentado de ETA en Barajas, un momento de especial gravedad y en el que desde el cuartel general del PSOE esperaban una mayor afinidad.

Así, distintas fuentes de Ferraz y Moncloa, criticaron en privado que el rotativo de Polanco “salvara a Alfredo y tratara tan mal al presidente”, en referencia al ministro de Interior, al que se valoró su presencia en primera línea al contrario que la actitud de Zapatero.  En días posteriores un editorial llegó a poner en duda la estrategia del “y tú más” con la que el Gobierno estaba respondiendo a los ataques del PP en relación a la excarcelación de De Juana Chaos. Y le recomendaba aceptar el envite de Rajoy y comparecer personalmente en un debate en el Congreso. En esos mismos días el Pulsómetro de la Ser ofrecía por primera vez unos resultados adversos al Ejecutivo socialista, con una mayoría de encuestados en contra de la decisión gubernamental sobre De Juana.

Días más tarde, en una información sobre la Convención MunIcipal de Madrid un recuadro al pie de una foto del candidato a la alcaldía, Miguel Sebastián, llamaba la atención en su título sobre el escaso número de asistentes a la misma. Y cuando coincidió el mismo día la manifestación del PP en Navarra y la del PSOE y otras formaciones de izquierda por el cuarto aniversario de la guerra de Iraq en Madrid, el diario de Miguel Yuste “sacó a portada la de Navarra, con mucha menos gente y relegó la de Madrid a una página par, cuando los asistentes fueron muchos más del doble”, se queja un miembro de la ejecutiva federal.

Tras esta retahila de quejas algunos socialistas alimentan una esperanza: que un grupo de empresarios más cercanos a Zapatero lleguen a fundar un diario alternativo a “El País”. Quienes hablan de ello citan a la más nueva cadena de televisión, la Sexta, y a su consejero delegado, José Miguel Contreras, amigo personal del anterior Secretario de Estado de Comunicación y todavía asesor del presidente, Miguel Barroso.

La derecha reaccionaria, por Enric Sopena


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