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Nº 735
2/4/2007
D N
Ulster: un nuevo milagro

Por José María Benegas

El anuncio del acuerdo para formar Gobierno entre las formaciones lideradas por lan Pasley y Gerry Adams me parece un nuevo milagro político. Siempre pensé que la situación del Ulster era más difícil de resolver que la del País Vasco, porque a los problemas derivados de la utilización del terrorismo, habría que añadir un enfrentamiento civil desgarrador entre dos comunidades, la protestante y la católica, aparentemente irreconciliables. La ruptura entre ambas era muy profunda, casi insoldable. En días pasados se han producido manifestaciones unitarias de votantes de las dos opciones reclamando a sus representantes un acuerdo de Gobierno entre las dos formaciones.

En una visita realizada a la zona pude comprobar cómo los barrios colindantes entre ambas comunidades estaban aislados por muros similares al de Berlín. El odio se palpaba en las calles. Pubs, comercios, lugares públicos frecuentados por unos no lo era por los otros. Por eso, ya en su día, el Acuerdo de Stormont me pareció un milagro, y más cuando leí su contenido y los niveles de autonomía a que podían acceder en virtud del mismo, muy inferiores a los que disfrutan las Comunidades Autónomas de nuestro país. Uno de los aspectos más desconocidos del Acuerdo de Viernes Santo es que se establecen los mecanismos precisos para que en el Ejecutivo estén representadas las dos comunidades y todos los partidos parlamentarios, aplicando el método d'Hont en la distribución ministerial.

En las últimas elecciones parlamentarias los dos primeros partidos fueron el de lan Pasley y el Sinn Fein. Es decir, obtuvieron los mejores resultados los partidos situados en los extremos políticos. No hay que olvidar que Pasley no sólo no firmó los acuerdos de Stormont sino que adoptó una actitud radical en contra. Sin embargo su participación en las elecciones al Parlamento del Ulster lo ha situado como primer partido sobre el que recae, en principio, la Presidencia y la responsabilidad de formar Gobierno. El que desde posiciones extremas y radicalmente enfrentadas el Partido Unionista irlandés, y el Sinn Fein se hayan puesto de acuerdo para gobernar juntos me parece un éxito de una gran trascendencia política, porque supone concesiones mutuas de tal dimensión que, sólo olvidando intereses partidistas y situando la Paz por encima de todo como bien de interés general a proteger, se pueden alcanzar. El pragmatismo del que está haciendo gala Gerry Adams es digno de todo elogio porque no debe ser nada fácil conducir a una organización que tan sólo hace unos años apoyaba la violencia y el terrorismo del IRA a gobernar con el pastor integrista Ian Pasley.

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Uno de los datos que es pre- ciso tener en cuenta para valorar la situación vasca es el diferente comportamiento en sus apreciaciones de la opinión pública en aquella Comunidad y en el resto de España. Habitualmente nos encontramos con percepciones diferentes ante hechos concretos. Por ejemplo, mientras en el Estado el 48% de los ciudadanos desea que el Gobierno retome las conversaciones con ETA, en el País Vasco son el 80% los que opinan a favor, y el 71 % en Navarra, dato este último bastante relevante. Mientras el 58% de los españoles está en desacuerdo con la decisión de aplicar la prisión atenuada a De Juana Chaos, en el País Vasco una mayoría aprueba la me-elida. El 8% de los españoles cree que Batasuna debe poder presentar sus listas electorales incluso si no rechaza la violencia, el porcentaje se eleva al 26% en el País Vasco y curiosamente al 35,7% en Navarra. (Datos del Instituto Opina, encuesta publicada en El País el 25/03/2007). Es decir, la conclusión que puede extraerse es que los ciudadanos que más directamente han sufrido las consecuencias del terrorismo, vascos y navarros, son los que más desean que se produzca un diálogo que conduzca al final de la violencia, y son más comprensivos con las decisiones que adopta el Gobierno.

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En contra de la sensación que se transmite desde determinados sectores la situación que vive la sociedad vasca, en general es mucho mejor, más distendida y menos tensa que hace algunos años. Tres años y medio sin víctimas mortales en el País Vasco es desde luego un dato que no pasa desapercibido a los ciudadanos de esta Comunidad que, hace no mucho tiempo, vivían en una sociedad en la que la muerte y los asesinatos formaban parte de la vida cotidiana. Al señalar este aspecto no podemos olvidar a los dos ecuatorianos últimas víctimas del terror de ETA. Hace unos años no se vislumbraba una luz en la tragedia vasca. Hoy la sociedad vive con la esperanza de ver el final de la violencia aunque es muy consciente de que el último tramo de la trayectoria de ETA puede ser complicado. El clima social ha cambiado, no existe la tensión y crispación de tiempos pasados a lo cual contribuye también la actitud del PNV que ha hecho un recorrido desde Lizarra a apoyar al gobierno del Estado para acabar con ETA. También se nota.


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