Hemeroteca

Lista Al trasluz

Buscador
Nº 735
2/4/2007

La derecha reaccionaria

L a reacción convulsa par parte de dirigentes del PP lo que ha puesto en evidencia es lo que Polanco decía", sostiene Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa. Es cierto que la mejor manera de desmentir las palabras del presidente de este grupo mediático hubiera sido una respuesta todo lo contundente que se quiera en relación a las acusaciones vertidas contra el principal partido de la oposición, pero dejando de lado cualquier atisbo de represalia o de boicot contra Prisa.

En cambio, Mariano Rajoy optó -para replicar a Polanco- por la vía de la dureza, convertida desde hace demasiado tiempo en uno de los ejes vertebradores de la política global conservadora, también frente a una cuestión tan sensible cual es la libertad de expresión.

Rajoy ha vuelto a equivocarse. Políticamente, le ha hecho un enorme favor al PSOE. Su gesto ha reactivado en el imaginario colectivo de la mayoría de los españoles la creencia de que el PP no se distingue por su apego a las libertades. Sus vínculos con el pasado no han desaparecido, aunque la propaganda genovesa lo niegue una y otra vez.

Esta operación de castigo empalma con la desarrollada por José María Aznar, poco después de instalarse en La Moncloa, con el fin de destruir o deteriorar al máximo lo queda prensa afín al PP viene denominando desde la década de los ochenta -entre la obsesión enfermiza y la ensoñación goebbeliana- el "polanquismo", sinónimo de la maldad más monstruosa y de la más perversa ruindad.
Entonces, Aznar estuvo a punto de saciar su rencor y encarcelar incluso a Polanco y a Cebrián, mientras los telediarios de TVE iban reiterando, aquellos días aciagos, las imágenes de los máximos jefes de Prisa subiendo la escalinata de la Audiencia Nacional, donde Gómez de Liado les esperaba. El aparato mediático del PP, por su parte, se dedicaba a disparar cañonazos contra la línea de flotación de Prisa.

La presión de Aznar sobre los medios fue tremenda. TVE regresó a la época del No-Do o de la pequeña pantalla en blanco y negro. No sólo fue secuestrada la televisión. Lo fue asimismo RNE y, desde luego, todas aquellas empresas privadas que no pudieron o no quisieron resistirse a ciertas y poderosas acometidas. El ya fallecido Antonio Asensio, presidente del Grupo Zeta y de Antena 3, llegó a ser amenazado por Miguel Ángel Rodríguez, el impetuoso portavoz de Aznar.

Cayeron directores a instancias moncloítas, lo que sucedió tanto en ABC como en La Vanguardia de Barcelona. Cuando la Telefónica de Juan Villalonga inició su estrategia de crear un multimedia a la medida de Aznar y, tras irrumpir en Antena 3, adquirió Onda Cero, que era de la ONCE, la victoria fue celebrada echando a la calle a Julia Otero y limpiando de progres la tertulia nocturna La Brújula. Cuando casi dos años más tarde, se hizo cargo de esa franja horaria El Mundo de Pedro J. Ramírez la intromisión de La Moncloa impidió que participaran algunas voces progresistas. Algún día habrá que contar cómo fui vetado horas antes de que debutara.

Telemadrid y Canal Nou, dos televisiones autonómicas en manos del PP, confirman que derecha española y libertad de expresión son términos antagónicos. Las observaciones de Polanco se ajustan a la verdad. Dijo todo aquello que, precisamente por ser verdad, más duele. Que vuelva a gobernar estremece. El PP no es la derecha moderna, laica y democrática con la que sueña Polanco. Es la derecha reaccionaria. O sea, la derecha extrema.

Enric Sopena

 
Hemeroteca

Lista Al trasluz

Buscador