Nº 735 - 2 de abril de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

De la derecha sin Dios, según dice
Juan Manuel de Prada en ABC

Juan Manuel de Prada es un joven escritor, nacido en Baracaldo el año 1970 y criado en Zamora. Católico a marcha martillo, lo que no sólo no oculta, sino que transforma en argumento para no pocos de sus artículos en ABC. De Prada no parece muy beato respecto al sexo, si hemos de juzgar por algunas de sus novelas, como La vida invisible, premio Primavera de novela (2003) o Coños (título inequívoco, sin duda). Podría ser un cristiano progresista, pero no lo parece, más bien es ortodoxo, conservador y hasta en ciertos pronunciamientos suyos cercano al ámbito clerical y piadoso.  Sin embargo, De Prada, que se encuentra ubicado políticamente en la derecha, conforme aparece en los estudios de Telemadrid para ciertos debates nocturnos, tiende a provocar sorpresas y quizás algunas irritaciones entre sus lectores, mayoritariamente meapilas y tradicionales en relación a la religión católica.

El sábado 24 de marzo tropecé, leyendo el ABC, con un comentario titulado Moral e ideales cristianos, firmado por el aludido De Prada. Deduje fácilmente que el autor aprovechó su turno para replicar a un lector llamado Joaquín Silos Millán, quien días antes había publicado una carta criticándole. La polémica habría surgido porque el articulista del periódico madrileño, que pertenece a Vocento, escribió un texto contrario a la tangana que se ha organizado en Extremadura, por parte de sectores católicos teledirigidos por el Partido Popular y con el apoyo general de la prensa afín, a raíz de una exposición de fotos, financiada la muestra por la Junta de Extremadura, que mezcla imágenes o motivos religiosos con el erotismo y hasta la pornografía.

Juan Manuel de Prada habría además acusado a “las jerarquías eclesiásticas” que “actúan de mamporreros de trifulcas políticas que benefician a la derecha”, aunque ciertamente él hubiera mostrado su más severa desaprobación por esa exhibición a su juicio impúdica. El vocablo “mamporrero”, aplicado por el joven escritor a los jerarcas de la Iglesia, debió de enojar enormemente a Silos Millán por lo que puntualizaba De Prada que lo había empleado “en un sentido figurado”. Dicho todo lo cual, y con relevante valentía atendida la crispación existente y firmando en el periódico citado, añadía lo siguiente: “Me ratifico en la afirmación: aquel catálogo, ofensivo para las creencias de los católicos y de una sordidez estética impronunciable, fue publicado originariamente en 2003; que cuatro años después de su publicación, y en vísperas de unas elecciones, provoque el escándalo de la facción opositora me hace sospechar que dicho escándalo no sea del todo sincero”.

Y polemizaba aún con mayor rotundidad, haciendo hincapié en un suceso que afecta precisamente a la presidenta del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre: “Convendría recordar que, hace algún tiempo, se estrenó en el Círculo de Bellas Artes, con subvención de la Comunidad de Madrid, una piltrafa teatral escrita por un cuñadete o primo de Esperanza Aguirre en la que también se ofendía –cito a don Joaquín Silos Millán– a ‘Dios nuestro Padre, Creador del Universo entero, como sabemos y sentimos quienes nos consideramos cristianos’, y, sin embargo, no se exigieron entonces dimisiones, ni se le reclamaron a Aguirre tantas explicaciones como en estos días se han reclamado a Rodríguez Ibarra”.

Llegado a este punto, Juan Manuel de Prada, en respuesta asimismo a una mención del lector referido, ponía la directa y arremetía con la máxima crudeza contra “unos pocos programas” de la COPE. Aseveraba el autor: “Son programas que no sólo acampan extramuros “de la moral e ideales cristianos”, sino que abiertamente los refutan y pisotean. Quiero recordarle a don Joaquín que, desde dichos programas, se han proferido brutalidades sobre los inmigrantes y apologías del liberalismo económico más desenfrenado contrarias a la doctrina social de la Iglesia, y aún al concepto de justicia natural que Dios nuestro Padre inscribió en el corazón del hombre”.  Inflamado, pues, y tratando de hacer el honor a sus más íntimas convicciones, De Prada insistía: “Quiero recordarle también que en tales programas se ha defendido la Guerra de Irak, que Su Santidad Juan Pablo II condenó sin ambages, como no podía ser de otro modo, tratándose de una guerra injusta. Quiero recordarle, en fin, que desde tales programas se incita al odio y se vierten expresiones de una brutalidad mucho más sangrante que la venial inelegancia que yo deslizaba en aquel artículo; incitaciones y expresiones que, más allá de consideraciones ideológicas, constituyen una negación del ideal de misericordia cristiana, que de forma tan sublime ilustra el pasaje del Evangelio de San Juan que mañana se proclamará en las iglesias católicas, las mismas iglesias que los responsables de dichos programas no pisan ni de casualidad”.

Es evidente que el joven escritor de ABC no eludió referirse implícitamente a Jiménez Losantos y César Vidal, los cuales y por razones en principio no coincidentes entre sí  parece que, en efecto, no pisan habitualmente iglesia alguna donde se venere al Dios de los católicos. Fue más lejos todavía en su bien construida filípica: “Creo (…) que las jerarquías eclesiásticas están alimentando a un monstruo que apartará a muchos católicos españoles de la Iglesia, a la vez que contribuirá a dar alas a una derecha sin Dios al menos igual de adversa a “la moral y los ideales cristianos” que esa izquierda anticlerical y laicista que soy el primero en combatir (…)”. Vaya, vaya, con el católico De Prada, ¡cómo se las gasta el joven escritor!

Luis G. del Cañuelo

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