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Nº 735 -2 de abril de 2007
No aprenden...

por Santiago Carrillo

La obstinación del Partido Popular en mantener a' toda costa sus errores y sobre todo a presentarlos como verdades absolutas que todos los ciudadanos estamos obligados a asumir, está siendo muy seguida por el Sr. Rajoy. Éste ha adoptado en su misión un aire de iluminado, de profeta bíblico, con sus barbas y su ensimismamiento tan logrados, que resulta casi imposible, contemplándole y escuchándole, recordar que tras su imagen de apóstol se esconde un simple registrador de la propiedad que comenzó registrando escrituras de compra y venta, descansando de sus labores burocráticas, en largas tertulias de café, deslumbrando a sus paisanos y tertulianos con su facundia fácil de abogado. El caso es que por causa del dedo del Sr. Aznar, que le designó como el delfín, los tertulianos somos ya todos los españoles que al abrir la televisión o la radio le oímos apostrofar desde su Sinaí al jefe del Gobierno. Una persona muy sencilla me decía días atrás: "parece como si este hombre estuviera entrenándose para dictador o para misionero en tierra de infieles".

Uno de sus estribillos, repetidos con énfasis es que "no se puede hablar con terroristas". Dicho así, de golpe, sin pensarlo mucho, pueden parecer muy naturales sus palabras. Nadie elegiría –iqué horror!– a un terrorista para conversar. Esto es preferible hacerlo con vecinos, familiares amigos. Pero aquí no se trata de escoger contertulios, sino de algo más grave: de poner fin a una cadena de atentados que ponen en peligro la vida y la hacienda de personas y a la que, tras más de cuarentaaños de labor de policías y jueces no se ha logrado poner fin.

En un caso así, decir que con los terroristas no se puede hablar, con todos los respetos es una estupidez. Porque ya se ha hablado tiempo atrás, cuando el Gobierno era del PP, y Rajoy actuaba como vicepresidente en él. Es decir, aunque por medio de persona interpuesta, Rajoy habló ya con los terroristas. No le hicieron caso pero, si se lo hubieran hecho, habría firmado la paz con ellos.

En nuestro país se había conocido ya una experiencia histórica de reconciliación. Los defensores de la República fueron tratados durante muchos años tras la victoria de Franco, como "terroristas" y hasta "bandoleros". Y un buen día, parte de los que nos habían tratado así, decidieron hablar con nostros –es verdad que otra parte siguió erre que erre– y el resultado fue un cambio de régimen político.

Pero lo que ayer hizo Rajoy sin éxito y ahora repudia, acaba de hacerlo el jefe del Partido Unionista Irlandés, el Señor Ian Paisley, que estuvo muchos más años encabezando la lucha contra el IRA –considerada una organización terrorista– y al que ha costado Diosy ayuda como se dice coloquialmente, aceptar que se podía hablar con el Sinn Fein y que al final ha formado un Gobierno conjunto con los llamados terroristas.

Hay un caso más extraordinario en la actualidad, que sí debería tener muy en cuenta el Sr. Rajoy, porque es obra del mentor de Aznar, el presidente Bush.

En Iraq, el jefe de las tropas americanas, ha reconocido el fracaso de EE UU al declarar que no hay solución militar para esa guerra y que hay que negociar con la insurgencia que son los que llevan a cabo los atentados que sacuden cotidianamente.

Y Bush –¡quién lo diría!– está admitiendo que se hable en Bagdad con los terroristas.

Esa experiencia en la que la gran superpotencia mundial se rebaja hasta. ese punto deben obligar al Sr. Rajo) a reflexionar, a descender del Sinaí, a recuperar el buen sentido de registrador de la propiedad, de tertuliano ocurrente, en definitiva de ciudadano, dándose cuenta de que no se puede repetir en el mundo y en la España de hoy la insensata e injustificada afirmación de que no puede hablarse con los terroristas. •


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