Nº 735 - 2 de abril de 2007
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Curas y ayatolás

por Juan Antonio Barrio

Me temo que muchos españoles tenemos la misma actitud hacia la religión "mayoritaria" de nuestro país que la manifestada por aquel viejo anarquista a quien "importunaba" un protestante con su proselitismo: "si no creo en la religión católica, que es la verdadera..." Así, por ejemplo, nos parece sectaria o fundamentalista la posición de los testigos de Jehová negándose a las transfusiones sanguíneas, pero aceptamos con bastante normalidad que Inmaculada Echevarría tuviera que cambiar de hospital para poder ser desconectada del respirador que la mantenía artificialmente con vida, tal y como era su deseo. El cambio fue inevitable ante la presión de la Iglesia sobre los religiosos que gestionaban el hospital en el que vivía. Lo cual no puede ser considerado sino como una involución de la propia Iglesia: no estamos hablando de eutanasia, sino de algo antes reconocido por la propia doctrina oficial: no utilizar medios extraordinarios -encarnizamiento terapéutico- para prolongar artificialmente la vida. Ese era, evidentemente, el caso, como valoró el Comité de Ética andaluz al respaldar la petición de Inmaculada. Pero, claro, la cuestión es ética, o sea, ¿es que cabe hablar de ética o de otra moral al margen de la moral católica? Quizás alguien desde la jerarquía responderá: la moral, natural, pero, claro está, tiene una sospechosa simbiosis con la moral católica hasta el punto de servir casi principalmente para darle más fuerza a la propia moral católica: el aborto no es que sea contrario a la moral católica, sino a la Ley natural. O sea que, en la práctica apenas cabe para estos monseñores otra moral: de ahí su oposición a la Educación para la Ciudadanía: fuera de la moral católica no cabe sino adoctrinamiento. Oiga, y ¿lo suyo, qué es? Desde luego no una asignatura, como sería deseable, de conocimiento objetivo del hecho religioso, sino pura catequesis. Y la prueba indirecta, pero contundente, nos la acaba de dar el Tribunal Constitucional. ¿Cómo van a transmitir los profesores de religión los valores católicos si ellos no viven de acuerdo con esa moral, sino divorciados o dando rienda suelta a su concupiscencia? ¡A la calle con ellos! Los obispos nombran, nosotros (todos) les pagamos, si se tercia los obispos les despiden y nosotros les volvemos a pagar la indemnización. Todo muy propio de un Estado laico, como se ve. Pero, en fin, a cambio de esta y alguna otra ventajilla (una financiación ultragenerosa, por ejemplo) los obispos tratan bien al Gobierno. Por ejemplo, el de Huesca-Jaca da pábulo a la teoría de la conspiración y la radio que posee la Confederación Episcopal proclama todos los días la entrega y complicidad del presidente del gobierno con los terroristas en la tarea de romper España. Y la familia, claro. Pero nada de intransigencias. Para que no se diga, Federico Jiménez-Losantos ya contó en su día que, en cambio, cuando fueron a ver a Monseñor Rouco preocupados por la posición del Papa sobre la guerra de Iraq, siendo ellos desde la COPE firmes baluartes del apoyo de Aznar a dicha guerra, Rouco les contestó que no se preocuparan: una cosa era la posición pastoral del Papa, y otra su adaptación a la política concreta y la libertad de expresión. Estupendo.

Pero, en fin, a lo mejor la historia da otro giro. Quizás este Papa podría fomentar mas el debate interno (como parecía pensar Hans Kung después de entrevistarse con él) Veamos la última muestra: el caso Sobrino. La Congregación romana para la Doctrina de la Fe ha advertido a éste de los errores contenidos en dos de sus obras". ¿Y qué debe hacer Jon Sobrino ante eso? Pues ya nos lo dice D. Olegario González de Cardedal: "volver sobre sí girando la propia posición en lugar de sucumbir a la tentación de la disidencia o resistencia empecinada", ¡pena de viejos tiempos! Con la Inquisición sí "que la Iglesia tenía medios para disuadir de estas empecinadas disidencias o resistencias". En fin, ya se sabe que el progreso no siempre es un avance y se pierde firmeza y valores morales.

Bueno, pero después de este Papa habrá otro, pensarán algunos. Pues tampoco. Quiero decir que el siguiente también va a ser elegido por cardenales nombrados en su inmensa mayoría por éste (o por Juan Pablo II) y así ni siquiera el Espíritu Santo va a tenerlo fácil para un improbable giro, aunque lo tuviera previsto entre sus inescrutables designios.

Ante este panorama algún laico empedernido podría sostener la necesidad de revisar los acuerdos del 79 del Estado español con el Vaticano. Pero no cabe ser muy optimista. La dirección del PSOE no parece estar por la labor. Antiguamente podríamos contar con Cristianos por el Socialismo, muchos de ellos plenamente a favor de esa revisión incluso hoy, dentro o fuera del PSOE. Pero ahora hay otro grupo –dentro del partido–de cristianos que en este y muchos otros temas abanderan las posiciones de la Santa Madre Iglesia. Quizás para no confundir deberían denominarse "socialistas por el nuncio" pero, en fin, no cabe duda que constituye una dificultad añadida. Lo dicho: malos tiempos para los laicos empedernidos. Y para los que, como Sobrino, han elaborado su teología "desde los pobres y para ellos", también. ¡Serán empecinados!


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