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| Nº 735 - 2 de abril de 2007 |
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El camino de la intimidación
por Miguel Ángel Aguilar El comunicado intimidatorio del Partido Popular, leído el pasado día 23 por Gabriel Elorriaga, al cargo de los asuntos de comunicación de la Ejecutiva de Génova, requiere algún análisis con técnicas de enfriamiento. Se trata de una advertencia en toda regla a los accionistas, anunciantes y consumidores de los medios de comunicación del Grupo Prisa y de un veto a cuantas convocatorias de comparecencia en esos medios reciban los dirigentes o militantes de esa formación. Su lanzamiento se presenta como respuesta en términos de legítima defensa a unas manifestaciones formuladas la víspera por el presidente de Prisa, Jesús de Polanco, a quien se exige como a Recaredo que abjure del arrianismo, condición sine qua non para el cese de hostilidades abiertas. Mariano Rajoy y su plana mayor se declaran ofendidos y tratan de infundir ese mismo sentimiento de agravio al conjunto de sus votantes. Es, sin duda, una interesante manera de añadir grados de temperatura a la discordia civil que viene propugnándose con tanta dedicación y esmero en los últimos tiempos. Algunos colegas de avanzada edad recuerdan otras intimidaciones padecidas en otros tiempos. Hablan, por ejemplo, de la sanción de cuatro meses de suspensión impuesta al diario Madrid el 30 de mayo de 1968 a propuesta de Manuel Fraga por el Gobierno de Franco. Resultó una medida de extraordinaria funcionalidad para difundir la dosis de pánico necesaria, que haría desistir a quienes andaban intentando ensayar las supuestas oportunidades abiertas por la reciente Ley de Prensa. Luego, para revitalizar el prestigio del terror que tanto ayuda al logro de la docilidad ciudadana, el 25 de noviembre de 1971 el Gobierno del mismo general decretó la Orden de cierre definitiva para aquel diario. Cuentan los afectados que sienten como un honor haber formado parte de aquel periódico. Pero entonces, cuando quedaron en la calle sin empleo ni indemnización, ninguno de ellos encontró trabajo en los otros periódicos de esta querida ciudad. Componían una lista de indeseables y se consideraba contaminante contratarlos. Pero, queridos niños, avanzó el calendario, murió el Generalísimo al desconectar su yerno el marqués deVillaverde, los españoles emprendieron la senda de la concordia y procedieron a dotarse de la Constitución de 1978, que proclama las libertades y excluye medidas semejantes a las padecidas de modo ejemplar por nuestros colegas. Así que las intimidaciones cuando ahora se intentan tienen un calado muy diferente. Otra cosa es que sus impulsores sigan transparentando reflejos autoritarios e intenciones perversas como si todo quedara legitimado cuando se trata de dar salida visceral a su desagrado. En todo caso, es incomprensible que el PP haya podido darnos la sorpresa de semejante comunicado intimidatorio, cuando todos estábamos convencidos de que el recurso a procedimientos de ese porte estaba de antemano fuera del alcance de la cúpula de cualquier fuerza democrática, más aún si se trata de una fuerza constitucionalizada como sucede con los partidos políticos. El PP quiere que las palabras desafectas de Polanco caigan sobre los redactores, colaboradores, empleados, accionistas y lectores y sobre sus hijos. De manera que cualquier vinculación con el Grupo Prisa pase a ser un estigma social y que quien sea suscriptor de El País, se deje ver con esa cabecera bajo del brazo, sea abonado a Canal+, o sea sorprendido en la sintonía de la Cadena SER pase a recibir su merecido. Se recomienda a todos los boicoteados una visita a la exposición El espejo y la máscara del museo Thyssen y en especial que se detengan en el cuadro de Félix Nussbaum Autorretrato con pasaporte judío, fechado en 1943. |
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