Hemeroteca Esta semana
 
Nº 734 - 26/3/2007

Juicio del 11-M


LOS QUE CABREAN A GÓMEZ BERMÚDEZ

Al presidente del tribunal que juzga los atentados del 11-M, Javier Gómez Bermúdez, no le ha quedado más remedio que poner a prueba su paciencia frenando los intentos de tres de los abogados de introducir en el proceso la teoría de la conspiración. Mediante el acoso a los testigos que vieron a los acusados esa
mañana en los trenes o el socavamiento de la credibilidad de la actuación policial, las acusaciones de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M y de la AVT, junto con la defensa de Jamal Zougam, han creado situaciones de tensión en las que Gómez Bermúdez se ha visto obligado a intervenir..

Por Manuel Capilla

La primera jornada del juicio más importante de la historia de España se presentaba, ya desde primera hora de la mañana, con algunos problemas. El traslado de uno de los acusados desde prisión se había demorado y corrían rumores acerca de las peticiones de suspensión por parte de algunos letrados, así que el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, tardó pocos segundos en explotar cuando, nada más dar comienzo a la vista, José Abascal, el defensor uno de los presuntos autores del atentado, Jamal Zougam, intentó poner el primer palo en la rueda del desarrollo normal de la vista. Abascal solicitó que el juicio no fuera retransmitido en directo por televisión y Gómez Bermúdez, bruscamente, ni siquiera le permitió terminar de hablar, para posteriormente, ante sus protestas por las preguntas de la fiscal Olga Sánchez a su defendido, dirigirse a él en tono firme pero correcto para ordenarle: "no vuelva a interrumpir el interrogatorio del ministerio fiscal".

Los platos rotos de esa primera sesión los terminó pagando Endika Zulueta el abogado de uno de los presuntos autores intelectuales de la operación, Rabei Osman, El Egipcio, al que Gómez Bermúdez no concedió ni un centímetro de margen cuando intentaba dibujar parsimoniosamente el perfil de su cliente como un simple emigrante que ha tenido una estancia muy dura en su peregrinar por Europa en busca de trabajo. "No ha lugar", "eso es una obviedad", "todo lo que dice ya ha sido leído en la sala" fueron algunas de las respuestas que merecieron las preguntas del letrado por parte del presidente del tribunal. Gómez Bermúdez hasta se permitió el sarcasmo cuando Zulueta preguntaba a su defendido sobre sus contactos con uno de los supuestos líderes de Al Qaeda, argumentando que consistieron en asesoramiento sobre si Osman podía contraer matrimonio con otra mujer sin haber terminado de pagar la dote de la actual. Gómez Bermúdez interrumpió el interrogatorio, "bien, ya sabemos mucho sobre el matrimonio árabe. Ahora puede preguntar algo relevante sobre el proceso".

El acoso que sufrió Zulueta fue tal que, al día siguiente, Gómez Bermúdez le pidió disculpas públicamente, algo que no ha hecho ni con Abascal, ni con Emilio Murcia, el abogado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, ni con José María de Pablo Her-mida, el de la minoritaria Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, el trío de letrados que han protagonizado todas las salidas de tono, en sus intentos por dar visos de realidad a la teoría de la conspiración. Los tres dejaron claro desde esa primera sesión que iban a ser como los niños traviesos a los que a veces hay que tratar con displicencia y otras con severidad, pero con los que muchas veces es imposible no perder los nervios. Y en eso, en sacar de sus casillas al presidente del tribunal, Abascal se lleva la palma. En la comparecencia de un testigo protegido que vio a Zougam esa mañana en los trenes, Abascal llevó a cabo un interrogatorio implacable, lo cual provocó que Gómez Bermúdez animara a la señora-"usted no se preocupe, lo está haciendo muy bien"-, visiblemente nerviosa y que frenara en seco sus preguntas sobre por qué no tuvo fuerzas para ira declarar en los días posteriores al atentado y sí dos semanas después: "la pregunta es impertinente, pero impertinente en el sentido literal. Una cosa es el derecho a la defensa y otra rebasar los límites de la educación".

Cuando las primeras intentonas de relacionar a la célula islamista con ETA se han venido abajo, Abascal, De Pablo y Murcia se han lanzado a la búsqueda de las evidencias de la partipación 'sospechosa' de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en los acontecimientos, provocando las iras de Gómez Bermúdez.

Durante la comparecencia del jefe de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE), De Pablo comenzó a lanzar preguntas tendenciosas sobre las pesquisas acerca de las tarjetas telefónicas usadas en los atentados, que culminaron con el interés por la relación de la UCIE con un confidente árabe, ante lo cual el presidente del tribunal invitó a explicar al letrado "cuál es la relación de su postura como acusación particular con esa pregunta. Le recuerdo que la única posibilidad que les queda a las acusaciones particulares es retirar la acusación o mantenerla". Abascal basó su interrogatorio en la portada del diario El Mundo del día cinco de marzo, donde se hacía referencia a que era imposible que los Cuerpos de Seguridad hubiesen tenido acceso a los datos de las llamadas entre las tarjetas de los móviles porque Amena, la compañía a la que pertenecían, borra los registros en un plazo de 72 horas. Los testigos explicaron que ya el mismo día 12 se pidió a la compañía que guardara los registros y, como el permiso judicial sólo es imprescindible para conocer el contenido de las llamadas, a Gómez Bermúdez no le quedó más remedio que tratar de averiguar el por qué de las preguntas: "¿En que precepto legal se dice que es obligatorio pedir autorización judicial para conocer el tráfico de llamadas?". El abogado de la AVT también se sumó a apretar las clavijas a los policías con el objetivo de descubrir agujeros en las diligencias del caso, insistiendo a uno de los inspectores sobre si la bomba que fue desactivada estaba en una mochila o una bolsa de deportes. Gómez Bermúdez le hizo saber que en los diferentes informes se habían referido a ella como bolsa o mochila, y que ese detalle era irrelevante.

Pero no sólo los abogados han irritado a Gómez Bermúdez. Entre los acusados su principal dolor de cabeza ha sido Rafa Zouhier (ver apoyo 'El 'show' de Zouhier'), aunque una de las pocas veces en que se le ha visto de verdad enfadado fue con el testimonio del cuñado de uno de los acusados. Sus pobres conocimientos de castellano hacián imposible el interrogatorio, hasta que Gómez Bermúdez le ordenó que respondiera en árabe. Pero como el testigo entendía aún menos el árabe clásico, el idioma que utilizaba el traductor, seguía mudo. Notablemente exasperado, ordenó al fiscal que volviera al castellano y le formulara las preguntas muy despacio y de forma simple.


El 'show' de Zouhier


Sentado detrás de Emilio Suárez Trashorras, Rafa Zouhier -eq confidente de la policía que sirvió de nexo entre la 'trama asturiana' y la célula terrorista- comienza a hablar con el ex minero mientras sus compañeros en la urna le piden que guarde silencio porque no oyen lo que está declarando Youssef Belhadj. La conversación va subiendo de tono hasta que la imagen de los dos aparece en las pantallas de la sala y Gómez Bermúdez se dirige a los policías ordenándoles que les hagan calqar. Ya al final de la vista, cuando una de las víctimas se acerca al cristal, Zouhier saca un folio en el que está escrita la frase "nunca provocaré a laspobres víctimas, por las que arriesgué mi vida avisando a la Guardia Civil...", pero no se puede leer entera porque lo retira cuando se acerca un policía.
Con este espectáculo durante la primera jornada del juicio, Zouhier consiguió ponerse en su contra al presidente de la saqa. Durante su declaración consiguió arrancar a Gómez Bermúdez sus primeras palabras acaloradas:
—"¿Se considera usted culpabqe o ¡nocente de sus cargos?
—Súperinocente.
—Bien, el súper sobra. A partir de ahora, lo justito para ejercer su derecho de defensa, en toda su extensiónpero con corrección. No le voy a permitir ni una ¿me ha entendido, no?
—No es mi intención hacer nada malo...
—Bien, por eso le aviso antes de empezar. A la mínima le interrumpo la declaración qe mando al calabozo y ya seguiremos otro día".
Con su locuacidad acabó por sacar de sus casillas a Gómez Bermúdez que acabó gritándole "señor Zouhier, ¡cállese de una puñetera vez!".
La amenaza de enviarle al calabozo se cumplió en la comparecencia de Suárez Trashorras, durante la cual Zouhier no paró de moverse dentro de la urna para mostrar su desacuerdo ante lo que oía.


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