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Nº 734
26/3/2007
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Darfur olvidado

Por José María Benegas

T oda la atención en relación con los conflictos regionales ha estado centrada en Iraq al cumplirse los cuatro años de una invasión mal calculada y peor gestionada que ha sido un desastre en todos los órdenes, incluido el destino de sus impulsores Bush, Blair, Aznar, etc. Es lógico que la actualidad la acapare Iraq, por la trascendencia regional y mundial que tiene lo que allí acontece, pero no podemos olvidar Darfur. Más de 200.000 muertos, 2,5 millones de desplazados, matanzas de civiles, violaciones, torturas, miles de personas en campos de refugiados sin agua, sin alimentos, sin medicinas. Algo debió estremecer a Laurent Fabius cuando después de desplazarse a la zona manifestó: "He visto el infierno en la tierra". Lo que está ocurriendo en Darfur son crímenes atroces contra la humanidad, sin que Naciones Unidas (China vetó en el Consejo de Seguridad el envío de fuerzas de interposición a la zona) ni la Unión Europea se decidan a intervenir para evitar una masacre que nos debe avergonzar a todos, y sin que los que los medios de comunicación informen con la amplitud que requiere un drama de esta naturaleza a la opinión pública. Es necesario que ésta se movilice y se indigne para que los gobiernos democráticos se decidan a actuar.

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Cuando surgió el concepto de renovación en el seno del Partido Socialista me incliné por otro que me parecía más adecuado, de más contenido para la izquierda, el de innovación. La izquierda debe ser innovadora dando respuestas imaginativas a los problemas que afectan a los ciudadanos, sean éstos nuevos o enquistados sin solución. El 1 de marzo se ha anunciado un nuevo medicamento contrael paludismo, el ASAQ, generado al margen de los grandes laboratorios. La colaboración entre Médicos sin Fronteras, algunas fundaciones, con la participación de investigadores de universidad, y ayuda de recursos públicos destinados a la cooperación, ha generado una vacuna contra el paludismo que será comercializada al precio de un dólar la caja para adultos, siendo el coste menor si se trata de niños. Más de un millón de personas mueren al año en los países más atrasados víctimas de esta enfermedad. La izquierda debería buscar este tipo de alianzas para combatir con eficacia las grandes pandemias de nuestro siglo que azotan al tercer mundo: el sida, la tuberculosis, la malaria, el paludismo, etc. En otro orden de cosas, no podemos ignorar que en muchos países la derecha trata de ocupar espacios tradicionales de la izquierda. Sarkozy acaba de proponer un Plan Marshall para los suburbios más desfavorecidos de Francia. La izquierda debe ser más imaginativa para luchar contra la pobreza, la marginación y la exclusión. Por ejemplo, la Unión Europea debería plantearse la financiación de grandes obras de infraestructuras en el África subsahariana que cumplieran dos objetivos: contribuir al desarrollo de esos países, y ofrecer a la mano de obra que quiere emigrar la posibilidad de trabajar en sus lugares de origen. ¿No será esto más rentable y más justo que soportar una creciente inmigración ilegal?

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Recientemente, en un artículo sobre determinados intelectuales, señalaba que sólo responden ante sí mismos. Se puede decir cualquier cosa sin coste alguno al disfrutar de un espacio en el que impera la aureola del sabio que conduce a una actitud acrítica reverencial. Ocurren cosas bastante inexplicables. Por ejemplo, una persona que se ha caracterizado hasta ahora por el rigor y la claridad en sus planteamientos sobre cómo abordar la lucha contra el terrorismo de ETA, de pronto, si lo que ha trascendido se corresponde con la literalidad de lo dicho, plantea un plan de paz que se resume en "liberar a los presos de ETA en un plazo determinado para que la organización terrorista deje de matar". Es sorprendente la propuesta por venir de donde procede, porque se utiliza la expresión "liberar presos", se ignora que existen tribunales de justicia y se plantea inmediatamente después de la tormenta política que ha generado el mero traslado de De Juana Chaos. Cuando se hacen este tipo de propuestas, ¿se reflexiona sobre el efecto que tienen sobre la propia ETA, que nunca se ha atrevido a plantear una decisión tan drástica sobre sus presos? ¿No contribuye este tipo de planteamientos a levantar todavía más el listón de las reivindicaciones de la organización terrorista? Sé que ésta no ha podido ser la intención de Arregui, persona que ha dado suficientes pruebas de su lucha contra la intolerancia y la violencia. Un mal día puede tenerlo cualquiera.

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En ocasiones uno teme excederse en las valoraciones sobre Bush y su gestión política que, desde mi punto de vista, es nefasta para todos, incluido su propio país. Reconforta leer a un intelectual como Jean Daniel, director de Le Nouvelle Observateur, el siguiente comentario: "Los historiadores del porvenir verán en las aventuras ideológicas y militares del presidente de Estados Unidos el desastre más perturbador del orden mundial en este inicio del siglo XXI".

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