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Aviso para navegantes inquietos Le llaman Pepino, con menosprecio, desde las plataformas mediáticas del PP. Y no cesan de insultarlo. Que si no sabe hablar, que si es un ignorante, que es punto menos que analfabeto. Se ríen, se solazan, se lo pasan –los plumíferos genoveses– en grande. Y no sólo ellos. Algunos descontentos o agraviados del propio PSOE se suman al cortejo de los enemigos de Blanco. El secretario de Organización del PSOE –en la práctica el número 2– ya recibió un varapalo cuando ocurrió el tamayazo, del que pronto se cumplirá el cuarto aniversario. Por cierto, continúa este tenebroso asunto sin que se haya podido conocer la verdad, o nos hayamos aproximado a ella. No ha habido ningún proceso judicial abierto. Únicamente, recuérdese, una pantomima de Comisión de Investigación Parlamentaria, desarrollada en pleno estío de 1993, aprisa, aprisa, coge el poder y corre. Así empezó el espectacular ascenso a la cima del PP de Esperanza Aguirre, ámbito donde pretende ubicarse como primera espada en sustitución de Rajoy. Tirios y algunos troyanos lo pusieron a caldo por aquellas fechas. Le cargaron el muerto de los dos tránsfugas. Insinuaron que él estaba detrás de una trama de sinvergüenzas conocidos en el interior del PSOE como los balbases, a los que protegía a cambio de algunos favores que tal grupo habría hecho en el Congreso socialista, en el que fuera elegido inesperadamente Zapatero. ¡Las cosas que se dijeron y se escribieron en aquellas calendas! Sería un ejercicio altamente didáctico releer la prensa afín al PP de esos días turbulentos. Lo cierto es que estuvieron a punto de cargarse a José Blanco, un parvenu, integrante de un equipo –el zapateril– por el que casi nadie daba un euro. Eran unos chisgarabís, destinados a ser estrellas fugaces y a desaparecer del escenario para siempre. Pero ahí está. Se ha fortificado. Se ha convertido en poder. Se dice que es de los pocos que despacha con el presidente y no se corta a la hora de transmitirle que no todo el monte es orégano ni su gestión de color de rosas. Cada vez más se ha especializado de cara a la opinión pública en el arte de ejercer el papel de policía malo, de ir de duro por la vida. O de parecerlo ante las cámaras, los micrófonos y los bolígrafos. ¿Puede decirse que Blanco va asumiendo, cada día que pasa, el rol de Guerra en la época de Felipe, hasta que se rompió la pareja a causa de desavenencias diversas? El otro día, y con motivo del también cuarto aniversario de la foto de las Azores, pórtico de la abominable guerra de Iraq, Blanco llegó a pedir que "alguien tiene que responder de este horror" y añadió –con referencia a Aznar–, que "si hay razones y elementos desde el punto de vista del Derecho tienen que responder de eso. Yo, desde luego, me apunto". No está en la sombra. Tiene un protagonismo mediático relevante. Combina el control de aparato del PSOE con una dimensión de político visible y reconocible. Como Zapatero, Blanco es joven. Si las urnas avalan de nuevo al PSOE tienen ambos cuerda para rato. Llevan tres años gobernando. El balance es francamente positivo, aunque el ruido ensordecedor de una oposición desbocada –a la que no le importa jugar, antes al contrario, con el fuego del terrorismo– consiga que se proyecte una sensación de inestabilidad. Pero lo más probable es que haya Zapatero y Pepino para rato. Aviso para navegantes inquietos. Enric Sopena |
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