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Nº
734 - 26 de marzo de 2007 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De Navarra y de cómo llegó Aznar López Isabel San Sebastián sostiene en El Mundo, literalmente y en el título de su comentario que “Navarra ya se ha negociado”. ¿Alguna prueba? No, ninguna. Suposiciones, cábalas, especulaciones. Sucede como con la teoría de la conspiración acerca de los autores de los terribles atentados del 11 de marzo de 2004. Todo son conjeturas, sospechas e indicios secundarios manejados desde el citado rotativo y otros medios similares, en la órbita del Partido Popular. Como apuntaba hace unos días, con agudeza incuestionable, el editorial de El País, probablemente bajo los efectos del cuarto aniversario de la foto de las Azores y de la invasión militar de Iraq, la presión callejera de la derecha española, que actúa sin tregua ni pausa, a impulsos y sin aportar demostraciones fehacientes de cuanto atribuye al Gobierno de Rodríguez Zapatero, podría ser considerada “una adaptación de la doctrina del ataque preventivo a la política interior: si no lo ha hecho, que demuestre que no piensa hacerlo”. Puntualiza el editorialista del periódico de PRISA que “es una lógica perversa”. San Sebastián, heroína empecinada de la unidad de la España, una y no cincuenta y una, afirma que la cúpula socialista sabe “que Navarra ya se ha negociado”, pues “ha formado parte de todas las conversaciones que han mantenido los representantes del PSE con los de la ilegalizada Batasuna y del PNV, así como de alguna de las sostenidas entre enviados gubernamentales e interlocutores etarras”. Agrega la periodista: “Navarra ha estado desde el minuto uno en el corazón de este proceso secreto y clandestino entablado entre el Ejecutivo y ETA a espaldas de los españoles, que es tanto como decir de los navarros. Navarra es una parte del precio puesto por la banda al cese de su actividad criminal. Es una de las piezas clave de este engranaje siniestro, y como tal ha sido tratada en todas las reuniones celebradas a lo largo de los últimos años entre socialistas y nacionalistas vascos, con el aval personal del presidente y secretario general del PSOE, sin tomarse la molestia de pedir la opinión de los afectados”. En vano, los socialistas navarros prometieron por escrito, el viernes 16 de marzo, un día antes de la manifestación convocada por el Gobierno Foral de Navarra con la bendición directa de Mariano Rajoy y sus colaboradores más allegados, que rechazaban y rechazarían en el futuro “la unión de Navarra y Euskadi”. Trabajos de amor perdidos. Si hubieran declarado lo contrario o hubieran puesto en duda el mantenimiento de la situación actual de Navarra, la derecha navarra y sus satélites, la Falange, por ejemplo, se habrían lanzado a la yugular del Partido Socialista de esa comunidad y, naturalmente, a la yugular de Zapatero. Pero como no fue así, se encogen de hombros, insisten en los razonamientos estilo Isabel San Sebastián, y vuelta y dale con la estrategia de la confrontación. Hagan lo que hagan los socialistas da igual a los efectos del PP. No los dejarán en paz, y eso relativamente, hasta que regresen a La Moncloa. José Antonio Vera, jerifalte en La Razón, se dedica, como el resto de los plumíferos que dependen de hecho del número 13 de la calle Génova en la ciudad de Madrid, a manipular la realidad en función de los intereses políticos de sus padrinos. “La frase “Navarra será lo que los navarros quieran” significa que Zetapé va a hacer lo que le piden ETA y Batasuna: convocar un referéndum sobre la integración en la Comunidad Vasca. Y si sale que no, presionarán con bombas”, advierte el articulista del diario que ocupa en la práctica el ámbito o el espacio de lectores del antiguo El Alcázar, menos casposo, menos rancio y más modernillo, eso sí. Un periódico que el sábado 17 de marzo, ante la manifestación de Navarra, desplegaba su titular de portada, a toda página, del siguiente modo: “La “rebelión cívica” contra el Gobierno se traslada a Pamplona”. Incluso se rebelan contra la Constitución que tanto dicen valorar y defender (ahora; no así cuando fue debatida y aprobada hace tres décadas). Un referéndum sobre el futuro de Navarra está previsto, y hasta reglado formalmente, en la Constitución vigente. Lo que les tiene acoquinados, sin embargo, no es ni el presente ni menos el futuro de Navarra. Temen que en Pamplona pueda registrarse, tanto en el Ayuntamiento como en el Gobierno autonómico, un pacto a la catalana, “un remedo del tripartito catalán”, según apunta editorialmente el diario propiedad de José Manuel Lara Bosch. No es que repudien el pacto con ETA y Batasuna, que también, faltaría más, sino que tienen pavor a que la suma de socialistas y nacionalistas vasco-navarros, que no preconizan en absoluto la violencia, y sí la vía pacífica y democrática como instrumento político, llegue al poder. Por eso meten torticeramente en el mismo saco a ETA y a los nacionalistas. Y por eso les aterra que el PSOE de Navarra forme mayorías alternativas, similares, en efecto, a la que permitió el Gobierno de Maragall y, en la actualidad, el de Montilla. Con la particularidad de que no es comparable la UPN con CiU, aunque gracias a CiU y también el PNV y los canarios nacionalistas un señor llamado José María Aznar López llegó a ser presidente del Gobierno de España hace casi once años. Si no hubiese sido por los nacionalistas catalanes, vascos y canarios, Aznar habría tenido que volver a su profesión, la de inspector de Hacienda. Pronto, no obstante, volverá a su profesión de registrador de la Propiedad Mariano Rajoy Brey, nacido en Pontevedra, provincia de Galicia, donde también gobiernan los socialistas con los nacionalistas gallegos. En fin, cosas de la vida y de la política. Luis G. del Cañuelo |
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