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| Nº 734 -26 de marzo de 2007 |
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La retirada de Iraq, más peligrosa cuanto
más se
retrase por Santiago Carrillo El discurso de Bush al conmemorar el cuarto aniversario de la guerra de Iraq pone de relieve sólo una cosa: que el presidente de la superpotencia está decidido a hundir definitivamente a su país con él, antes de dar su brazo a torcer. El balance de su presidencia no puede ser más negativo para EE UU: ha quebrantado el liderazgo político, económico y cultural que la mayoría de los norteamericanos y buena parte de los políticos con mando y los publicistas occidentales reconocían a EE UU, transformándolo en un sentimiento generalizado de hostilidad hacia Norteamérica. El general Petraeus, nuevo jefe designado por Bush para ocupar el mando de las tropas norteamericanas en Iraq, en su primera conferencia de prensa en Bagdad, declaraba que no existía solución militar para esta guerra y que había que negociar con la insurgencia. Días después, Bush dice lo contrario: ¡que los EE UU todavía pueden ganar esta guerra! A estas alturas es una evidencia que la guerra de Iraq es un fracaso, está perdida. La cuestión que ahora discuten analistas de los medios de comunicación, políticos y diplomáticos es cuál será la salida menos mala para ponerle fin. Se trata de encontrar la salida menos mala para EE UU y su prestigio internacional. A la mayor parte de ellos parece no importarles que cada día que dura la ocupación crece exponencialmente el número de muertos, de desplazados, de familias y ciudades destruidas, todos iraquíes. Ni tampoco que el peligro de una fuga hacia delante extienda la hoguera a todo el Medio Oriente y aún más allá. Retirarse ahora sería el reconocimiento de una seria derrota, en primer término para los neocons de la camarilla presidencial. Afectaría también al prestigio de EE UU como superpotencia y líder mundial. Pero eso ya no hay Dios que lo evite. Si no se lleva a cabo la retirada durante el mandato de Bush y éste consigue traspasar el muerto a un futuro presidente demócrata, la catástrofe afectaría aún más profundamente a todo el sistema de Gobierno de EE UU. La catástrofe sería todavía mayor. Algunos recuerdan pertinentemente la derrota de Vietnam. Todavía está en la memoria de muchos la visión del hundimiento del Ejército norteamericano y de la accidentada evacuación de Saigón. Pero eso puede ser poca cosa al lado de lo que resultaría una retirada en catástrofe de Iraq. Es toda una región de enorme importancia en el mundo a la que afectarían seriamente los acontecimientos. Retirarse ahora, dando un plazo discreto, más bien breve, para hacerlo de una manera escalonada podría tener riesgos, pero inferiores. Porque sería dar la oportunidad a que el sentido de responsabilidad de las fuerzas interiores en Iraq y de los países vecinos comenzaran a buscar seriamente una solución propia sin influencias ajenas a la zona. Si, en cambio, se prolonga esta agonía, lo mismo que ha desaparecido el Estado, que ha dispersado con la muerte y huida a gran parte de las fuerzas vivas del país, podría terminarse despojando a los sectores aún activos toda capacidad política y todo ánimo de encontrar una salida. Iraq ha perdido ya muchas de sus fuerzas vitales y podría desvitalizarse todavía más. La consecuencia que pretendo extraer, en definitiva, es que todos los temores que pueden sugerir una retirada próxima y que conducen algunos analistas a considerar peligrosa cualquier salida hoy, el día de mañana, cuanto más se prolongue esta situación, serán todavía mayores y más graves. Sus consecuencias podrían ser mucho más negativas. Cierto que hay gente
que está ganando mucho dinero con la guerra de Iraq: los petrol ros, los fabricantes c armas, los contratist que actúan sobre el t rreno... Sería curios también saber quién quedó con las tonel, das de billetes de bar co que el Gobierno d Bush envío a Iraq al cc mienzo de la guerra Pero los intereses de estos delincuentes n pueden estar por encima de los habitantes de Iraq –o de Afganistán
ni por encima de los in tereses de los ciudada
nos norteamericano arrastrados a tan tremenda aventura. |
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