Nº 734 - 26 de marzo de 2007
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Cuando RTVE se recalifica

por Miguel Ángel Aguilar

Ahora resulta que todo era más simple que el mecanismo de un chupete. Tantos años con la deuda de RTVE a cuestas y de topron el lobo, es decir, la recalificación de Prado del Rey, del Pirulí y de los estudios Buñuel vienen a ser la solución. Es lo que contaba el doctor en el cuento de Caperucita con las sílabas invertidas, que recitaba bajo el título de Tacirupeca y el Bolo: Bai Tacirupeca por el quebos, la la tra, la la tra y de topron el bolo. ¿Dedon vas Tacirupeca?, jodi el Bolo. A saca de mi tailieuba, jodi Tacirupeca.

Comparece el nuevo presidente de le nueva corporación, Luis Fernández, ante la Comisión de Control del Congreso de los Diputados y consume la mayor parte de su intervención dando cuenta de su proyecto de abandonar las actuales instalaciones de Prado del Rey en Somosaguas, del Pirulí en la prolongación de O'Donell y de los Estudios Buñuel en el paseo de la Habana, para emprender la construcción de unas nuevas en algún lugar de la Comunidad de Madrid cuyo nombre se reserva. Es la senda emprendida por el Banco de Santander en Boadilla del Monte, por Telefónica, o por Esperanza Aguirre con su Ciudad de la Justicia.

Eduardo Mendoza escribió La ciudad de los prodigios y se quedó corto. El título adecuado hubiera sido El país de los prodigios. Estamos ante un verdadero ejercicio de prestidigitación. Nada por aquí, nada por allá, se añaden unos polvos de la madre Celestina y, alehop, de la chistera salen miles y miles de euros producto de la recalificación. La cuestión a examinar antes de seguir adelante es la misma que cuando las torres de Florentino que hoy se alzan en la que fue Ciudad Deportiva del Real Madrid. A saber: en qué condiciones fueron adquiridos esos terrenos y con qué destino.

Porque si RTVE abandona sus instalaciones, los solares resultantes deberían dedicarse a usos compatibles con su actual calificación urbanística. En el caso de la Ciudad Deportiva, otros alternativos para disfrute del vecindario y en el de RTVE, lo mismo. Pero la recalificación urbanística ha resultado ser la piedra filosofal, que con tanto ahínco buscaron los alquimistas de la Edad Media, capaz de transformar en oro todo lo que tocara.
Las demás cuestiones apenas pudieron tratarse ante un proyecto de semejante magnitud. Seguimos sin saber qué criterios se han empleado para nombrar al nuevo director general de Radio Nacional, por ejemplo. Tampoco hemos sido ilustrados sobre el futuro de las relaciones de las productoras privadas con RTVE, ni sobre el nuevo concepto de servicio público exigido por las Directivas de la Unión Europea. Hubo referencias a la calidad pero, al mismo tiempo, afloró la preocupación por sostener e incrementar la audiencia sin renunciar al liderazgo que, sin embargo, se ha perdido.

Seguimos sin conocer detalles del nuevo modelo que se quiere impulsar y las incógnitas son aún mayores cuando se piensa en las televisiones de las Comunidades Autónomas, donde todo sigue igual como si fueran el servicio doméstico de los gobiernos de referencia. Atentos.

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