Medio siglo desde la creación del Mercado
Común, embrión de la Unión Europea
LAS BODAS DE ORO DE LA UE
Se cumplen ahora 50 años de la firma del
Tratado de Roma, por el que seis países europeos –Alemania, Bélgica, Francia,
Holanda, Italia y Luxemburgo– constituían la Comunidad Económica Europea,
origen directo de la actual Unión Europea. Un largo trayecto en el que se han
ido ampliando sus objetivos originales, y al que han terminado por incorporarse
otras 21 naciones. Más de 490 millones de personas en el Viejo Continente son
ciudadanos comunitarios, y todavía se prevén nuevas ampliaciones con países,
especialmente de los Balcanes, mientras se mantienen tensas negociaciones para
la incorporación de otro gigante, Turquía, que están provocando profundas
divisiones de criterio entre varios de los Estados que integran la actual
Unión. Durante los próximos meses está prevista la celebración de numerosos
actos conmemorativos de tan destacada efeméride.
Por P. A. N.
Ya han pasado 50 años desde que se
constituyese la Comunidad Económica Europea, el organismo transnacional
que dio origen a la actual Unión Europea constituida por 27 Estados y en la que
se integran más de 490 millones de personas. Desde las seis naciones iniciales
que compartieron ese Mercado Común en 1957 hasta nuestros días, diversos
procesos de adhesión de otros países y una permanente ampliación de sus
objetivos y sus competencias, han terminado por configurar un gigante en el que
trabajan más de 25.000 funcionarios en sus múltiples organismos, y que
representa uno de los motores económicos más importantes del mundo. Sin
embargo, tras el rechazo en 2005 de los ciudadanos de Francia y Holanda
–curiosamente, dos de los Estados fundadores-, la UE ha sido incapaz de dotarse
de una constitución. Muchos de sus críticos la acusan, precisamente, de no
plantear una unión política de Europa, sino, simplemente, el establecimiento de
unas reglas del juego comunes en materia económica. Los argumentos contra el
texto rechazado por los votantes de estos dos socios, mayoritariamente hacían
referencia a la carencia de propuestas de contenido social en esa Carta Magna.
Muchos hitos se han producido desde que,
en plena posguerra, e impulsado por Francia, se promoviera el primer gran
acuerdo europeo de contenido económico, la Comunidad del Carbón y del Acero,
suscrita el 18 de abril de 1951 por Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia
y Luxemburgo. Este organismo no sólo serviría para gestionar de modo común las
industrias pesadas de las naciones firmantes, sino que también serviría para
garantizar que ninguna de ellas podría fabricar armas pesadas para utilizarlas
contra los demás.
Los mismos seis signatarios daban un gran
paso suscribiendo el 25 de marzo de 1957 el Tratado de Roma, por el que se
constituía la Comunidad Económica Europea, o Mercado Común, y en el que se
declaraban las intenciones para conseguir un libre movimiento de ciudadanos,
bienes y servicios por el territorio de los seis países, aunque el desarrollo
normativo de estos propósitos terminara avanzando mucho más lentamente de lo
inicialmente previsto.
El 30 de julio de 1962 se establecía el
primer gran acuerdo económico, después del establecido para la industria
pesada, la denominada Política Agraria Común (PAC), por la que los Estados
miembros tendrían el control compartido de la producción alimentaria. Mediante
sus disposiciones los precios agrícolas se unifican en el conjunto de una CEE
excendentaria en este ámbito. La PAC ha constituido uno de los pilares sobre
los que se ha sustentado la Unión Europea, y en la actualidad, se lleva
prácticamente la mitad de todo el presupuesto comunitario.
La proyección internacional común tiene
su primera constatación el 20 de julio de 1963, cuando la CEE firma el primer
gran acuerdo de ayuda a 18 antiguas colonias africanas.
La sustanciación de los propósitos sobre
libre circulación establecidos en el Tratado de Roma llega con el acuerdo para
la supresión de los derechos de aduana, suscrito el 1 de julio de 1968,
creándose por primera vez las condiciones para el libre comercio. Además, los
Seis aplican los mismos derechos de aduana a los productos importados de
terceros países.
La primera gran ampliación llega el 1 de
enero de 1973, cuando pasan a ser los Nueve por la incorporación de Reino
Unido, Irlanda y Dinamarca. A finales del año siguiente, esta Comunidad
ampliada aprueba la constitución de los iniciales fondos de cohesión, el
denominado Fondo Europeo de Desarrollo Regional, para transferir recursos
financieros de las regiones más ricas a las más desfavorecidas,
fundamentalmente –como sucede hoy- para ser dedicados al desarrollo de
infraestructuras, especialmente de transportes y comunicaciones. En l
actualidad, los fondos de cohesión están dotados con casi un tercio del
Presupuesto total de la UE.
Otro hito importante en el desarrollo de
las instituciones comunitarias se produce el 7 de junio de 1979, cuando se
decide sustituir el sistema de designación por el sufragio universal directo
para la elección de los diputados al Parlamento Europeo. Al dejar de ser
delegados directos, los europarlamentarios ya no quedan organizados en grupos
nacionales, sino en los actuales grupos políticos paneuropeos, unidos por una
ideología e intereses comunes. Es el nacimiento de la actual configuración.
Apenas año y medio después, tiene lugar la segunda ampliación, con la
incorporación de Grecia, el 1 de enero de 1981.
En 1984 se crea el primer programa para
el fomento común de la investigación y el desarrollo, especialmente en el campo
de la incipientemente pujante tecnología informática y robótica. El “Espirit”
–así fue denominado- se erigió en el paso inicial de una serie de acuerdos de
cooperación en esta materia que se han suscrito desde entonces, y no sólo en
las áreas de investigación mencionadas.
La Europa de los Doce llegaba el 17 de
febrero de 1986, mediante la adhesión de España y Portugal al selecto club,
aunque las condiciones impuestas en ambos casos, resultaron mucho más duras que
las exigidas en anteriores ampliaciones. En el ambiente ya flotaba el diseño de
la nueva UE, en la que la división de funciones económicas de sus miembros
constituía un eje fundamental. Las exigencias en materia de producción
resultaron muy duras, tanto en la agricultura como en la manufactura. La
reconversión industrial en nuestro país supuso el práctico desmantelamiento de
la industria pesada y la consecuente desaparición de cientos de miles de
puestos de trabajo, relegando a España –y también a Portugal- al papel de
países de servicios.
El más importante punto de inflexión en
el imparable crecimiento y la transformación de la UE en lo que supone en la
actualidad es la firma del Tratado de Maastricht, el 7 de febrero de 1992. En
este importante acuerdo se sientan las bases para una gran ampliación de
funciones. En Maastricht quedan establecidos los criterios para la que después
será la moneda común, el euro, y también se diseña una política exterior y de
seguridad común, así como las líneas de cooperación entre los Estados miembros
en materia de justicia e interior. A partir de ese momento se cambia la
denominación; la Comunidad Europea desaparece para dar paso a la nueva Unión
Europea.
No sería hasta 36 años después de la
firma del Tratado de constitución de la CEE, cuando se consiguiera dar forma
normativa plena al propósito de la libre circulación ya planteado en 1957. El 1
de enero de 1993 queda establecido el denominado Mercado Único, por el que se
venía trabajando incesantemente desde que en 1985 se pusieran en marcha
numerosas comisiones para darle una forma definitiva. Con su entrada en vigor
se sustancia la libre circulación de mercancías, capitales, servicios y
personas. Para ello resultaba necesaria la transformación en profundidad de
muchas legislaciones nacionales. Desde 1986 se habían aprobado cerca de 200
actos legislativos en materia de fiscalidad, derecho mercantil y cualificación
profesional para sortear todas las dificultades hasta alcanzar la apertura
total de las fronteras interiores. A pesar de todo, el proceso no ha culminado
aún, y determinados servicios aún no gozan de esa libertad, especialmente los
relacionados con sectores estratégicos, ante la resistencia de varios gobiernos
y de sindicatos y otras organizaciones a que se pierda el control nacional
sobre los mismos.
Una nueva ampliación se producía el 1 de
enero de 1995, con la incorporación de Austria, Finlandia y Suecia, a lo que
también cabría añadir que cuatro años antes, en octubre de 1990, la antigua
República Democrática Alemana, tras la unificación, también entró a formar
parte del territorio de la UE. El 26 de marzo de 1995, apenas recién estrenada
la Europa de los Quince, se procedía a la firma de los Acuerdos de Schengen,
por los que se permite que los viajeros de todas las nacionalidades del mundo
puedan visitar los países suscriptores del acuerdo sin necesidad de un control
de pasaportes en las fronteras. Esta medida levantaba no pocas suspicacias
entre algunos socios, por lo que, en un principio, sólo era suscrito por siete
países: Alemania, Bélgica, España, Francia, Luxemburgo, Holanda y Portugal.
La siguiente gran revisión de las
funciones de la UE se produce con la firma del Tratado de Ámsterdam, el 17 de
junio de 1997, que se basa en lo establecido en el Tratado de Maastricht, pero
incluye reformas de fondo sobre el funcionamiento de varias de las
instituciones comunitarias y pone el acento en el aumento de recursos para el
fomento del empleo y la ampliación de los derechos ciudadanos. A finales de ese
mismo año, el 13 de diciembre, se inician las conversaciones para lo que
terminará siendo el gran salto en la concepción de la nueva UE: arrancan las
negociaciones para la adhesión de diez países de Europa Oriental y Central y
las islas mediterráneas de Chipre y Malta.
Uno de los momentos determinantes de la
nueva situación, y que más ha afectado a las vidas cotidianas de los ciudadanos
comunitarios tiene lugar el 1 de enero de 1999. Ese día, 11 países de la Unión
(Alemania, Austria, Bélgica, España, Finalandia, Francia, Holanda, Irlanda,
Italia, Luxemburgo y Portugal) –Grecia se suma en 2001- adoptan el euro para
sus transacciones comerciales y financieras. Dinamarca, Reino Unido y Suecia
optan por no entrar en la unión monetaria. El 1 de enero de 2002, ya para todo
tipo de uso común, entra en vigor el euro.
Un nuevo salto cualitativo en las
atribuciones de la Unión Europea se produce el 31 de marzo de 2003, cuando la UE
comienza oficialmente sus primeras misiones militares como tal organización.
Dentro de lo que se define como Política Exterior y de Seguridad Común (PESC),
participa en misiones para el mantenimiento de la paz en la zona de los
Balcanes, en Macedonia y más tarde en Bosnia y Herzegovina, sustituyendo en esa
misión a las fuerzas de la OTAN desplegadas con anterioridad. También, como
ampliación de las funciones de la PESC, se decide la creación de un espacio
común de libertad, seguridad y justicia, con una regulación completa para toda
la UE antes de 2010.
Pero la Unión Europea experimenta el
mayor cambio en su composición a través de la mayor de todas a las ampliaciones
que ha experimentado desde su fundación. El 1 de mayo de 2004. Como producto de
las negociaciones iniciadas en 1997, ocho países de la antigua zona de
influencia de la que fue la Unión Soviética se incorporan como socios de pleno
derecho –salvo algunas restricciones temporales iniciales a la libre
circulación de sus trabajadores- de la nueva y ya amplísima Unión. La República
Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania y Polonia
pasan a ser el nuevo frente del Este de la UE. Para completar la más grande
incorporación de naciones a este club exclusivo, también se produce la adhesión
de la República de Chipre y de Malta.
El intento más ambicioso hasta el momento
de otorgar carta de naturaleza política a la fructífera comunidad económica,
terminaba con un rotundo fracaso. El 29 de octubre de 2004, los gobiernos de
los 25 estados miembros de la Unión firmaban el Tratado por el que se establece
una Constitución para Europa, y que estaba destinado a sustituir a todos los
tratados anteriores. En su redacción se ampliaban los actuales contenidos
políticos del vigente Tratado de Amsterdam y se planteaba una mayor cesión de
soberanía nacional a las instituciones europeas. Sin embargo, no faltaron
voces, en la práctica totalidad de las naciones asociadas, que denunciaban la
falta de auténticos contenidos sociales y políticos en este intento de dotar a
la UE de una Carta Magna.
La condición impuesta para su aprobación
residía en que todos y cada uno de los Estados habrían de ratificar su
contenido. Para ello, cada uno había elegido su propia fórmula. Unos lo harían
por vía parlamentaria, y otros a través de un referéndum nacional. Pese a que
la primera de estas consultas populares, celebrada en España, obtuvo un
resultado positivo, las convocadas en Francia y Holanda en 2005 se toparon con
la negativa de los electores, lo que, en la práctica ha supuesto la
paralización del proceso, al quedar anulada una de las condiciones
indispensables para su aprobación.
Las razones para este rechazo son de
múltiple naturaleza. Una parte de la izquierda ha criticado desde la
publicación del texto la falta de contenidos y políticas sociales en su
redacción. Para los euroescépticos se planteaban demasiadas cesiones de soberanía,
mientras que para otra parte, no se trataba en realidad de una verdadera
constitución y, por tanto, no impulsaba suficientemente la unidad política a la
que aspiran. Con todo, la Comisión Europea y la presidencia de turno, alemana
en esta ocasión, buscan fórmulas para reintroducir el debate de nuevo, y para
promover la redacción de un nuevo texto que pueda ser aceptado mayoritariamente.
La última ampliación –aunque ya existen
procesos avanzados de negociación para continuar con el crecimiento de la UE-
se producía el primer día de este 2007. Bulgaria y Rumanía, que habían
comenzado sus negociaciones a la par que el resto de las naciones del Este
incorporadas en 2004, formalizaban su adhesión tras haber superado algunas
dificultades con los criterios establecidos por la Comisión Europea,
conformando de este modo la actual Europa de los Veintisiete.
Quiero ser europeo
En su actual proceso expansivo, la Unión
Europea ha cambiado mucho sus criterios para la aceptación de nuevos socios
desde la formalización del exclusivo Club de los Seis, que tardó 16 años en dar
el beneplácito a países como Reino Unido, Irlanda o Dinamarca para permitirles
la entrada. La UE de nuestros días mantiene estar abierta a cualquier país
europeo que sea democrático, que practique una economía de mercado y que
disponga de la necesaria capacidad administrativa para asumir los cambios que
conllevaría su integración.
El Tratado de Maasrtricht concreta estos
planteamientos en su Artículo 49: “Todo Estado europeo que respete el Estado de
Derecho y los principios de libertad, democracia, derechos humanos y libertades
fundamentales puede solicitar su ingreso como miembro de la Unión”. En la
reunión de Jefes de Gobierno que tenía lugar en Copenhague en 1993, los
criterios para asumir una solicitud de ingreso y abrir un proceso de
negociación se reflejaban en tres puntos que abundan en lo recogido en el
Artículo 49. Así, se reclama la existencia de instituciones estables que
garanticen la democracia, el Estado de derecho, los derechos humanos y el
respeto y protección de las minorías. En segundo lugar, la existencia de una
economía de mercado viable y la capacidad de hacer frente a la presión
competitiva y las fuerzas del mercado dentro de la Unión. Por último, la
capacidad para asumir las obligaciones de la adhesión y para apoyar los
objetivos de la UE. Se exige la existencia de una Administración Pública capaz
de aplicar y administrar las leyes comunitarias.
Con la incorporación reciente de Rumanía
y Bulgaria no ha terminado el proceso expansivo de la Unión Europea. En la
actualidad existen negociaciones formales con otros dos Estados, Turquía y
Croacia. Pese a que las conversaciones con Turquía habían comenzado hace 40
años, no se habían producido grandes avances, y la UE establece el inicio
oficial de las mismas en octubre de 2005. En este caso concreto se hacen
visibles muchas dificultades, y no sólo por lo establecido en los criterios ya
mencionados. Algunos socios actuales de la Unión exigen un referéndum para
permitir esta integración. Pese a ser una república laica, la inmensa mayoría
de la población turca practica la religión musulmana, y eso hace saltar chispas
actualmente en determinados ámbitos comunitarios. También ha existido cierta
reticencia sobre la calidad del sistema democrático de este gigante que se
mueve entre dos mundos, especialmente en cuanto al respeto a la minoría kurda.
Si, finalmente, la incorporación de Turquía llegase a producirse –no sin un
largo e intenso debate en el seno de la UE-, tal eventualidad queda situada más
allá del horizonte de 2014.
Caso distinto es el croata. Pese a que el
pistoletazo que daba carácter de formalidad a la negociación se producía
simultáneamente al de Turquía, las previsiones para su adhesión a la Europa
rica se inscriben en el corto plazo. Los socios comunitarios parecen tener
claras sus preferencias para la siguiente fase de ampliación, dirigiendo la
mirada hacia la zona occidental de los Balcanes. Ya existen solicitudes para
iniciar negociaciones en profundidad por parte de Bosnia y Herzegovina,
Albania, Serbia, y la recientemente escindida Montenegro, y en las cancillerías
de los países socios saben bien que ese deseo de subirse al tren de la
modernidad es un arma en manos de los que ya lo están para condicionar
políticas y comportamientos.
LA GRAN FIESTA DE EUROPA, EN BERLÍN
Con un presupuesto de 1,7 millones de
euros, este sábado, día veinticuatro, dará comienzo la Gran Fiesta de Europa en
Berlín con motivo del 50 Aniversario de la Firma del Tratado de Roma. La
canciller, Angela Merkel, ya ha invitado a los pueblos de la Union Europea y
del mundo a la esperada celebración, que durará todo el fin de semana. “Estamos
orgullosos de ser los anfitriones en una ciudad que estuvo dividida durante
decenios y que hoy es símbolo de la superación de la Guerra Fría y de una Unión
que cuenta con veintisiete Estados”, comenta la canciller en el vídeo realizado
para la ocasión.
Por Juana Vera (Berlín)
En la Proclamación de Berlín queremos
dejar claro cuáles son los éxitos de la UE y los deberes que se hallan ante
nosotros para los próximos años”, ha dicho Angela Merkel. Al cierre de esta
edición y según el portavoz de Prensa del Gobierno Federal, Ulrich Wilhelm, no
está todavía definido el texto de este documento histórico, que será firmado,
este domingo, tras la Cumbre Especial de la EU, por los presidentes del
Consejo, el Parlamento y la Comisión europeos, es decir por la canciller, por
Hans-Gert Pöttering y por J. M. Barroso, respectivamente. Sí se saben los
objetivos del mismo: “Llevar la esencia de la UE a la ciudadanía, impulsar el
trabajo conjunto de la unión para enfrentarse a la globalización, al cambio
climático y a los retos sociales, ahondar en la integración y relanzar el
proyecto constitucional”.
Todos los jefes de Gobierno de la UE
asistirán, en la Filarmónica de Berlín, al concierto que este sábado, día 24,
precederá a la inauguración de la Gran Fiesta de Europa, que culminará el
domingo, día 25, aniversario de los 50 años de la Firma del Tratado de Roma,
con la firma de otro texto: La Proclamación de Berlín, un documento histórico
que verá la luz en medio de una gran fiesta popular. “La Cumbre Especial de
Berlín, que se cerrará con la presentación oficial de este documento, no dará
comienzo sin el pueblo y tendrá lugar en un ambiente festivo y abierto”,
comentó el portavoz de la Oficina de Prensa del Gobierno Federal, Ulrich
Wilhelm.
Las calles de Berlín se preparan para la
gran fiesta. El gran eslogan: “Europa.de.Unidos”, se contempla no sólo en las
puertas de las instituciones públicas, sino también en los lugares más
emblemáticos de la ciudad. Los medios de comunicación han iniciado una campaña
de información complementada con entrevistas, debates, foros y documentales
sobre el pasado y presente de la UE, así como sobre los actos que en toda la
Unión celebrarán los 50 años de la firma del Tratado de Roma. Pero nada tan
grandioso y popular como en Berlín. A las seis de la tarde del sábado, tras el
concierto de la Filarmónica, comenzará la Gran Fiesta de Europa, de la que la
canciller recomienda “La noche europea de la belleza”, que tendrá lugar en la
Isla de los Museos y durará hasta las dos de la madrugada. En ésta destaca la
muestra que recoge distintas épocas de la historia del arte, cuya presentación
estará acompañada por la actuación de músicos, bailarines y escritores de todos
los países de la UE. Medea, coreografía realizada por Sasha Waltz, en
colaboración con artistas de 16 Estados miembros y escenificada en el Museo
Pérgamo, será el punto culminante de esta parte del programa recomendada por la
canciller.
“Más de cien mil personas participarán en
la Gran Fiesta de Europa y al ser una celebración abierta, organizadores y
miembros de la seguridad del Estado han tomado todas las medidas necesarias
para que los actos transcurran con normalidad”, señaló Siegfried Paul,
representante de Mediapool, empresa responsable de la organización de un evento
histórico que también contará con la participación directa de la canciller y la
de otras personalidades políticas, entre ellas la del ministro de Asuntos
Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, quien el sábado, a las siete
de la tarde, inaugurará el Foro Cultural Potsdamer Platz, en donde se ofrecerán
numerosas exposiciones, conciertos y actuaciones teatrales. Poco después
comenzará “La Noche Europea de los Clubes”, un intercambio cultural muy
atractivo: doce euros y aquel que lo desee podrá entrar en los 35 clubes que
forman parte de esta parte del programa, y conocer las tendencias musicales y
artísticas de los 27 Estados miembros.
La canciller subirá el domingo al
escenario del Gran Acto al Aire Libre, que comenzará a las doce de la mañana en
la Puerta de Brandenburgo. Entre las actuaciones más destacadas de este acto se
hallan Die Blue Man Group, Gran Bretaña; La Shica, España; Outlandish,
Dinamarca; Babylon Circus, Francia; BeatBox Battle Allstars: Polonia,
Checoslovaquia y Alemania; un gran Slam de poesía y los conciertos de Joe
Cocker y Gianna Nannini. La Gran Fiesta de Europa contará además con 75 casetas
de información que mostrarán, a lo largo de la Calle 17 de Junio, numerosos
aspectos y perspectivas de la Unión. A lo largo de este especial paseo, la muestra
de la artesanía y del folclore de los 27 Estados miembros se complementará con
teatro, conferencias, conciertos y muestras gastronómicas. Entre estas últimas
destaca la organizada por las panaderías y pastelerías de Berlín, que ofrecerán
una degustación de panes y pasteles elaborados con recetas tracionales de todos
los países de la UE. Por último, en la Pariser Platz se inaugurará el Tour de
Información “Europa cumple 50”, que hasta el final de junio recorrerá 50
ciudades europeas. Y para los que deseen conocer más de cerca la historia de la
UE, nada mejor que visitar la “Casa de Europa”, de Berlín, y el Bundestag, que
abrirán el domingo sus puertas, o la muestra sobre los “Capítulos más
destacados de la unidad europea”, que se extenderá por la Avenida bajo los
Tilos y permanecerá hasta el próximo 30 de junio.
La fragua de Berlín ha comenzado a
funcionar. Pero sólo a partir de este domingo, con la firma y presentación
oficial de la Proclamación de Berlín, conoceremos sus principales elementos.
Por el momento, sabemos que tras la reciente Cumbre de Bruselas, en la Unión
asumimos ser punta de lanza mundial en la protección del medio ambiente, con el
compromiso de reducir la emisión de gases de efecto invernadero en un 30 por
ciento, para el año 2020, y de aumentar, para esa misma fecha, en un 20 por
ciento, el uso de energías renovables. En otras palabras, asumimos la voluntad
de predicar con el ejemplo que es la mejor forma de luchar contra el populismo
y los extremismos que nos amenazan. Sabemos también que la libertad de culto,
opinión y expresión artística, la tolerancia, el respeto de los derechos
humanos y un profundo sentimiento democrático, son ideales hacia cuya
consagración tendemos en la UE desde nuestros inicios y en los que queremos
fundamentar su futuro.
“En la Proclamación de Berlín queremos
dejar claro cuáles son los éxitos de la UE y los deberes que se hallan ante
nosotros para los próximos años”, señala la canciller alemana en el vídeo
realizado por su gabinete para esta ocasión. Acerca de los deberes, he aquí
algunos ya recomendados por los expertos y políticos de la Unión: dar igual
prioridad a los objetivos de Lisboa, es decir, a los sociales, y a los de
Maastricht o económicos, y aprender a celebrar lo que ya tenemos. La Gran
Fiesta de Europa pone en práctica este aprendizaje. Y también el de celebrar
unidos, no sólo los 27 Estados miembros, sino también los partidos políticos
que en este especial cumpleaños coinciden en un deseo: la paz. Este fin de
semana no sólo celebraremos la paz que hemos mantenido durante más de 60 años,
sino también el respeto a algo tan frágil como un ideal, una firma, una hoja de
papel. En otras palabras, el respeto al Tratado de Roma que refleja cómo
nuestra voluntad es capaz de tornar lo frágil en fuerte. Y viceversa. |