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Nº 733
19/3/2007
D N
¿Dónde estaban?

Por José María Benegas

Una de las paradojas de la situación política que estamos viviendo reside en que cuando menos víctimas mortales del terrorismo de ETA se están produciendo en nuestro país (dos en tres años y medio) más manifestaciones se convocan y celebran contra el Gobierno por este tema. No olvidemos que en la etapa de Aznar perdieron la vida 67 personas por atentados de ETA y 191 por el terrorismo extremista islámico. Durante este período de tiempo nunca se produjo una manifestación contra el Gobierno y sí numerosas contra ETA y el atentado de Atocha. ¿A qué se puede deber el hecho de que, cuando menos víctimas del terrorismo tiene en 30 años nuestra democracia se produzca el mayor número de manifestaciones contra el Gobierno, que legítimamente es el que tiene la responsabilidad de dirigir la lucha contra el terrorismo y además presenta un balance en términos de víctimas que puede situarse como el mejor de nuestra etapa democrática? Sólo puede explicarse desde una aviesa intención de intentar desgastar al Gobierno y pretender ganar unas elecciones situando casi exclusivamente el debate político en la cuestión del terrorismo. Comprendo las reacciones contrarias que puede suscitar el caso De Juana Chaos pero esta cuestión no deja de ser un aspecto muy concreto del conjunto de la lucha contra el terrorismo.

Nada que objetar al ejercicio legítimo del derecho de manifestación. Lo que sí es reprobable, desde mi punto de vista, es al ambiente que rodea la última convocatoria, la conceptuación de la misma, el carácter excluyente y el pensamiento único que se pretende establecer en la lucha contra el terrorismo. Me explico con un ejemplo. Cuando Mikel Buesa escribe: "Somos, en fin, la nación española que como tantas otras veces en su historia se pone en marcha por las libertades. La nación de los españoles con •futuro, portando sus banderas y al son de sus himnos, proclaman su voluntad firme de derrotar al terrorismo". ¿Qué es lo que quiere decir? ¿Qué los que hemos luchado contra el terrorismo durante toda la vida y no hemos ido a la manifestación no formamos parte de "la nación española que se pone en marcha por la libertad" y además somos "españoles sin futuro"? Esto me recuerda al totalitarismo felizmente superado en virtud del cual media España excluyó a la otra mitad invocando el buen nombre de la nación española y declarando enemigos de la misma a todo aquel que no participara de la ideología de los vencedores de la guerra. La asimilación de actitudes personales a la categoría de buen español, anatematizando a los que discrepan, por la razón que fuere, convirtiéndolos en enemigos de la Patria, la dignidad, la ética, la moral, etcétera, es una actitud, que por peligrosa, es preciso denunciar. Cuando un intelectual como Jon Juaristi dice: "En su delirio, Zapatero trata de ser un Franco de izquierdas en un inten- - to de ganar la Guerra Civil", ¿se puede preguntar si está llamando dictador a Zapatero? O, ¿cuál es la guerra civil que se pretende ganar? Además, desde un punto de vista intelectual un Franco de izquierdas es un contrasentido imposible de casar a no ser que Juaristi se refiriera a otro Franco diferente del Generalísimo y por lo tanto ignoto. ¿Qué se pretende con todo esto además de desgastar al Gobierno, a lo que ya estamos acostumbrados cuando se practica una oposición en la que todo vale? ¿Se está buscando una fractura en la sociedad? La crítica política es un derecho de la oposición; la ruptura social es una práctica que trae consecuencias perversas y, si el sistema aguanta, como es nuestro caso, en último extremo sólo se puede resolver recurriendo a las urnas para que los ciudadanos se pronuncien. ¿Está la derecha pretendiendo unas elecciones anticipadas?

Por cierto, en este país ha habido años en que hemos tenido cien muertos víctimas de ETA, como sucedió en 1980. Fue algo tremendo. Casi insostenible. A muchos de los que hoy, con dos muertos en tres años, sacan pecho todos los días no los vi nunca en aquellos tiempos duros en un funeral en el País Vasco ni en las manifestaciones de entonces contra ETA. ¿Quién acompañaba a las víctimas de entonces? ¿Dónde estaban los valientes de ahora? Doy fe porque asistí a todos y cada uno de los funerales de aquella época que nunca los vi acompañando en el último adiós a sus familiares asesinados por ETA. Sean hoy bienvenidos a la lucha contra el terrorismo, pero entonces se les echó en falta. Algunos de los intelectuales que hoy nos dan lecciones de moral todos los días estuvieron en ETA embaucados por el poder de las metralletas. Tuvieron la tentación de la violencia totalitaria. Afortunadamente su paso por la organización extremista no fue largo, pero fue. Rectificaron su trayectoria errónea y eso es bueno. Pero uno no puede olvidar su historia personal cuando se ataca a los que nunca tuvimos esa tentación ni una metralleta en las manos, salvo en la mili. Gunter Grass ha pagado un duro precio por su pertenencia juvenil a las SS hitlerianas. Aquí, a estas alturas, no queremos que nadie pague por su pasado si se rectificó a tiempo, pero es exigible que defiendan sus ideas con la humildad de quien sabe que parte del mismo no fue limpio.

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