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| Nº 733 -19 de marzo de 2007 |
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La enésima manifestación y las víctimas de Atocha
por Santiago Carrillo Resulta muy significativo que en la manifestación del 10 de marzo en Madrid, Rajoy no tuviera ni una palabra para recordar que al día siguiente se cumplía el tercer aniversario de la mayor matanza terrorista acontecida en Europa desde hacía muchos años de que fue víctima la población de nuestra capital. No la tuvo él, ni la tuvieron en un acto sorprendentemente antiterrorista, ni la presidenta de la Comunidad, ni el alcalde madrileño, ambos como es sabido del PP. Los 192 muertos y los 1.824 heridos en los atentados horrorosos del 11-M no fueron recordados ni durante un segundo. ¡Asombroso! Asombroso si no fuese que recordar el 11-M era traer a la memoria de los manifestantes aquella cumbre de las Azores, en la que junto con Bush y Blair, el ex presidente Aznar decidió la invasión de Iraq sin consultar siquiera con el Parlamento, pese a que quien podía hacerlo le recordó que sólo el Parlamento tenía potestad para declarar una guerra. Y ya está archiprobado que esa presencia en las Azores fue la que provocó el salvaje atentado. Pero lo cierto es que en base a la misma falsedad –inventada hace tres años, a fuerza de repetirla como aconsejaba el Dr. Goebbels y de hacerlo no sólo los dirigentes del PP, sino los medios de comunicación amarillos– la derecha tradicional española ha podido montar toda una movilización masiva contra el Gobierno y su presidente Rodríguez Zapatero. Lo que esta conducta pone de manifiesto es precisamente la falta de patriotismo de esa derecha. Si de verdad fuesen patriotas apoyarían los esfuerzos del Gobierno para conseguir un acuerdo de paz con ETA. Para ello hay una razón superior: la amenaza del terrorismo internacional que realizó el 11-M y que anuncia nuevas agresiones. Necesitaríamos en este momento que la atención de los servicios de seguridad se concentrara en la prevención del riesgo que éste significa. Justamente por ello lo más patriótico hoy sería aprovechar el crecimiento de las tendencias del movimiento abertzale favorables a volver al terreno democrático. Así podríamos unir a los ciudadanos frente a un adversario mucho más peligroso que ETA. Así tendrían nuestros servicios un solo frente al que atender. Por eso en este momento el patriotismo en la lucha antiterrorista lo representa Rodríguez Zapatero, mientras Rajoy, por pura apetencia del poder, da la espalda a los intereses de España. Los demócratas tenemos el deber de abrir los ojos a los compatriotas que se han dejado engañar por la repetición de la misma mentira. En el fondo está en juego todo el sistema democrático. Para empezar en el Parlamento ya no podemos presenciar un auténtico debate porque las vociferaciones e insultos del PP lo impiden. En la sesión del Senado, donde el portavoz del PP fue escuchado con respeto, el PP no cesó de vociferar e injuriar a Zapatero durante su respuesta. La impresión que me dieron los energúmenos es que si mañana el electorado les diera la mayoría, en España ya nadie podría hablar, excepto ellos. Es la democracia que tanto nos costó alcanzar lo que está en peligro. |
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