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Nº 733 - 19 de marzo de 2007

Los 'tres 20'

EI Consejo Europeo del pasado 9 de marzo consiguió el acuerdo de los tres 20: 20 por ciento, de energías renovables en el consumo energético final de la UE, 20 por ciento de reducción en las emisiones de CO2 (con respecto al nivel de 1990) y 20 por ciento de aumento en la eficacia energética... en 2020.

El acuerdo ha sido saludado por los líderes europeos como uno de los grandes momentos de la construcción europea, que coloca a la UE en la primera línea de la lucha contra el cambio climático. Pero lo más difícil queda por hacer y quizá estemos de nuevo ante un acuerdo cuya unanimidad resiste mal su puesta en práctica.

La situación inicial, 6,5 por ciento de energías renovables para el conjunto de la UE, está muy lejos del objetivo propuesto. La previsión mas optimista para 2010 no rebasa el 9 por ciento, lo que quiere decir que no se alcanzará el objetivo del 12 por ciento que fue asumido para ese año con igual entusiasmo que ahora.
Parece que al constatar que no se puede alcanzar un objetivo propuesto para una fecha que se aproxima se anuncia otro más ambicioso para una fecha más lejana. Puede ser una huida adelante que haga olvidar el incumplimiento de compromisos pasados o una forma de poner más alto el listón para compensar mañana lo que no se consiguió ayer.

Por otra parte, las diferencias entre países son enormes, desde el escaso 1,5 por ciento de Bélgica y el Reino Unido, al 40 por ciento de Letonia o el 30 de Suecia, pasando por una horquilla central del 5-6 por ciento en la que se sitúan Alemania, Francia, España, Italia y Polonia.

El obstáculo que representaba la consideración de la energía nuclear ha sido sorteado hábilmente. La energía nuclear no puede ser considerada una energía renovable y no entrará explícitamente en el cómputo de ese 20 por ciento. Pero Francia, fuertemente apoyada por la República Checa, Finlandia y Eslovaquia, ha conseguido que se reconozca su papel en la reducción de las emisiones. Y de ello se derivará una menor exigencia a la hora de repartir entre los países el esfuerzo necesario para conseguir esos objetivos globales.
Y eso será lo más difícil. El acuerdo no implica que todos los países deban utilizar un 20 por ciento de energía renovable, sino la UE en su conjunto. La Comisión deberá proponer, de forma "justa y apropiada", la contribución de cada país al cumplimiento de ese objetivo global. Los que recordamos cuan difícil fue acordar la evolución de las emisiones de CO2 de cada país hasta 2012 para cumplir con el objetivo global de reducción del 8 por ciento impuesto por Kioto, sabemos que no será nada fácil.

Sobre todo, teniendo en cuenta que la UE, a la espera de la non-nata Constitución, no dispone de competencias en política energética y que no sabemos si las decisiones legislativas que presente la Comisión deben aprobarse por unanimidad o por mayoría. Lo primero será muy difícil de conseguir y lo segundo no será aceptado por muchos países.

La propuesta de reducir el 20 por ciento las emisiones de CO2 sería razonable si la UE cumpliese en 2012 el objetivo de reducirlas el 8 por ciento, siempre con relación a 1990, a que le obliga el protocolo de Kioto. Pero hasta 2004 las emisiones de la UE a 15 sólo se han reducido un 0,6 por ciento y el esfuerzo para cumplir en el tiempo que queda es enorme.

Hasta hace poco la Comisión consideraba que sólo Suecia y el Reino Unido cumplirán los objetivos de Kioto. Curiosamente, se trata de un país con el mayor porcentaje actual de energía renovables y otro con el menor de ellos. España ha aumentado sus emisiones el 49 por ciento hasta el 2004. El actual gobierno ha tomado medidas desde el principio de la legislatura, traducidas en precios más realistas de la electricidad o el Código de la Edificación, y está elaborando la Estrategia Nacional del Cambio Climático, pero será difícil que en 2012 nuestras emisiones no hayan crecido más del 15 por ciento al que nos comprometimos.

Tanto en cantidad de gas de efecto invernadero por euro de PIB como por habitante, la UE-15 no ha reducido sus emisiones mucho más que los Estados Unidos y la divergencia entre los dos lados del Atlántico se explica por el mayor dinamismo económico y demográfico de los americanos...

Las emisiones de los países del Sur, a los que no se les aplicó ninguna restricción en Kioto, crecen por encima de toda previsión. En China la evolución es más espectacular: un 108 por ciento desde 1990, 15 por ciento sólo en 2004.

A la vista de esta situación, los objetivos aprobados por el Consejo son a la vez modestos y difíciles de cumplir. El PE pidió elevar el nivel de ambición europea pero tampoco fue muy explícito sobre la forma de conseguir lo que se propone.

Pero por algo se empieza... Si el Consejo no hubiese alcanzado ese acuerdo estaríamos ahora otra vez lamentándonos de la impotencia y la crisis de la UE. Pero convertir los compromisos en realidades y recuperar el tiempo perdido será tan difícil que ningún gobierno lo hará sin una fuerte presión de la opinión pública.

José Borrell
*Miembro de la Comisión de Energía (ITRE) del Parlamento Europeo

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