F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 732
12/3/2007

¿Un Parlamento del siglo XX
para una democracia del siglo XXI?


Por Joan Tardà i Coma*

AI inicio de la actual legislatura, las fuerzas políticas presentes en Parlamento español manifestaron su voluntad de proceder a la modernización del funcionamiento de la Cámara y, en consecuencia, de la puesta al día del Reglamento que rige y ordena el funcionamiento del Congreso de los Diputados.

Al fin y al cabo se trataba de adecuar la institución a las necesidades de la sociedad actual. Es un clamor, es de sentido común que el Congreso requiere de una mayor funcionalidad y transparencia, así como un incremento de sus capacidades para su interlocución con la sociedad. En otras palabras, no pueden producirse debates al cabo de seis meses sobre cuestiones y problemáticas que requerían respuestas inmediatas.

Todo ello y otro buen número de consideraciones sólo tiene una respuesta negativa. En consecuencia, era fundamental actuar. Y así se hizo. La Ponencia para la reforma del Reglamento trabajó durante meses y, hoy por hoy, todo ya ha sido elaborado. Es decir, sólo cabe su aprobación final.

Se preguntarán a qué obedece, pues, que pueda terminar la legislatura sin un nuevo Reglamento del Congreso. La respuesta, sencilla. Ni el PSOE ni el PP habían previsto que modernizar también significaba inevitablemente normalizar mínimamente los usos lingüísticos de las lenguas cooficiales, en consonancia con lo que el mismo PSOE defiende para las lenguas catalana, euskara y galega en las instituciones europeas.

Durante 25 años las otras lenguas del Estado distintas al castellano hansido transparentes, inexistentes en la casa común donde reside constitucionalmente la soberanía del pueblo español.

Esquerra comprende que toda esta herencia no puede cambiarse en esta legislatura. Por ello, y a la espera de nuevas coyunturas que permitan la aprobación de una Ley de Lenguas del Estado –ya fue presentada a debate el pasado año por el republicanismo catalán y rechazada por el PSOE por la "inoportunidad del momento", a decir de ellos–que culminaría el proceso de transformación del España en un Estado plurilingüe, defendemos que en esta legislatura se acepte que una parte de la intervención del diputado o diputada pueda realizarse en catalán u otra lengua cooficial. Es decir, que puedan hacerse introducciones breves en los Plenos del Congreso, de entre 30 segundos a un minuto yque acto seguido el mismo diputado traduzca al castellano sus palabras iniciales.

Sí, una solución anómala y nada maximalista, ciertamente, pero que permitiría avanzar. Que de ello se trata. Avanzar en desdramatizar la diferencia. Contribuir a enterrar aquella idea tan extendida por España de que los catalanes hablan en su lengua para fastidiar. Enterrar que la diferencia es un estorbo y que la ciudadanía tenga acceso a ver que las distintas lenguas y culturas del Estado son uno de sus grandes patrimonios.

Si el PP y el PSOE son capaces de hipotecar una profunda renovación del Congreso de los Diputados por temor de no hacer realidad este pequeño avance, no sólo pierden enteros en cuanto a su credibilidad, sino que pueden abocarnos a una cierta insumisión lingüística. No puede ser que un diputado por Lugo no pueda comenzar su parlamento con una breve exposición en su lengua propia y acto seguido explicar lo dicho en castellano. Si ni eso son capaces de asumir, la España plural quedará definitivamente en agua de borrajas.

En definitiva, atendiendo a que vivimos en la Europa rica y culta de 2007 y rivalizamos en europeísmo con cualquiera que se nos cruce en el camino, todo ello resulta triste y hasta me atrevería a decir que patético. Quedan unos pocos meses de legislatura. En la mano del PSOE y del PP está el poder tener un nuevo Reglamento que coloque al Congreso de los Diputados como referente del parlamentarismo en la Europa moderna. Desde Esquerra, queremos creer que todavía es posible.

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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