Nº 732 - 12 de marzo de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

De Adolfo Suárez Illana

El mayor mérito conocido de Adolfo Suárez Illana es el de haber sido engendrado por Adolfo Suárez González, ex presidente del Gobierno de España. Otro de sus méritos relevantes es el de ser el marido de Isabel Flores, hija de Samuel Flores, uno de los hombres más ricos de España y, por descontado, de Castilla-La Mancha. Todopoderoso latifundista, el suegro de Suárez Illana es un acreditado ganadero de toros de lidia. A su inmensa finca acude gente principal, entre otras razones para participar en las monterías que organiza el padre de Isabel. Uno de los invitados habituales es el rey. Es decir, que Suárez Illana, que ejerce de  pintoresco torero de ocasión, parece un vividor con fama de pijo y escaso trabajo. Su fracaso electoral en las anteriores elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha fue estruendoso. Fue nombrado candidato a dedo por José María Aznar. El entonces presidente del Gobierno estaba convencido de que el apellido Suárez haría milagros en las urnas y además estaba fascinado por incorporar al hijo del mítico presidente centrista a sus filas.

Cuando lo más razonable y sensato hubiera sido que, tras el batacazo, Suárez Illana hubiera hecho un discreto y definitivo mutis por el foro, alejándose para siempre del escenario de la política, el muy fatuo o sea, “ridículamente engreído o vanidoso”, según el criterio lingüístico del sabio  don Julio Casares, insiste. Del mismo modo que osó escribir un alegato infame contra Felipe González, lo que hizo en la portada de El Mundo hace unos años, ahora ha repetido la hazaña escribiendo en el mismo periódico, el que dirige Pedro J. Ramírez, aunque en esta ocasión sin acceder a los honores de la primera. Su ataque a José Luis Rodríguez Zapatero salió publicado en la página 19 del domingo 4 de marzo del año en curso. Lo titulaba ampulosamente “La libertad” y constituye un nuevo ejemplo de su exiguo talento.

Empieza así su lamentable texto: “Señor presidente, lo primero que me pidió el cuerpo al conocer su decisión fue hacerle una crítica contundente, pero las horas transcurridas, que se han hecho eternas, han ido sosegando el ánimo y produciendo una tristeza profunda”. Tras este exordio ramplón, Suárez Illana se introduce en los caminos del apostolado, acaso como tributo lejano al selecto colegio del Opus Dei donde, teniendo como compañero de estudios y hasta posiblemente de pupitre a Alejandro Agag, cursó sus estudios el hijo del por aquella época presidente de la UCD y del Gobierno de España. Veamos: “Acabo de oírle decir que su objetivo es “la defensa del valor supremo de la vida”. Suena bonito, es verdad, pero no deja de ser un error común entre aquellos que no creen en Dios ni comparten ciertos valores. Yo respeto su opinión y le pido ese mismo respeto para los que, desde puntos de vista distintos, como son la fe católica y la confianza en el individuo frente al colectivo, nos atrevemos a decirle que, una vez más, yerra.”

El teólogo torero precisa más aún en plan San Francisco de Asís: “La vida no es el valor supremo. La vida es un don de Dios que compartimos con todos los animales y vegetales que pueblan la Tierra. La profunda diferencia con todos ellos es la libertad. Y ahí es donde reside la verdadera grandeza del hombre: en la libertad que cada uno tiene para hacer el bien o el mal. En el uso de su libertad, tiene usted todo el derecho del mundo para tomar las decisiones que, en el ejercicio de sus facultades constitucionales y dentro de la ley, crea conveniente. En el uso de esa misma libertad, el miserable De Juana optó por dedicar su vida a matar y sembrar el odio y, más tarde, a seguir con el chantaje a todos los españoles y a usted mismo, escondiéndolo esta vez, bajo la forma de una supuesta huelga de hambre que no se cree nadie (…). Es difícil hacer juicios de valor, pero parece que si su primer objetivo era el de acabar con el terrorismo, hoy ya no es libre de elegir, hoy es preso de sus errores y comete otros nuevos para intentar corregir los anteriores”.

Y, finalmente, el ex candidato castellano-manchego se pone solemne y categórico. Lanza un brindis al sol. Es decir, un brindis a Rajoy. Declara enérgico Suárez Illana: “Señor presidente, nunca me he alegrado de sus errores, y mucho menos lo haría ante un caso como éste. No me atrevo hoy a darle consejos; tengo claro que no sirven de nada. Sólo quiero decirle que estoy deseando ejercer nuevamente mi libertad política ante las urnas. España necesita un presidente firme, valiente, con ideas claras y altura de miras, capaz de respetar al opositor y liderar a sus conciudadanos, todos, por derroteros alejados de la confrontación. Necesitamos un presidente capaz de hacer ver a los españoles que la política no es el arte de repartirse dinero y poder entre unos pocos, sino una permanente vocación de servicio a los demás que se traduzca en soluciones reales a los problemas reales. Y, desafortunadamente, ése no es usted”.

Menos mal que Suárez Illana, político de tres al cuarto, hijo de papá y yerno de su suegro, advierte de que la política no es el arte de repartirse dinero y poder entre unos pocos. Entre los cuales, desafortunadamente, sí está usted.

Luis G. del Cañuelo

Hemeroteca Esta semana