Nº 732 - 12 de marzo de 2007
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'Dieux: modes d'emploi'

por Miguel Ángel Aguilar

B ajo el título Dieux: modes d'emploi acaba de celebrarse en Bruselas una segunda exposición anticipatoria del proyectado "Museo de Europa". Su catálogo parecería de obligada lectura en estos tiempos ibéricos cuando nuestros hermanos en el episcopado llaman a las cruzadas de la rebelión y convocan a los centros de enseñanza que controlan las órdenes religiosas a la objeción de conciencia frente a la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Pero sobre todo cuando a través de las antenas de la cadena de radio COPE se han convertido en sembradores impuros del odio.

En su libro Por qué ganaron los aliados, que Richard Overy dedica al análisis perspicaz y definitivo de la segunda guerra mundial, al tratar de la conciencia moral como factor de la victoria escribe que "en la guerra los dioses están siempre de tu lado. Allí explica que hasta en la Unión Soviética, donde Dios había sido prohibido oficialmente, la religión renació a causa de la guerra. Señala cómo el día de la invasión alemana, el metropolitano Sergei, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, después de haber sido perseguido por las autoridades y acosado por la Liga de los Sin Dios de Emelian Yaroslavski durante años, pidió a los fieles que hicieran todo lo que pudiesen para ayudar al régimen. Su exhortación concluía exclamando "¡El Señor nos concederá la victoria!".

Así que la COPE, que de manera tan denodada combate al gobierno socialista del presidente José Luis Rodríguez Zapatero y a cuantos en la dirigencia del PP se resisten a seguir por la senda que cada mañana y cada noche trazan Federico Jiménez Losantos y César Vidal, se siente embarcada en una batalla decisiva cara a las elecciones municipales y autonómicas del próximo 27 de mayo. Necesitan la victoria de Esperanza Aguirre pero también el descalabro de su compañero de partido el Alcalde de Madrid Alberto Ruiz GaIlardón, considerado réprobo por su tendencia a no dejarse amedrentar.

Es admirable la exigencia de los obispos para designar y destituir libremente a unos profesores de religión que reciben sus estipendios de los presupuestos generales del Estado. Las pautas aplicadas para esos nombramientos en forma alguna aceptan que sean condicionadas por el Estatuto de los Trabajadores. Otra cosa es que si los despidos fueran declarados improcedentes con obligaciones indemnizatorias, el pago de las mismas se reserve a las arcas públicas. Es decir, que estamos ante un impecable ejercicio de prestidigitación que asegura a los obispos plenas facultades para la definición de idoneidad del profesorado.

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