Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 732
12/3/2007

En el mejor de los mundos

Sr. Zapatero: creo que debiera usted felicitarse de que el Partido Popular no encuentre otro tema de oposición que la política antiterrorista, lo que indica que vivimos en el mejor de los mundos. Parece que no hay ninguna otra cosa a la que oponerse, lo que es un reconocimiento de que usted lo está haciendo bien.  Recomponga pues el semblante, señor presidente, aunque comprendo su desolación del miércoles en el Senado donde le preguntaron con la sana intención de no escuchar sus respuestas, pues para eso son las preguntas. El Parlamento, que nació para parlamentar, para hablar, se ha convertido en cancha para el abucheo, un ring para una lucha libre donde ni siquiera se respetan las reglas de la lucha libre, sin más lugar para la palabra que los aullidos de la afición: ¡Mátalo! ¡Machácale! o, más amablemente: ¡Déjale  KO!

No estoy seguro de que semejante obsesión del PP sea compartida por su parroquia ni por el ciudadano medio, que quizás desconozcan que viven en el mejor de los mundos. El sistema de representación parlamentaria es el menos malo de los sistemas pero a veces adolece de estos fallos de comunicación entre representados y representantes.

Escuchando, semana a semana, en el Congreso, en el Senado, en los mítines con militancia o en escenificaciones con corrillo de funcionarios para consumo de las teles, no encuentro más reproches que los que se refieren a la supuesta complicidad con ETA. La organización terrorista se felicita de que no se hable de otra cosa. Es la reina del marketing.

Enhorabuena, presidente, por contar con una oposición tan complaciente, con un PP que no le reprocha el estancamiento de los salarios, la ampliación de las desigualdades sociales, los millones de jóvenes sin vivienda, o que España continúe a la cola de Europa en la Sociedad de la Información. Ni siquiera generan una reacción proporcionada meteduras de pata como la del vino, la discutible Ley del Cine y la mal llamada Ley de la Memoria Histórica de infausta memoria.

Si se aceptan estas deficiencias qué decir de los evidentes éxitos de su política: el dinamismo irresistible de la actividad económica, la marcha hacia la igualdad de los sexos, el espectacular aumento de las becas, o el arranque de la Ley de Dependencia; aunque no sé si este es un buen ejemplo pues en esta ley que reconoce un nuevo derecho ciudadano, este cuarto pilar del Estado del Bienestar, sí hay oposición en las autonomías controladas por el PP, lo que parece demostrar una vez más las diferencias de óptica entre Madrid y el resto de las Españas. 

No sé si lo ha hecho usted a propósito, y en ese caso me rindo ante su genio. Lo que un ciudadano vulgar como yo pensaría es que si uno no tiene muy amarrado el fin de ETA no debería hacer de ello su primera ocupación aparente. Un ciudadano de a pie como yo hubiera enfriado la percepción pública de este asunto sin, naturalmente, perderlo de vista para que no se juzgue el éxito o fracaso de un Gobierno en un terreno cuyo resultado no depende de usted. Pero yo no soy presidente y visto lo visto debo rendirme a la sutileza presidencial que ha conseguido encelar al toro popular en un señuelo letal.

En todo caso y refiriéndome a la última pelea de gallos en el Senado, no se nos arrugue, señor presidente. Usted tiene derecho a intentar el fin de ETA a su manera como han hecho sus antecesores y no es necesario ni conveniente que se arrope en un juez penitenciario para defender su decisión sobre De Juana. La opinión del magistrado apoya su decisión pero no es la causa de la misma. Usted tomó una medida difícil bajo su propia responsabilidad en consonancia con su política y no necesita esconderse tras el magistrado como si dijera:  “Yo no he sido”. El valor y hasta un cierto orgullo democrático define al verdadero líder. Y, por cierto, deje para Pepiño Blanco las estadísticas sobre lo mal que lo hizo el PP y dedíquese a explicar sus criterios en razón de su bondad intrínseca y no apelando a que ellos lo hicieron peor. 

No es un efecto buscado por el PP pero la ultraderecha saca pecho a su sombra y agita banderas del franquismo. Federico Jiménez Losantos les ha dado voz:  prefiere el aguilucho de Franco a la “hortera” enseña constitucional. Reciba usted, señor Zapatero, mi más cordial enhorabuena, pues sus errores son inmediatamente tapados por las machadas del adversario.


  José García Abad

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