En el mejor de los mundos
Sr. Zapatero: creo que debiera usted
felicitarse de que el Partido Popular no encuentre otro tema de oposición que
la política antiterrorista, lo que indica que vivimos en el mejor de los
mundos. Parece que no hay ninguna otra cosa a la que oponerse, lo que es un
reconocimiento de que usted lo está haciendo bien. Recomponga pues el
semblante, señor presidente, aunque comprendo su desolación del miércoles en el
Senado donde le preguntaron con la sana intención de no escuchar sus
respuestas, pues para eso son las preguntas. El Parlamento, que nació para
parlamentar, para hablar, se ha convertido en cancha para el abucheo, un ring para una lucha libre donde ni siquiera se respetan las reglas de la lucha
libre, sin más lugar para la palabra que los aullidos de la afición: ¡Mátalo!
¡Machácale! o, más amablemente: ¡Déjale KO!
No estoy seguro de que semejante obsesión
del PP sea compartida por su parroquia ni por el ciudadano medio, que quizás
desconozcan que viven en el mejor de los mundos. El sistema de representación
parlamentaria es el menos malo de los sistemas pero a veces adolece de estos
fallos de comunicación entre representados y representantes.
Escuchando, semana a semana, en el
Congreso, en el Senado, en los mítines con militancia o en escenificaciones con
corrillo de funcionarios para consumo de las teles, no encuentro más reproches
que los que se refieren a la supuesta complicidad con ETA. La organización
terrorista se felicita de que no se hable de otra cosa. Es la reina del
marketing.
Enhorabuena, presidente, por contar con
una oposición tan complaciente, con un PP que no le reprocha el estancamiento
de los salarios, la ampliación de las desigualdades sociales, los millones de
jóvenes sin vivienda, o que España continúe a la cola de Europa en la Sociedad de la Información. Ni siquiera generan una reacción proporcionada meteduras de pata
como la del vino, la discutible Ley del Cine y la mal llamada Ley de la Memoria Histórica de infausta memoria.
Si se aceptan estas deficiencias qué
decir de los evidentes éxitos de su política: el dinamismo irresistible de la
actividad económica, la marcha hacia la igualdad de los sexos, el espectacular
aumento de las becas, o el arranque de la Ley de Dependencia; aunque no sé si este es un buen ejemplo pues en esta ley que reconoce un nuevo derecho
ciudadano, este cuarto pilar del Estado del Bienestar, sí hay oposición en las
autonomías controladas por el PP, lo que parece demostrar una vez más las
diferencias de óptica entre Madrid y el resto de las Españas.
No sé si lo ha hecho usted a propósito, y
en ese caso me rindo ante su genio. Lo que un ciudadano vulgar como yo pensaría
es que si uno no tiene muy amarrado el fin de ETA no debería hacer de ello su
primera ocupación aparente. Un ciudadano de a pie como yo hubiera enfriado la
percepción pública de este asunto sin, naturalmente, perderlo de vista para que
no se juzgue el éxito o fracaso de un Gobierno en un terreno cuyo resultado no
depende de usted. Pero yo no soy presidente y visto lo visto debo rendirme a la
sutileza presidencial que ha conseguido encelar al toro popular en un señuelo
letal.
En todo caso y refiriéndome a la última
pelea de gallos en el Senado, no se nos arrugue, señor presidente. Usted tiene
derecho a intentar el fin de ETA a su manera como han hecho sus antecesores y
no es necesario ni conveniente que se arrope en un juez penitenciario para
defender su decisión sobre De Juana. La opinión del magistrado apoya su
decisión pero no es la causa de la misma. Usted tomó una medida difícil bajo su
propia responsabilidad en consonancia con su política y no necesita esconderse
tras el magistrado como si dijera: “Yo no he sido”. El valor y hasta un cierto
orgullo democrático define al verdadero líder. Y, por cierto, deje para Pepiño
Blanco las estadísticas sobre lo mal que lo hizo el PP y dedíquese a explicar
sus criterios en razón de su bondad intrínseca y no apelando a que ellos lo
hicieron peor.
No es un efecto buscado por el PP pero la
ultraderecha saca pecho a su sombra y agita banderas del franquismo. Federico
Jiménez Losantos les ha dado voz: prefiere el aguilucho de Franco a la
“hortera” enseña constitucional. Reciba usted, señor Zapatero, mi más cordial
enhorabuena, pues sus errores son inmediatamente tapados por las machadas del
adversario.
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