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 Nº 731 - 5 de marzo de 2007

El principio de la progresión funesta

por Carlos Berzosa

El Informe 2007: Análisis y Perspectivas Socioeconómicas de España, firmado por Bruno Estrada, coordinador de área de la Fundación Sindical de Estudios, ofrece ya en su primera página un resumen sobradamente elocuente de cuál es la situación de varios de los factores más sobresalientes de la economía española, contemplados desde el punto de vista de sus implicaciones sociales. No se trata del típico informe sobre resultados, cuentas de explotación o incremento de los beneficios de las empresas sobre el año anterior, al que estamos tan acostumbrados, sino que ofrece esa otra visión paralela, que también hay que tener en cuenta, sobre el desarrollo económico y los aspectos menos favorables que comporta.

Así, en el informe se aborda el espectacular crecimiento económico que estamos atravesando, pero se señala a la vez la insostenibilidad de un modelo de crecimiento basado en el aumento de la producción de gases de efecto invernadero; el tipo de empleo que se está creando, muchas veces precario y de baja cualificación; la necesidad de acelerar la transición hacia fuentes de energía renovables o los problemas causados por la vigente Ley del Suelo, durante la cual en los últimos ocho años el precio del suelo se ha incrementado en un 500% y está teniendo desastrosas consecuencias medioambientales y sociales, la más evidente el precio de la vivienda, inalcanzable para los jóvenes o a costa de hipotecas casi de por vida.

Informes como el elaborado por la fundación que preside Rodolfo Benito, creada e impulsada por CC.00, ofrecen esa otra perspectiva con acento en las cuestiones sociales y medioambientales, que nos advierte de los riesgos de modelos basados en una dinámica funesta consistente en no poder parar de crecer por el riesgo de retroceso, sabiendo que ese crecimiento comporta a su vez efectos dañinos, como estamos viendo con los resultados provocados por el calentamiento global fruto de la ingente emisión de gases contaminantes. Y es que vivimos atrapados en esa especie de maldición que dice: "cuanto más corras más te duela, y si te pares te mueras".

Por eso está bien que se nos recuerde que España es uno de los países que más incumple los compromisos adquiridos en el Protocolo Kioto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del calentamiento del planeta. El Protocolo de Kioto permitía a España un incremento del 15% en la emisión de estos gases en el periodo 19902012, y tan sólo hasta en el año 2005 el incremento ya ha sido superior al 53%.
Señalaré dos aspectos más en los desequilibrios en este momento dulce para la economía, en el que la tasa de paro se sitúa en el 8,3%, la más baja de nuestra historia. El primero es que la tasa de actividad femenina, el 61,8%, sigue siendo sustancialmente inferior a la masculina, un 82,4% y que la tasa de paro femenina sigue siendo claramente superior, un 11,4%, a la de los hombres, un 6,1%.

El otro aspecto, también recogido en el informe, es que de cada seis empleos creados entre 2001 y 2006, dos se han generado en la construcción y actividades inmobiliarias, algo más de dos en el comercio, hostelería, servicios domésticos y otras actividades sociales, y uno y medio en la Administración pública, educación, sanidad y transporte. Tal y como señala Bruno Estrada, esta orientación productiva hacia empleos de baja remuneración supone un mal posicionamiento competitivo de nuestro país.

Y es que, "mientras todos los discursos se centran en la necesidad de orientar la estructura productiva de España hacia los sectores de alto contenido tecnológico, alta cualificación de los trabajadores y por tanto buenas condiciones de trabajo y salariales, la realidad va en sentido contrario. No parece sostenible que en el futuro el valor añadido generado por los sectores de la construcción y actividades inmobiliarias siga suponiendo, como en la actualidad, el 90% del valor añadido industrial de nuestro país".

Hay que recordar que el esfuerzo tecnológico de nuestro país es apenas la mitad de la media de la UE15, un 1% del PIB, mientras que Finlandia y Suecia, países que compatibilizan una alta competitividad de sus productos y un fuerte estado del bienestar, tienen tasas de gasto en I+D+i de un 3,5% del PIB.

Espero que el Año de la Ciencia sirva para dar un empuje en la buena dirección.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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