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Nº 731
5/3/2007
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¿Intelectuales?

Por José María Benegas

Hace dos semanas hice una referencia crítica y dura contra el mal gusto de un intelectual al hacer una referencia inaudita aludiendo a las hijas del presidente del Gobierno. Más allá de este tema concreto, el episodio me ha inducido a la reflexión, siempre viva, sobre el papel de los intelectuales que pretenden influir en las opiniones públicas, en el acontecer diario y en el destino general de los países.

En un magnífico trabajo sobre el tema publicado en la Revista de Libros, n° 119, "Intelectuales: ¿especie en peligro?", Rafael del Águila cita a Richard Josner, que sitúa la cuestión sobre la calidad de los intelectuales públicos señalando "que son muy poco cuidadosos con los hechos, a menudo inexactos en sus apreciaciones, están mal informados, tratan sobre todo de ser originales e impresionar a su audiencia". Las generalizaciones no son buenas y conducen a análisis erróneos, porque de todo hay en la viña del Señor, pero sí estoy de acuerdo con Rafael del Águila cuando señala "que la jerga de la irresponsabilidad existe y goza de una excelente salud".

El intelectual –desde mi punto de vista– siempre corre el riesgo de convertirse en "productor de verdades absolutas" cuando abandona su tarea de "iniciador de debates" para convertirse en "formulador de soluciones unívocas y dogmáticas" fuera de las cuales sólo existen malvados seres equivocados.

El radicalismo con el que se abordan los debates en España, tomando partido antes de plantear las dudas y aportar argumentos abiertos, convierten al intelectual en "centinela de la pureza", lo cual generauna extremada rigidez con la disidencia y la proliferación de una cultura de la sospecha frente a todos aquellos que ponen en cuestión la hegemonía de ciertas verdades". El debate planteado desde el respeto, la cordialidad en las formas, y la riqueza de los argumentos está siendo sustituido en nuestro país por la diatriba descalificatoria, abundante en epítetos despreciativos, y escasa en ideas merecedoras de una reflexión. Me estoy refiriendo al intelectual público entendido como celebridad, ("The intellectual as celebrity" en expresión de Lewis Loser, como señala Rafael del Águila en el estudio precitado), no al intelectual cuya obra o aportación es producto de la investigación o de la reflexión acumulada desde el trabajo paciente y discreto, al menos hasta que ve la luz.

Es preciso superar definitivamente a los intelectuales que en el pasado nos ofrecieron utopías "cerradas", que desembocaron –según Russell Jacoby– "en las peores pesadillas del siglo XX (los totalitarismos fascistas y comunistas) y que amenaza seriamente al siglo XXI (los identitarios terroristas o los nacionalistas radicales)". Desde esta perspectiva Rafael de Águila cita el manifiesto de Euston, elaborado por intelectuales que reivindican la democracia, el pluralismo, la crítica y el diálogo abierto, la oposición a la tiranía cualquiera que sea su fórmula y propugnan el alejamiento del dogmatismo, del pensamiento único o la formulación de utopías cerradas.

Concluye el profesor Rafael del Águila su trabajo señalando que "abandonar una metafísica de lo indudable no es sino dejar de lado eldogmatismo y hacer de la reflexividad y la discusión mutua la fuente de nuestra vida política. Los nuevos intelectuales se convertirían, así, en cuidadores del logos, de la palabra, del discurso y, al mismo tiempo, inevitablemente, también del ámbito de libertades que les permite florecer. Ciudadanos del mundo, y del logos que lo que lo habita, refinando y puliendo el lenguaje ordinario que genera el medio democrático en el que vivimos, porque esas son precisamente hoy nuestras obligaciones".

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Ségoléne Royal cierra filas en el PSF. El lanzamiento de la campaña de Sarkozy ha sido muy fuerte y con alarde de abundantes medios económicos. Este arranque del candidato de la derecha ha obligado a Ségoléne Royal a remodelar su equipo de campaña incorporando a sus adversarios en las primarias y a los dirigentes más representativos del PSF. Ahora forman parte del equipo electoral Lionel Jos-pin, Laurent Fabius, Pierre Mauroy, Strauss-Kahn, Martin Aubry, H. Emmanuelli, Bernard Kouchner, Jack Lang y el propio Françoise Hollan-de, es decir, todos. Además, Royal mantiene un pacto y una relación de privilegio con Chévenement, que en la primera vuelta de las pasadas elecciones presidenciales obtuvo un 6% de los votos contribuyendo a la derrota de Lionel Jospín, así como con Michel Baylet, dirigentes de los radicales de izquierda. Paso a paso Ségoléne Royal está avanzando hacia el reagrupamiento de las fuerzas de izquierdas para afrontar unas elecciones que se presentan en principio muy disputadas, al menos a día de hoy.

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