Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 731
5/3/2007

Kilowatios altamente politizados

La irrupción de la eléctrica pública italiana Enel en la lucha por el control de Endesa ha reforzado la internacionalización del conflicto. En este caso la controversia Unión Europea-Estado miembro ha sido superada por una política de alianzas que recuerda  las que se formaron antes de las guerras mundiales y que elevaron las pugnas nacionales a conflictos universales. Afortunadamente los conflictos de hoy son sólo económicos y la sangre no llega ni al Sena ni al Rhin, pero el nacionalismo sigue vivo.

Tras la entrada en liza de la eléctrica italiana se ha formado un eje hispano-italiano frente a la hegemonía alemana. Zapatero, que se había quejado ante la canciller Merkel de que Wulf Bernotat no le informara de las intenciones de E.ON, se reunió en Ibiza el pasado día 20 con el presidente italiano Romano Prodi, con quien pudo pactar alianzas industriales en varios frentes: la entrada de Enel en Endesa, la presencia de Telefónica en Telecom Italia, facilidades para la fusión de las concesionarias de autopistas Abertis con Autostrade y quién sabe si la entrada de la petrolera ENI en Repsol YPF.

Sin embargo, en el caso Endesa el enfrentamiento es de guerra  civil con aliados internacionales por parte de cada bando. Zapatero no se ha dado por vencido en su propósito de mantener bajo bandera española una joya industrial que considera estratégica como hacen Italia y Alemania;  Italia le ha mandado a La Moncloa al comando Enel mientras el Partido Popular cierra filas para conservar su influencia aunque la compañía caiga en manos alemanas; una  paradoja para una derecha para la que España es lo único importante.

Ya ni siquiera resulta chocante que en una pugna de intereses industriales los nombres propios más destacados sean Romano Prodi, Ángela Merkel, José Luis Rodríguez Zapatero, Joan Clos, José María Aznar y Esperanza Aguirre mientras que los actores empresariales: Manuel Pizarro, José Manuel Entrecanales y Miguel Blesa aparezcan encuadrados en las filas del PSOE o del PP .

Al ministro Clos se le calentó la boca en la SER al anunciar  “una solución española” para Endesa, algo que nunca debe decir un ministro de la Unión Europea. José Blanco, secretario de Organización del PSOE y guardián  de Ferraz, le dio un corte al ministro: “Clos ha demostrado una gran intuición pero lo que es información no tenía ninguna”. Algo que fue desmentido inmediatamente por el reconocimiento oficial por parte de Enel ante la CNMV de que Fulvio Conti, consejero delegado de esta empresa, se había reunido el pasado 16 de febrero  con el ministro de Industria español y con el director de la Oficina Económica del presidente del Gobierno, David Taguas.

El fracaso de la OPA de Gas Natural generó malestar en Cataluña y en el PSOE y ha enajenado a ZP el respeto de la clase económica.  A los empresarios no les gusta el intervensionismo pero menosprecian a un Gobierno que, puesto a ello, sea incapaz de salirse con la suya, que sea impotente para desarrollar una determinada política. Lo cierto es que ZP no ha dado una en las operaciones abordadas y abortadas para desplazar a la gente puesta por Aznar, con la excepción del relevo de Alfonso Cortina en  Repsol YPF, una empresa que, por cierto, no sé en qué manos terminará cayendo. Ahora resulta que Luis del Rivero, que no fue capaz de sacar adelante su asalto al BBVA, “es uno de los nuestros”  para el PSOE. Veremos si Del Rivero, un oportunista de larga ejecutoria en el PP –véase la portada de El Siglo, Nº 716: “A Del Rivero se le ve el plumero”–, se hace o no con la petrolera.

En el asunto de Endesa, el PP está jugando sus cartas sin complejos. Las discrepancias de algunos dirigentes que veían difícil de explicar el apoyo a la alemana –entre ellos Rajoy y Esperanza Aguirre– se han rendido ante el diktat de Aznar. El presidente de FAES frustró en el ultimo momento una operación hispana impidiendo que Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid, entidad que posee el 10 por ciento de la eléctrica, participara en ella.

La compra del 10 por ciento por parte de Enel y más si consigue el 25 por ciento anunciado, pondría muy difícil a E.ON el control de la primera eléctrica hispana. Nada es ahora seguro y lo mismo mientras escribo estas líneas de urgencia se han fraguado otros acuerdos y se han aparcado otros paquetes accionariales. Mientras tanto, los accionistas se frotan las manos.

  José García Abad

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