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Nº 730 - 26 de febrero de 2007

Enrique Miret Magdalena, autor de “Creer o no creer”

“Los obispos no deben meterse en política”

Teólogo, periodista, escritor, conferenciante y gran conocedor de la Iglesia y de la sociedad española, Enrique Miret Magdalena lleva medio siglo escribiendo artículos en las principales cabeceras sobre sociología, economía, política y, sobre todo, religión. En Creer o no creer. Hacia una sociedad laica (Aguilar) recopila un buen número de sus textos para ofrecer una mirada crítica sobre el acontecer de un país y de un mundo donde los cambios no han sido todo lo buenos y rápidos que se esperaba. Miret Magdalena advierte sobre los efectos nocivos de la globalización, asegura que en España aún no ha desaparecido el clericalismo y lamenta que los obispos se inmiscuyan en cuestiones políticas “que no les corresponden”. El teólogo, primer seglar en presidir la Asociación Juan XXIII, considera que la fe no se debe transmitir en las escuelas, y recuerda que el catolicismo experimentó su mayor desarrollo cuando
ni siquiera existían los catecismos.

Por V. M.

El debate sobre la asignatura de religión, ¿es real o forma parte del cisma que parece haberse abierto en esta legislatura entre la izquierda y la derecha?

—No se ha meditado lo suficiente sobre la nueva situación en que se encuentra España. La llegada de inmigrantes está influyendo mucho, sobre todo en las grandes ciudades. Por tanto, la educación tendría que estar en consonancia con lo que eso representa en el país. Mi opinión es que en la escuela pública no debería haber enseñanza religiosa para transmitir la fe; sólo divide el país y dificulta la convivencia. En las escuelas públicas debería enseñarse una moral natural que todos podrían admitir. Por ejemplo la famosa regla de oro: no hagas a los demás lo que no quieras para ti. Otra cosa es que se imparta una historia cultural de las religiones. Pero de todas las religiones, porque aquí en España, para entender nuestro arte, nuestra literatura y nuestro pensamiento, se necesita conocer la influencia que han tenido las religiones judía, islámica y católica. Pero no se trata de transmitir la fe o imponerla.

—¿Se puede ser católico y querer una escuela laica?

—Así ha sido durante siglos en el mundo cristiano. La religión la enseñaba la familia, los grupos religiosos, el arte, incluso el teatro; ahí están los autos sacramentales de Calderón. Pero no se enseñaba en las escuelas. Ni siquiera había catecismos; los primeros no aparecen hasta el siglo XIII. Y a pesar de ello, al cristianismo le fue muy bien, porque cuando más se desarrolló fue precisamente en esas épocas en las que no había enseñanza religiosa en las escuelas.

—¿Qué le parece que Zapatero abogue por un Estado laico?

—Debe haber libertad de expresión, diálogo y fomento de la convivencia entre personas de distintas ideologías. Si esto es lo que quiere hacer Zapatero, bien estará. Si no, tendría que rectificar y hacerlo de esta manera, la única práctica y viable en nuestro mundo actual.

—¿Qué opina de que por primera vez los obispos hayan salido a la calle a manifestarse contra la política del Gobierno socialista?

—Me parece muy mal que los obispos intervengan en la política, eso es cosa de los ciudadanos. Ya nuestros grandes autores del Siglo de Oro decían que las leyes civiles no tenían que abarcar toda la moral católica, sino que debían estar pensadas para cualquier ciudadano. Parece que nuestros obispos quieren olvidarlo, pero deberían pensar en ello y no meterse en cuestiones políticas que no les corresponden. Que cada cual participe en las manifestaciones que crea conveniente, pero los obispos no. Ni el clero. Como decía el Concilio Vaticano II, el seglar en la Iglesia es mayor de edad, por tanto somos nosotros los que tenemos que decidir lo que queremos hacer en el campo político, sea en relación con la religión o en relación con el resto de intereses personales.

—Además de su postura frente a las clases de religión, la Iglesia se opone a otras tantas decisiones políticas. La Iglesia parece discurrir por un camino, y el resto de la sociedad por otro. ¿Está perdiendo fieles por eso? ¿La Iglesia, la religión está en crisis?

—La Iglesia, la Iglesia que manda, no se apea de la idea de los privilegios que tuvieron en otras épocas. El clericalismo es muy negativo, y aquí en España no ha terminado del todo.

—¿Qué opinión le merece el presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo Blázquez, y el núcleo duro formado por Rouco, Cañizares y Martínez Camino?

—Debería haber una Conferencia Episcopal más abierta, en consonancia con los tiempos que corren, y los nombres que me ha dicho no se corresponden con eso. Me merecen todos mis respetos, pero no tengo por qué seguirlas. Además, se deberían callar. Hace ya tiempo, Messori, un famoso escritor italiano católico, conservador y muy inteligente, estudió los documentos que la Iglesia había publicado durante 20 siglos y se encontró con la sorpresa de que en el siglo XX había publicado más que en los 19 anteriores. Parece anómalo que en el mundo presente tengamos esa presión de los obispos. Por eso creo que por mucho que publiquen, al final nadie les hace caso. Messori decía que durante siete años deberían callarse para dejar hablar a los seglares.

—No sólo habla de religión en su libro Creer o no creer. También habla de asuntos que están en la agenda política. ¿Qué opina por ejemplo de la globalización?

—Tendríamos que analizarla con más cuidado. Bueno es que haya libertad para todos, pero una libertad realmente sana, una libertad respetuosa con el pensamiento y las decisiones de unos y de otros. Sin embargo, la globalización es la libertad a ultranza, de tal manera que no existe freno alguno a las exageraciones que puedan ocurrir. ¿Qué sucede entonces? Que en vez de favorecer a los más débiles, en realidad está beneficiando a quienes tienen facilidad para apoderarse de la economía y tantas otras cosas. Para entender lo que quiero decir sobre la globalización recordaría un refrán francés que dice: “el zorro libre, en el gallinero libre”. Por tanto, el zorro se come a las gallinas. Esto es lo mismo; mucha libertad, pero para que los poderosos se apoderen de los débiles.

—En el libro también habla de personajes internacionales de primer orden. Por ejemplo del Papa. ¿Cómo ve a Benedicto XVI? ¿Es un Pontífice de transición o dejará huella?

—Eso ya lo veremos. Como dice muy bien el teólogo Hans Küng, un hombre muy crítico castigado por la Santa Sede y curiosamente compañero de Ratzinger en la Universidad, hay que dar tiempo al tiempo pasa comprobar si efectivamente no nos defrauda. De momento ha empezado a hacer algunos cambios muy modestos. Los católicos o los que estamos interesados en el desarrollo del cristianismo tenemos que animar a este Papa a que haga lo que decía siendo cardenal en sus entrevistas, donde hablaba de la reforma de la estructura de la Iglesia o de la crisis religiosa en el mundo presente. Porque ya es hora de que los seglares podamos intervenir en lo que hacemos desde el punto de vista religioso. Voy a contar aquí una anécdota muy curiosa. En la época antigua, en la celebración de la misa, tras la homilía del sacerdote se abría un diálogo con los asistentes para que manifestaran si estaban o no de acuerdo o si querían añadir o modificar algo. No sé si ahora sería oportuno hacerlo, pero esto revela que entonces no éramos tan cerrados como somos ahora. Voy a contar otro detalle; hace muchos años, un jesuita con el que solíamos reunirnos un grupo de amigos nos decía que no estuviéramos tan preocupados por lo que decían los obispos, porque en realidad no hacen falta para nada; ellos no pueden decir más que lo que dice el evangelio, y si sabíamos leer, los obispos, para los que no sepan.

—También habla de Bush. Parece difícil no hacerlo teniendo en cuenta el alcance mundial de sus decisiones.

—Me parece un tonto pretencioso. Se ha querido comer Afganistán y fíjese lo que ha hecho en Afganistán. Se ha querido comer Iraq y fíjese lo que ha hecho en Iraq. Y no sabe salir de eso, a pesar de que en Estados Unidos ya le están pidiendo que frene el envío de soldados a la muerte. Parece que los vientos de Bush corren mal en el futuro y será difícil que le elijan otra vez presidente.

—¿Estamos regresando a un nuevo fundamentalismo?

—Una cosa es lo que pasa en las alturas, y yo diría en la estructura, y otra muy distinta lo que pasa entre la gente. No hay más que pensar en España, donde en pocos años se ha producido una crisis religiosa muy importante. Aquí todo el mundo era más o menos católico y ahora resulta que, según las estadísticas, lo es el 80%. Y de ese porcentaje, la mitad no practica y no sigue los dictados de Roma. Entonces, ¿dónde está el catolicismo? En una pequeña minoría de personas obedientes. Los demás quieren tener mayor libertad y vivir con arreglo a su propia razón y conciencia.

—En el libro recoge sus reflexiones sobre los últimos días de Enrique Tierno Galván.

—Antes de su muerte, estando ya muy enfermo, les dijo a los periodistas que cubrían la información del Ayuntamiento que seguiría acudiendo a la Alcaldía mientras pudiera, y que cuando no fuera así le metieran en un hospital, pero que no prolongaran su vida con esto que se llama ensañamiento terapéutico. Esto es lo que dice también la Iglesia. El Papa Pío XII habló de esta posibilidad, de modo que es legítimo que el católico piense en la eutanasia indirecta.

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