Enrique Miret Magdalena, autor de “Creer
o no creer”
“Los obispos no deben meterse en
política”
Teólogo, periodista, escritor,
conferenciante y gran conocedor de la Iglesia y de la sociedad española, Enrique Miret Magdalena lleva medio siglo escribiendo artículos en las
principales cabeceras sobre sociología, economía, política y, sobre todo,
religión. En Creer o no creer. Hacia una sociedad laica (Aguilar) recopila un
buen número de sus textos para ofrecer una mirada crítica sobre el acontecer de
un país y de un mundo donde los cambios no han sido todo lo buenos y rápidos
que se esperaba. Miret Magdalena advierte sobre los efectos nocivos de la
globalización, asegura que en España aún no ha desaparecido el clericalismo y
lamenta que los obispos se inmiscuyan en cuestiones políticas “que no les
corresponden”. El teólogo, primer seglar en presidir la Asociación Juan XXIII, considera que la fe no se debe transmitir en las escuelas, y recuerda
que el catolicismo experimentó su mayor desarrollo cuando
ni siquiera existían
los catecismos.
Por V. M.
El debate sobre la asignatura de
religión, ¿es real o forma parte del cisma que parece haberse abierto en esta
legislatura entre la izquierda y la derecha?
—No se ha meditado lo suficiente sobre la
nueva situación en que se encuentra España. La llegada de inmigrantes está
influyendo mucho, sobre todo en las grandes ciudades. Por tanto, la educación
tendría que estar en consonancia con lo que eso representa en el país. Mi
opinión es que en la escuela pública no debería haber enseñanza religiosa para
transmitir la fe; sólo divide el país y dificulta la convivencia. En las
escuelas públicas debería enseñarse una moral natural que todos podrían
admitir. Por ejemplo la famosa regla de oro: no hagas a los demás lo que no
quieras para ti. Otra cosa es que se imparta una historia cultural de las
religiones. Pero de todas las religiones, porque aquí en España, para entender
nuestro arte, nuestra literatura y nuestro pensamiento, se necesita conocer la
influencia que han tenido las religiones judía, islámica y católica. Pero no se
trata de transmitir la fe o imponerla.
—¿Se puede ser católico y querer una
escuela laica?
—Así ha sido durante siglos en el mundo
cristiano. La religión la enseñaba la familia, los grupos religiosos, el arte,
incluso el teatro; ahí están los autos sacramentales de Calderón. Pero no se
enseñaba en las escuelas. Ni siquiera había catecismos; los primeros no
aparecen hasta el siglo XIII. Y a pesar de ello, al cristianismo le fue muy
bien, porque cuando más se desarrolló fue precisamente en esas épocas en las
que no había enseñanza religiosa en las escuelas.
—¿Qué le parece que Zapatero abogue por
un Estado laico?
—Debe haber libertad de expresión,
diálogo y fomento de la convivencia entre personas de distintas ideologías. Si
esto es lo que quiere hacer Zapatero, bien estará. Si no, tendría que
rectificar y hacerlo de esta manera, la única práctica y viable en nuestro
mundo actual.
—¿Qué opina de que por primera vez los
obispos hayan salido a la calle a manifestarse contra la política del Gobierno
socialista?
—Me parece muy mal que los obispos
intervengan en la política, eso es cosa de los ciudadanos. Ya nuestros grandes
autores del Siglo de Oro decían que las leyes civiles no tenían que abarcar
toda la moral católica, sino que debían estar pensadas para cualquier
ciudadano. Parece que nuestros obispos quieren olvidarlo, pero deberían pensar
en ello y no meterse en cuestiones políticas que no les corresponden. Que cada
cual participe en las manifestaciones que crea conveniente, pero los obispos
no. Ni el clero. Como decía el Concilio Vaticano II, el seglar en la Iglesia es mayor de edad, por tanto somos nosotros los que tenemos que decidir lo que
queremos hacer en el campo político, sea en relación con la religión o en
relación con el resto de intereses personales.
—Además de su postura frente a las clases
de religión, la Iglesia se opone a otras tantas decisiones políticas. La Iglesia parece discurrir por un camino, y el resto de la sociedad por otro. ¿Está perdiendo
fieles por eso? ¿La Iglesia, la religión está en crisis?
—La Iglesia, la Iglesia que manda, no se apea de la idea de los privilegios que tuvieron en otras épocas. El
clericalismo es muy negativo, y aquí en España no ha terminado del todo.
—¿Qué opinión le merece el presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo Blázquez, y el núcleo duro formado por Rouco, Cañizares y
Martínez Camino?
—Debería haber una Conferencia Episcopal
más abierta, en consonancia con los tiempos que corren, y los nombres que me ha
dicho no se corresponden con eso. Me merecen todos mis respetos, pero no tengo
por qué seguirlas. Además, se deberían callar. Hace ya tiempo, Messori, un
famoso escritor italiano católico, conservador y muy inteligente, estudió los
documentos que la Iglesia había publicado durante 20 siglos y se encontró con
la sorpresa de que en el siglo XX había publicado más que en los 19 anteriores.
Parece anómalo que en el mundo presente tengamos esa presión de los obispos.
Por eso creo que por mucho que publiquen, al final nadie les hace caso. Messori
decía que durante siete años deberían callarse para dejar hablar a los
seglares.
—No sólo habla de religión en su libro
Creer o no creer. También habla de asuntos que están en la agenda política.
¿Qué opina por ejemplo de la globalización?
—Tendríamos que analizarla con más
cuidado. Bueno es que haya libertad para todos, pero una libertad realmente
sana, una libertad respetuosa con el pensamiento y las decisiones de unos y de
otros. Sin embargo, la globalización es la libertad a ultranza, de tal manera
que no existe freno alguno a las exageraciones que puedan ocurrir. ¿Qué sucede
entonces? Que en vez de favorecer a los más débiles, en realidad está
beneficiando a quienes tienen facilidad para apoderarse de la economía y tantas
otras cosas. Para entender lo que quiero decir sobre la globalización
recordaría un refrán francés que dice: “el zorro libre, en el gallinero libre”.
Por tanto, el zorro se come a las gallinas. Esto es lo mismo; mucha libertad,
pero para que los poderosos se apoderen de los débiles.
—En el libro también habla de personajes
internacionales de primer orden. Por ejemplo del Papa. ¿Cómo ve a Benedicto
XVI? ¿Es un Pontífice de transición o dejará huella?
—Eso ya lo veremos. Como dice muy bien el
teólogo Hans Küng, un hombre muy crítico castigado por la Santa Sede y curiosamente compañero de Ratzinger en la Universidad, hay que dar tiempo al tiempo pasa comprobar si efectivamente no nos defrauda. De momento ha empezado a
hacer algunos cambios muy modestos. Los católicos o los que estamos interesados
en el desarrollo del cristianismo tenemos que animar a este Papa a que haga lo
que decía siendo cardenal en sus entrevistas, donde hablaba de la reforma de la
estructura de la Iglesia o de la crisis religiosa en el mundo presente. Porque
ya es hora de que los seglares podamos intervenir en lo que hacemos desde el
punto de vista religioso. Voy a contar aquí una anécdota muy curiosa. En la
época antigua, en la celebración de la misa, tras la homilía del sacerdote se
abría un diálogo con los asistentes para que manifestaran si estaban o no de
acuerdo o si querían añadir o modificar algo. No sé si ahora sería oportuno
hacerlo, pero esto revela que entonces no éramos tan cerrados como somos ahora.
Voy a contar otro detalle; hace muchos años, un jesuita con el que solíamos
reunirnos un grupo de amigos nos decía que no estuviéramos tan preocupados por
lo que decían los obispos, porque en realidad no hacen falta para nada; ellos
no pueden decir más que lo que dice el evangelio, y si sabíamos leer, los
obispos, para los que no sepan.
—También habla de Bush. Parece difícil no
hacerlo teniendo en cuenta el alcance mundial de sus decisiones.
—Me parece un tonto pretencioso. Se ha
querido comer Afganistán y fíjese lo que ha hecho en Afganistán. Se ha querido
comer Iraq y fíjese lo que ha hecho en Iraq. Y no sabe salir de eso, a pesar de
que en Estados Unidos ya le están pidiendo que frene el envío de soldados a la
muerte. Parece que los vientos de Bush corren mal en el futuro y será difícil
que le elijan otra vez presidente.
—¿Estamos regresando a un nuevo
fundamentalismo?
—Una cosa es lo que pasa en las alturas,
y yo diría en la estructura, y otra muy distinta lo que pasa entre la gente. No
hay más que pensar en España, donde en pocos años se ha producido una crisis
religiosa muy importante. Aquí todo el mundo era más o menos católico y ahora
resulta que, según las estadísticas, lo es el 80%. Y de ese porcentaje, la
mitad no practica y no sigue los dictados de Roma. Entonces, ¿dónde está el
catolicismo? En una pequeña minoría de personas obedientes. Los demás quieren
tener mayor libertad y vivir con arreglo a su propia razón y conciencia.
—En el libro recoge sus reflexiones sobre
los últimos días de Enrique Tierno Galván.
—Antes de su muerte, estando ya muy
enfermo, les dijo a los periodistas que cubrían la información del Ayuntamiento
que seguiría acudiendo a la Alcaldía mientras pudiera, y que cuando no fuera
así le metieran en un hospital, pero que no prolongaran su vida con esto que se
llama ensañamiento terapéutico. Esto es lo que dice también la Iglesia. El Papa Pío XII habló de esta posibilidad, de modo que es legítimo que el católico
piense en la eutanasia indirecta. |