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Conversaciones en Pekín
Por fortuna las conversaciones en Pekín sobre el programa nuclear de Corea del Norte reanudadas con ciertos signos de optimismo, llegaban el martes pasado a un final feliz.' Pyongyang y Washington han contraído un compromiso por el que el régimen de Kim Jong-il cerraría el reactor nuclear de Yongbyon, recibiendo a cambio recursos energéticos y alimentarios, sin que falte la oferta de alguna garantía de seguridad política. Además, se aceptaría la intervención de los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (ATEA) para vigilar las instalaciones nucleares. Tal acuerdo, pendiente de confirmación en las capitales afectadas ha sido posible en buena medida a la convergencia de posiciones de chinos y estadounidenses, que habrían presentado a los otros cuatro países que negocian en Pekín , –las dos Coreas, Japon y Rusia–, una propuesta capaz de frenar las ambiciones nucleares de Pyongyang, de rebajar las suspicacias de un régimen que se considera ame-, nazado, y de proporcionar ayuda a" una población que desesperadamente la necesita. Suele ser inútil esperar resultados rápidos y definitivos en un tema tan sensible como el de la política nuclear de determinados países, más aún con uno en situación tan crítica como Corea del Norte, dictadura de comportamiento imprevisible que acostumbra imaginar odiosas conspiraciones y peligros inminentes.
Al realizar su primera prueba nuclear, octubre de 2006, Corea del Norte se acercó al mismo borde del precipicio y tensó al máximo la cuerda del chantaje, siguiendo un tipo de comportamiento que, llevado esta vez a su punto más extremo, tiene los mismos componentes conocidos en cualquier paísque se estrena con el arma nuclear. Ya en febrero de 2005 anunció que se hallaba en posesión de la bomba, y al probarla año y medio más tarde, Corea del Norte se convirtió en el quinto país de la zona, después de Rusia, China, Pakistán e India, en disponer de armas nucleares y de haberlas probado. Entre los países del club nuclear en expansión los hay con reputación de respetabilidad y buen juicio. Hay otros, innecesario citarlos, que ni pueden ser considerados como respetables, ni tampoco parecen capaces de actuar con sensatez. Temidos unos y otros países, intocables todos, más pavor suscitan éstos últimos, de gatillo fácil y sospechosos de beneficiarse con, y promover, el contrabando de productos nucleares sin calcular sus consecuencias, en definitiva, dispuestos a morir matando y a malgastar inmensos recursos materiales que necesita su población con mayor urgencia, pero no para armas nucleares.
Muy difícil actuar con estos regímenes y estas mentalidades, inútil perder los estribos y peligroso recurrir a la solución militar con quien presume de no tener nada que perder. El arma nuclear se renueva con ellos, ¡y de qué manera tan frenética!, sus conocidos atributos de inmunidad y temor reverencial, que además completa con los relativos a la independencia, la soberanía, el patriotismo y el derecho a la bomba. Imposible no pensar en Irán. Por si fuera poco temible en sí misma, la bomba se constituye también en anhelo de los países desposeídos y reprimidos por la insoportable dominación de Occidente, una forma de deshacer el resentimiento histórico. Porque el desarme de Corea del Norte es necesario para la paz mundial, todo ese entramado de motivaciones telúricas y de exigencias intolerables se ha dejado de lado en las largas conversaciones, a sabiendas de que pormucho que tarden en surtir efectos, si es que los surten, peor es levantarse de la mesa y suministrar razones para la paranoia y la agresividad. La larga serie de provocaciones de Corea del Norte, con el lanzamiento de misiles y la prueba nuclear, ha servido para evidenciar el peligro y tener mucho cuidado en tratarlo, pero no para unificar las posiciones de los otros cinco países que se han sentado en Pekín. Todo acuerdo alcanzado se ha interpretado de diversa manera, comenzando por la Resolución 1718 del Consejo de Seguridad, pese a que fue adoptada por unanimidad.
Sí se logró el 31 de octubre del año pasado, que Corea del Norte, ya potencia nuclear del todo, volviera a la silla. Bienvenido sea el proceso diplomático, que sólo tendrá éxito si se configura sobre una serie subterránea de acuerdos bilaterales, entre los Estados Unidos y China, y entre cada uno de ellos con Corea del Norte, en que se entiendan sus motivos y necesidades de seguridad y ayuda y Pyongyang consienta en el desarme y las inspecciones de la AIEA. Hasta ahora Rusia, China y Corea del Sur se han mostrado partidarios de suavizar las sanciones de las Naciones Unidas, al contrario que Japón y los Estados Unidos. Cada país mide de manera diferente el riesgo norcoreano, lo tiene más cerca o más lejos, y maneja sus propios intereses al responder al problema. Los Estados Unidos y Japón se preocupan, en especial, de la amenaza del arma nuclear y de los misiles, también de los derechos humanos y los secuestros. Rusia, China y Corea del Sur preferirían una negociación directa entre Washington y Pyongyang. Es muy probable en cualquier caso que el camino se despeje por el entendimiento entre China y los Estados Unidos, llave para desarmar por las buenas a Corea del Norte.
Ignacio Rupérez
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