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| Nº 729 - 19 de febrero de 2007 |
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Repudio a la tibieza
por Miguel Ángel Aguilar Se lee en el evangelio aquella frase terrible: "Porque no eres ni frío ni caliente; porque eres tibio, estoy a punto de vomitarte de mi boca". En esa situación parecería encontrarse la Moncloa en relación con el diario El País y el conjunto del grupo Prisa. Últimos viajeros llegados de palacio dan cuenta del malestar creciente que se detecta en el entorno del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por la falta de entusiasmo observada en el periódico de la calle Miguel Yuste, buque insignia del conglomerado que encabeza Jesús de Polanco. Dicen quienes están en la pomada que frente a la orquestación admirable de los adversarios mediáticos del Gobierno, que cada mañana, cada mediodía, cada tarde y cada noche se lanzan a la explotación de la insidia, los que suponen amigos en sintonía reaccionan con notable tibieza. Que algunos columnistas lanzan salvas de comprensión pero que la línea editorial desfallece en la defensa debida de las posiciones gubernamentales. Se quejan de la asimetría que padecen y están decididos a remediarla promoviendo la próxima aparición de un nuevo diario que se llamará Público y que estará en los quioscos en el mes de octubre. Público tiene detrás a los incondicionales de La Sexta con gentes tan relevantes como Miguel Barroso, José Miguel Contreras y Roures, el hombre que ha duplicado el precio de los partidos de fútbol y ha conseguido arrebatárselos a Canal +. Se situará a la izquierda de El País con el objetivo inicial de alcanzar los 40.000 ejemplares en los meses previos a las elecciones generales de 2008. Nace para brindar un apoyo irrestricto al Gobierno de ZP sin esas medias tintas que tanta abominación producen. Los actuales titulares del poder político se sienten desamparados y han concluido que están necesitados de adhesión inquebrantable. Una adhesión que no se vea alterada por los errores en los que Moncloa pudiera incurrir. Daría la impresión de que volvemos a los tiempos en que José Miguel Ortiz Bordas escribía que disidencia es sinónimo de decadencia y en que la crítica es recibida como traición. Todo lo anterior para nada significa retirar los cariños que se profesan al capitán de las insidias mediáticas con el que se mantiene por parte de ZP hilo directo y conexión permanente de teléfono móvil. Porque según la recta doctrina carece de sentido heredar odios anteriores. Pelillos a la mar y presencia en los fastos de Unedisa a propósito del número 100 de una revista de historia, mientras la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega se deja premiar por jotapedro. Moncloa en absoluto quiere verse constreñida en la manifestación de sus afectos y tampoco entiende que esa distribución que se reserva pueda ser causa de celotipias en quienes deberían permanecer, como gusta decir Carlos Mendo, en primer tiempo de saludo. Se sobreentiende que al diario El País le corresponde asentir y defender como valeroso escudero al caballero andante que es Zapatero. A partir de ahí, cualquier signo de desapego pasa a considerarse inaceptable. Aún recuerdo al almirante Liberal Lucini, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor que tanta admiración profesaba a las ventajas del Pacto de Varsovia por su indiscutida unidad mientras que la OTAN se veía debilitada por tantas diversidades, desde el armamento a la doctrina. Luego se vio quién resistía mejor el paso del tiempo. Porque las adhesiones incondicionales terminan por no ser lo que parecen. |
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