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Días feriados
En tiempos de crispación, hasta por gustos, sobre lo que no hay nada escrito. Cuando el mejor argumento es el viejo infantil de tú más o yo me lo he pedido antes. Nos ha apetecido charlar de ocio y regocijo, de fiestas. Hace 30 años el bueno de febrero era un mes insulso, seguido, aburrido, loco, que se salvaba por cortito y que cada cuatro años recogía un día excepcional. De repente han empezado a extenderse por doquiera fiestas para alegrarlo. Las águedas (día de la mujer con mando), Carnaval, Semana Blanca y en Andalucía el 28 de febrero. Es la respuesta típica española: no quieres café, pues toma dos tazas. Las fiestas locales se van haciendo nacionales, la Feria de Abril, el Rocío. Aunque hay una que es imposible que se generalice. Adivina cuál. Pues está más claro que el agua. El día de San Jorge, o de San Jordi, en que se regalan rosas y libros. Lo de la rosa acabará por hacerse en todas partes, lo del libro es imposible. Si vamos repasando meses nos encontramos con que no hay uno sin fiesta, de guardar o inventada. Y bueno es. Lo malo es la anarquía festiva. Hay varias formas de establecer los días feriados. Por día de mes, solar o lunar y por día de semana, fijo o variable, en este caso con componente solar o lunar. Lo que resulta absurdo es que si el descanso, que es el fin de la fiesta, fuese para el ocio o la conmemoración... Pero como todos no conmemoran y da igual hacerlo un día que otro, porque lo que importa es el título de la honra, no el exacto día que es una pura superstición sin sustancia alguna, lo que destaca es el ocio. Si el ocio en nuestra forma fisiológica de ser se enmarca en la semana, no estaría de más que de una vez por todas las fiestas fueran semanales y no mensuales. Hasta dónde puede alcanzar la fuerza de la Ley española. No sé porque las fiestas se rigen por el día del mes, en vez por el de la semana. Qué hubiera costado cuando se hizo la fiesta decir tal día, de tal semana, de tal mes; que es mucho más lógico que tal día de tal mes, que año a año baila en día de semana. Sí que hay fiestas así, que me venga ahora a la memoria el norteamericano día de Acción de Gracias, aquí el único día que se señala con esta referencia es el de las elecciones locales, que así fue por racionalidad. Sólo hay unas fiestas con referencia mensual que es imposible cambiar, el 1 de enero, el 1 de mayo y el 25 de diciembre, a lo más se le puede añadir el 6 de enero. Porque exceden de nuestras fronteras. Todas las demás mensuales se pueden hacer fijas al día de semana. Que debería necesariamente ser o en lunes o en viernes. Ningún mes con más de dos fiestas. Ninguna semana con más de una fiesta. Nunca dos semanas seguidas con fiesta. Fiestas compaginadas con el calendario escolar. El disparate de la primera o segunda semana de diciembre, según toque, no merece mayores comentarios. Las fiestas fijas semanales con referencia lunar, sólo el Viernes Santo, se adivina, por vaticana, de cambio imposible. O sea que se pueden cambiar la friolera de 11 fiestas (son en total 14 más la del gremio) Resulta ridículo que tengamos la mala suerte de que una fiesta caiga en martes, miércoles o jueves, porque, excepto para algún privilegiado, parte la semana sin ningún sentido. Para la actividad laboral, para el disfrute. Si se puede cambiar, porqué no hacerlo. Ser menos feliz de lo que uno puede ser, pudiendo obtener mayor felicidad de un plumazo, es de verdaderos idiotas. Si nos ocupamos del calendario escolar la cosa va a mayores. Trimestres cortos y trimestres largos, meses con puentes y desiertos. Ejemplos de raciocinio los hay y cerca. En Gran Bretaña cada equis semanas toca un fin de semana largo o más largo. En Francia cada equis semanas un fin de semana super largo. Sé perfectamente que estoy hablando al aire, que Bruselas no puede hacer directivas sobre fiestas, mas soñar es gratis. Fernando F. Trocóniz |
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