F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 728
12/2/2007

El portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados se incorpora esta semana a las páginas de EL SIGLO desde donde periódicamente dará a conocer sus puntos de vista sobre la actualidad política. Bienvenido.

Por qué estamos aquí


Por Joan Tardà i Coma*

E n el año 2003 el republicanismo catalán había alcanzado un suficiente nivel de desarrollo como para poder plantear una alternativa de izquierda al pujolismo y al año siguiente una interlocución con la izquierda española que no tenía precedentes. De esta forma se puso fin a la dialéctica establecida desde la Transición entre las fuerzas políticas españolas mayoritarias y CiU-PNV, que les había permitido a unos y a otros un reparto interesado de influencias territoriales.

El día que votamos por primera vez en nuestra historia reciente favorablemente la investidura de un presidente español manifestamos que nuestro primer objetivo radicaba en la estabilización y consolidación de un gobierno de izquierdas en el Estado español. Estratégicamente, y a diferencia de los partidos nacionalistas, ERC limita su relación política a los partidos españoles de izquierda tanto por razones ideológicas como por tradición republicana y antifranquista.

Las actuaciones y las leyes de calado impulsadas por el gobierno han gozado, cuanto menos, de nuestras aportaciones y apoyo. Esta lealtad de Esquerra hacia el socialismo español ha sido una constante pese a que, a partir del 2006, no ha sido correspondida. Y se mantuvo en el tiempo, pese al intento de desplazarnos de la mesa a través del pacto ZP-Mas para acordar un Estatuto que perpetuará los problemas reales por la ausencia de una financiación autonómica acorde con lo que Catalunya aporta cada año a las arcas del Estado. Con ello se pierde una oportunidad de oro para poder pasar página y fijar unas reglas de juego claras quepermitieran que el catalanismo no tuviera que estar permanentemente en Madrid reivindicando, instalados en la imagen de lo que un expresidente del Gobierno español definió como de "pedigüeños". De este pedigüeñismo, un cierto tipo de nacionalismo ha vivido y piensa seguir viviendo. Esquerra Republicana, sin embargo, ya dejó claro que su objetivo era otro: el incremento del Estado social del bienestar y la socialización de la riqueza en beneficio de las clases populares y el reconocimiento del Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico.

Ciertamente, un Estatut sin Esquerra y una reforma fiscal pactada con CiU, a costa de dejarla muy lejos de lo que prometía el mismo PSOE en su programa electoral, pudieran configurar un escenario idílico de opinión pública favorable a los socialistas españoles en la medida que permite al PSOE aparecer como fuerza centrada capaz de afrontar el proceso de pacificación de Euskadi y las tensiones que generan el resto de modificaciones estatutarias.

Pero la realidad es mucho más compleja y tozuda de lo que pretenden simplificar los estrategas de Moncloa. En primer lugar, porque no les ha sido posible desplazar y sustituir a Esquerra en el Gobierno de Catalunya ni negar la interlocución con nuestro grupo parlamentario en leyes de gran calado social como la ley de atención a la dependencia o la reforma laboral.

Por todo ello, si el socialismo español opta por una relación preferente con las izquierdas plurales, el Estado español experimentará en los próximos años una nueva y profunda transformación social y de articulación territorial. Dicho en otras palabras, a diferencia de lo pretendido por el señor Solbes, con su empecinamiento en supeditar la financiación a la aprobación de una nueva LOFCA aplazada, reclamamos el despliegue leal de los nuevos estatutos de autonomía que posibilite un escenario federalizante y una superación de las deslealtades entre la administración central y las autonómicas. Condición sine qua non para afrontar el inevitable debate de la reforma constitucional.

Si, por el contrario, el Partido Socialista ofrece un discurso a rebufo del PP (Ley de la Memoria Histórica, ilegalización del independentismo vasco, aprobación de una nueva LOAPA, etc.) o pretende encauzar nuevas mayorías excluyendo a Esquerra e Izquierda Unida se va a quedar a medio camino. Al pairo del miedo demoscópico y al albur de los que, históricamente, han convertido el seny catalá en marca para vender la coartada de ofrecerse al mejor postor, fuera de derechas o de izquierdas. Los que en nombre de Catalunya sólo pretenden su provecho propio.

En la encrucijada actual, corresponde a la izquierda española decidir qué camino piensa andar y con qué acompañantes. El que se vislumbró en la sesión de investidura y evidenció tantas potencialidades, gracias a su complicidad con ERC e IU, durante el bienio progresista (2004-2005), o el actual, lleno de dudas e incumplimientos, con los aliados del siglo pasado, que sólo va reportando incertidumbre sobre la capacidad del PSOE para superar los compromisos asumidos.

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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