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Nº
728 - 12 de febrero de 2007 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
Del polémico premio otorgado por la FAPE a San Pedro J. de Calcuta Al director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, quien practica el triángulo amoroso con Aznar y, ¡ay!, con Rodríguez Zapatero, quizás porque el corazón tiene razones que la razón no entiende, o porque el presidente actual del Gobierno es en el fondo un poco sátiro, la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) le otorgó el pasado 22 de noviembre el galardón anual de Periodismo que esta entidad concede cada año. La distinción, dotada con 30.000 euros, recayó en Ramírez por “su trayectoria como director de periódicos durante 25 años, su defensa permanente de la libertad de expresión y sus esfuerzos en la creación de empleo para periodistas”. Vaya, que la FAPE, que representa teóricamente al conjunto de la profesión periodística en España, con unos 15.000 afiliados, ha convertido a Ramírez en un campeón de las libertades y, al mismo tiempo, en una especie de Santa Teresa de Calcuta que protege a los periodistas desvalidos y les echa de comer de cuando en cuando. Admirable personaje, llamado a pasar a la historia como ilustrísimo periodista y bondadoso practicante de la caridad cristiana. Habría quizás que modificar ligeramente su nombre y apellidos: San Pedro J. de Calcuta. Sin embargo, y según narraba El País hace unas semanas, el veredicto del jurado ha provocado protestas y quejas en el interior de la FAPE hasta el punto de que, a partir de ahora, todos los presidente de las asociaciones de la prensa tendrán derecho a votar a favor o en contra de los aspirantes o candidatos al premio citado. Ramírez se benefició de la composición del jurado, constituido por un reducido grupo de 20 directivos de la FAPE, amigablemente reunidos en Burgos. Curiosamente, mientras estos directivos aprobaban incrementar el incienso corporativo al director de El Mundo, el Colegio de Periodistas de Cataluña había difundido previamente un comunicado en el que denunciaba como “amarillo” el periodismo de Pedro J., junto con el de Federico Jiménez Losantos en la COPE y en Libertad Digital a propósito de la teoría de la conspiración sobre el 11-M, teoría impulsada fundamentalmente por los mencionados periodistas. En el diario de PRISA se precisaba: “La Unión de Periodistas Valencianos, primero, y la Asociación de la Prensa de Cádiz, después, cuestionaron estos méritos (los de Ramírez) en sendas cartas dirigidas al presidente de la FAPE, Fernando González Urbaneja. “La concesión de este premio ha provocado cierta controversia (…) dadas las investigaciones judiciales en torno a algunas informaciones publicadas por ese diario (El Mundo) en los últimos meses”, detalla la misiva de los periodistas valencianos, en la que reclaman “una mayor transparencia (…) y democratización de estas decisiones (…), que todas las asociaciones gocen de la participación y presencia que por derecho les corresponde””. Fernando Santiago, presidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz sostenía en su carta: “El sistema de votación y participación tiene que ser diferente para garantizar un debate (…), para ser concedido adecuadamente (…) El Mundo ha puesto en marcha la mayor manipulación informativa del más grave suceso acaecido en España desde la guerra civil. Por no contar el caso de su actuación con respecto a Julio Anguita Parrado, que tuvo un final tan triste. No sólo no nos parece merecedor de ningún premio, sino que se ha ganado a pulso la crítica de la profesión”. Añade Fernando Santiago que a todo ello hay que sumar la “utilización posterior del galardón por parte del propio periódico y de su director (que) produce un poco de sonrojo, y que parecía que 15.000 periodistas le habíamos dado el premio al señor Ramírez”. El 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, la cúpula de la FAPE acordó modificar el reglamento del premio. Urbaneja, presidente a su vez de la Asociación de la Prensa de Madrid, declaró: “La fórmula final elegida es sensata y sólo requiere de una buena gestión, para que nadie se sienta excluido o ajeno, y todas las dosis de democracia interna que debemos exigirnos”. Pero a Pedro J. Ramírez ya no le quitarán lo bailao. De forma de hecho fraudulenta o, si se prefiere, caciquil, Ramírez ha logrado un reconocimiento que, si en verdad fuera el sentir de la mayoría de los periodistas españoles, supondría su primer paso a la beatificación como profesional del periodismo. Algunos ahora intentan lavarse las manos, pero nadie tiene agallas como para revocar el dictamen y someterlo a criterio de todos y no de los amigos de Urbaneja y del propio Ramírez. Luis G. del Cañuelo |
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