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Nº 728 - 12 de febrero de 2007

Entre el dicho y el hecho

El de febrero del 2007 pasará a la historia como el día en que desde París se confirmó que la actividad humana era la responsable del calentamiento climático observado en los últimos años.

La noticia no es nueva, aunque ahora las pruebas son concluyentes. Desde 1992 en Río, hasta Kioto, diversos tratados y acuerdos han tratado de frenar la destrucción del plantea.

Pero entre el dicho y el hecho, que dice el refrán popular, hay efectivamente un trecho.

Ahora, ante las evidencias aportadas por el informe del IPPC (Grupo de expertos sobre cambio climático) elaborado por centenares de científicos de todo el mundo y aprobado por sus gobiernos, sería una grave irresponsabilidad que nos siguiésemos comportando de la misma manera.

Y, sin embargo... no es seguro, ni será fácil, cambiar el sistema mundial de producción y consumo de energía a la velocidad necesaria para evitar el escenario catastrófico que se nos advierte.

Pero, cualesquiera que sean los cambios que se produzcan a partir de ahora, los efectos de la actual concentración de gases en la atmósfera son irreversibles y se harán sentir durante muchos años.

Para frenar estos efectos, las emisiones tendrían que reducirse al menos en un 50%, y las decisiones necesarias para ello deben empezar a tomarse de forma inmediata. La buena noticia es que, tal y como afirma el informe Stern, los costes económicos de esa reducción serían perfectamente asumibles, del orden de un 1% del PIB mundial.

Es urgente actuar en todos los frentes, a escala mundial, de forma inmediata y en el largo plazo. En París,
Entre el dicho y el hecho aprovechando el impacto mediático del informe del IPCC, se ha apelado a una triple revolución: de las conciencias, económica y política. Y 50 países han apoyado la propuesta de Chirac de crear una Organización de la ONU para el medio ambiente, fuerte, coherente y dotada de poderes coercitivos como la de la Salud o la del Comercio.

Actualmente, la protección internacional del medio ambiente pasa por 500 acuerdos multilaterales dispersos y por un Programa (PNUE) con escasos medios y sin ningún poder de sanción. Si creemos realmente que la amenaza del cambio climático es la que nos describen los científicos, es necesario hacerle frente con cambios organizativos como el propuesto en París. Pero EE UU y China, los dos mayores emisores mundiales de CO2, todavía se oponen...

Además, necesitamos un efectivo y predecible sustituto para el Protocolo de Kioto que finaliza en 2012. Para que un nuevo tratado esté en vigor en esa fecha, las nuevas negociaciones deben concluir en 2010. Y para ello es necesario establecer, desde ahora mismo, un diálogo entre los países desarrollados y los cinco países en vías de desarrollo con mayor crecimiento (Brasil, China, India, México y Sudáfrica).

Un nuevo acuerdo global contra el cambio climático dependerá en gran medida de EE UU, que genera al menos un cuarto de todas emisiones mundiales. Si EE UU no se suma a un futuro pacto, la posibilidad de llegar a un acuerdo internacional efectivo son mínimas. Afortunadamente, la opinión pública y la actitud de muchos gobiernos locales y de los Estados están cambiando notablemente y el control de las emisiones podría seguir, en la práctica, las pautas de Kioto.

Sólo así los más importantes países en vías de desarrollo estarían dispuestos a integrarse plenamente en la lucha contra el cambio climático. No deberían hacerlo con los mismos límites de los países industrializados, porque no son culpables de los niveles de emisiones acumuladas hasta hoy y porque tienen unos legítimos objetivos de crecimiento y desarrollo.

Pero no hay que perder de vista el espectacular crecimiento de sus emisiones. Las de China un 108% desde Río y un 15% sólo en el último año. Cuando Río, las emisiones de China eran la mitad de las americanas y pronto las superarán en términos globales, aunque las diferencias per cá-pita sigan siendo muy grandes.

Es urgente aplicar mecanismos que compensen a estos países por los costes en los que incurrirían, incentivándoles a utilizar métodos eficientes en el uso de los recursos energéticos, poner en marcha de un régimen impositivo común del CO2 sobre bases claras y estables y un mercado de los derechos de emisión que fije conjuntamente un precio predecible para las emisiones de CO2.

El cambio climático nos enfrenta con un problema global, de largo plazo y que plantea complejas cuestiones de justicia y solidaridad intergeneracional. Los pequeños actos cotidianos pueden ayudar a resolverlo y sobre todo a crear la conciencia necesaria para poder adoptar decisiones impopulares.

El cambio climático pondrá a prueba la lucidez de la especie humana y la capacidad de los sistemas políticos para tomar decisiones y asumir las consecuencias de nuestros actos. Hasta el momento no hemos sido capaces de hacerlo y parece que ya no nos queda demasiado tiempo para aprender.

José Borrell

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