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| Nº 727 - 5 de febrro de 2007 |
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Premio rechazado
por Miguel Ángel Aguilar Este asunto del protocolo y de los honores es una de las maquinarias que mueve la feria de la vanidades en la que estamos instalados. Ya lo dijo el honorable Tarradellas cuando sobrevivía en el exilio: "Si no se tiene el poder hay que ser inflexible en el protocolo". En cuanto a los honores, produce gran ternura encontrarse con gentes que alcanzada la cima de la empresa, de las finanzas, de la política andan como náufragos a la búsqueda de una gran cruz. Imaginemos qué darían por la concesión de la Orden de la Jarretera o el Collar de la Orden del Toisón. Como ya tenemos alertados a nuestros lectores pero repetimos ahora para los que hayan llegado tarde, la falta de Honores y Condecoraciones es una de las carencias más graves de la Unión Europea. La República Francesa puede premiar con la Legión de Honor, el Reino Unido con la Orden del Imperio, el Reino de España con la Cruz de Carlos III o de Isabel la Católica, pero en la Unión Europea faltan honores con los que distinguir a quienes se han esforzado por impulsar el proyecto en el que andamos. Es verdad que progresa la idea de un Eurocuerpo, pero también carecemos de una compañía de honores a la que puedan pasar revista quienes visitan las instituciones de la UE. Los premios distinguen a quienes los reciben y aún más a quienes con fundadas razones los rechazan, y son muchas veces utilizados en su propio beneficio por quienes los conceden. Fue muy sonada la decisión de John Lennon de devolver la condecoración de la Orden del Imperio Británico por la injerencia del Reino Unido en las guerras de Biafra y Vietnam. Y sepueden buscar otros ejemplos que causaron escándalo entre las gentes medrosas. Pero en estos días acabamos de asistir a otra renuncia muy relevante a un premio que viene de Ponferrada. Se trata de la que ha hecho Andreu Buenafuente, al que comunicaron la concesión del Micrófono de Oro que concede la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión. Buenafuente ha decidido renunciar al galardón al saber que también se lo han concedido a Federico Jiménez Losantos, director del programa La mañana de la cadena COPE. Buenafuente ha dicho que le ofende el estilo de Jiménez Losantos y que "no sólo me ofende a mí: ofende al periodismo". Luego ha aducido que frente a la libertad de premiar está la libertad de rechazar el premio y que rechaza ese Micrófono de Oro "porque no quiero estar en el mismo palmares que un personaje cuya concepción de la radio es por completo ajena a la mía". Añade Buenafuente que respeta mucho esta profesión y que la forma que tiene Jiménez Losantos de llevarla a cabo le ofende. Añade que se puede optar por la discrepancia en silencio, pero que ha optado por decir en voz alta que no soporta los premios salomónicos que tratan de honrar colores imposibles, que tratan de decir que todo vale y que así se va pudriendo poco a poco el periodismo. La actitud de Buenafuente al dejar clara y en voz alta su discrepancia es de un valor temerario cuando aquí lo que prima es un clima amedrentado. Es merecedora de un premio muchísimo mayor. Estaremos con Buenafuente y arrostraremos con él las consecuencias que puedan seguirse. Enhorabuena, colega, y abróchate el cinturón porque vamos a despegar.
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