Hemeroteca Esta semana
 
Nº 727 - 5/2/2007

La batalla de la CAM debilita al portavoz


ZAPLANA SE ENROCA


Los populares son conservadores hasta para esto. Nunca se había visto una situación tan llamativa como la que está viviendo el Partido Popular estos días. Su portavoz parlamentario pierde la confianza del líder, es desautorizado, acusado de deslealtad y, sin embargo, continúa en su cargo. Esto ha ocurrido con Eduardo Zaplana a propósito de sus artimañas —acuerdo con los socialistas incluido— para no perder poder en la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) en favor de su declarado enemigo, el actual presidente de la Generalitat valenciana Francisco Camps. El ex ministro es consciente de que sus diferencias con Rajoy son cada vez más evidentes y sólo la proximidad de las elecciones le mantiene como jefe del grupo parlamentario.pública expresión de la pelea. La situación ha obligado a intervenir a la dirección nacional.

Por Vera Castelló

Otras crisis "fraticidas" se han tratado de resolver internamente, sin embargo la que lleva años desarrollándose en Valencia parece ser tan grave y reincidente que incluso el líder nacional del PP se ha tenido que pronunciar claramente. De hecho, Rajoy no ha tenido reparos en dar un buen tirón de orejas en público a su portavoz parlamentario Eduardo Zaplana a cuenta de la revuelta en la renovación de consejeros de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Y es que en los últimos años, sus enfrentamientos con el presidente de la Comunidad, Francisco Camps, han sido constantes, y la virulencia de las disputas ha obligado periódicamente a intervenir a la dirección nacional del PP para restablecer una paz que sigue siendo inestable.

El episodio más grave, no obstante, es el que se ha vivido estos días al haber presentado el Partido Popular valenciano dos listas para renovar los miembros del consejo de administración de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), con sede en Alicante. Una fue pactada por los seguidores de Zaplana con los socialistas valencianos y la otra estaba avalada por Camps y el presidente autonómico de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, también del PP y presente en la entidad financiera.

Lo que ha quedado claro es que el presidente de la Generalitat ha salido fortalecido de la crisis, más aún cuando el propio Mariano Rajoy, presidente nacional del partido, se ha posicionado claramente a su favor y por dos veces. Primero asegurando que "Mi partido pacta muchas cosas con otros partidos, pero parte de mi partido no pacta con otro partido. Eso, mientras yo sea el presidente de mi partido, no se puede permitir" y la pasada semana cuando subrayó también en público que "todos" deben ayudar al actual presidente de la Generalitat valenciana para que vuelva a ganar las próximas elecciones autonómicas y añadió que el ex presidente de los valencianos ahora "se dedica a otras cosas (...) tiene una responsabilidad descomunal, nada menos que ser portavoz parlamentario del principal partido de la oposición, que no es moco de pavo".
Unas declaraciones, estas últimas, que llegaban horas después de que el propio Zaplana asegurara que "Soy el portavoz y actúo como tal. Si el presidente de mi partido no quisiera que fuera el portavoz, no lo sería". Días antes de la intervención de Rajoy, el valenciano ya trató de desmarcarse de la crisis del PP regional quejándose de que su nombre se siga utilizando para supuestas maniobras en el partido. "Algunos son felices dándome", señaló entonces.

Se ha visto cómo después de esa lectura de cartilla, Zaplana ha rebajado sus embestidas contra Camps, sin olvidar que cualquier otro desplante podría ser suicida de cara a su continuidad en el cargo y plenamente consciente de que es la proximidad electoral la que, por el momento, hace impensable que sea relevado de sus funciones como portavoz. Una vez se celebren los comicios autonómicos y municipales el líder del PP nacional puede cambiar de opinión.

Y es que el presidente popular una vez que ha conseguido hacerse realmente con las riendas de su partido no quiere problemas añadidos, máxime cuando los dos dirigentes populares que hasta ahora se habían caracterizado por un lenguaje más agresivo, el propio Zaplana y el secretario general Ángel Acebes, aparentemente han moderado su protagonismo y se han mantenido dentro del guión. Además, en un momento en el que considera que su modelo de frontal oposición a José Luis Rodríguez Zapatero le está cosechando buenos resultados y se siente fuerte en las encuestas no puede admitir que problemas internos -y más si vienen ya de lejos- resten protagonismo a una estrategia que ha impuesto dentro de Génova a raíz del regreso a la violencia de la banda terrorista ETA.

Sin embargo, sería muy optimista si de verdad creyera que las trifulcas en la CAM han sido el último asalto. Todos coinciden en que la gran batalla sólo va a tardar unos días en llegar. La fecha clave será la que se fije para decidir la composición de las listas electorales con las que Francisco Camps pretende continuar en la Generalitat.

Que Zaplana haya decidido retroceder en algo su ferocidad contra su sucesor en la presidencia no significa que lo estén haciendo sus seguidores más fieles, aquellos que aún se mantienen en la dirección provincial alicantina del PP quienes han emprendido unacampaña de presión contra el presidente regional para que éste se decida a abrir el proceso de confección de la lista autonómica lo antes posible. El objetivo es poder maniobrar sin prisas para asegurarse su inclusión en puestos de honor en las mencionadas listas, argumentando su experiencia en contraposición con la falta de preparación de los que están en la mente de Camps.

Pero los planes del presidente autonómico parecen ser otros y no se espera que sea antes de mediados de abril. En cualquier caso, la dirección nacional del partido va a respetar la decisión que tome Camps, como ya le ha trasladado Rajoy a Zaplana en público y en privado.

Además, la batalla política en la CAM ha tenido a otro daño colateral: los nervios en el PP murciano. Durante este tiempo los populares de esa región han tensado la cuerda para evitar que la negociación en la entidad les pudiera afectar a ellos y perdieran lo ganado por su fidelidad a las posiciones de Camps. El PP murciano ya ha tenido que "tragarse" que sus compañeros de partido en Castilla-La Mancha hayan pactado con el PSOE una reforma estatutaria que pone fecha de caducidad al reclamado trasvase Tajo-Segura.

En realidad fue tomar posesión Francisco Camps como presidente tras las elecciones autonómicas de 2003 y empezar la guerra entre sus partidarios y los de Zaplana.

Pese a que el enfrentamiento ha tenido momentos de gran dureza, con algún plante de diputados zaplanistas en el Parlamento autónomo incluido, Camps nunca se ha decidido a prescindir de la cuota del ex president en su Gobierno autonómico. No obstante, eso no significa que poco a poco, y con paciencia, no haya ido sustituyendo los rastros del zaplanismo en todo organismo público que ha encontrado y no han sido pocos los feos en público que se han dedicado uno al otro. Uno de esos ejemplos lo encontramos hace sólo dos semanas cuando el Consell de la Generalitat, la dirección del PP valenciano y el grueso del mundo empresarial hicieron el vacío más absoluto a Zaplana en el acto de presentación de un libro sobre su gestión al frente de la Generalitat.

Tampoco es la primera vez que Rajoy y Zaplana escenifican desencuentros. Según contaba esta revista en su tema de portada Halcón con piel de paloma. A la gallega, neutraliza a Zaplana y Acebes (ver EL SIGLO n° 724), incluso cuando el secretario general del PP rebajó el tono de sus declaraciones, el portavoz parlamentario continuó dando pábulo a teorías conspiratorias en torno al 11-M, una cuestión que había dejado de formar parte de la prioridad estratégica de su partido. A eso hay que añadir la tribuna que publicó en el diario El Mundo tras la aprobación, con los votos del PP, del Estatuto de Autonomía andaluz, donde decía que "son muchos los españoles que no ven la ganancia en este lío estatutario por ningún lado y que cada vez se sienten más desapegados de estas filigranas bizantinas". En ninguna de estas cuestiones fue secundado por Rajoy, que incluso escenificó su malestar por el artículo de su portavoz parlamentario.


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