¿A qué juega Fidalgo?
En 1998 José María Fidalgo sustituyó a Antonio Gutiérrez como secretario general de CC
00. Reelegido en 2000, también lo fue el año 2004, aunque con sólo el 58 por ciento de los votos. El 1 de mayo de 2003 –con el conflicto de Sintel caliente por, entre otras razones, la acampada de sus trabajadores en el madrileño Paseo de la Castellana–, uno de los despedidos, irritado por la ambigüedad de CC 00, agredió levemente a Fidalgo cuando éste iba a pronunciar el discurso de clausura de la manifestación sindical. Sintel había sido vendida por Telefónica en una oscura operación con ramificaciones en el exilio cubano de Miami; operación sospechosa que ahora ha vuelto a emerger gracias a una decisión judicial que trata de poner en el punto de mira de los tribunales de justicia a Juan Villalonga, el compañero de pupitre de José María Aznar.
El 13 de mayo de 1998, Juan Carlos Aparicio fue nombrado por el Gobierno Aznar secretario de Estado para la Seguridad Social. Horas después, Aparicio –quien más tarde sería ministro de Trabajo– recibió a Fidalgo. "La foto que aparece en la prensa es la del nuevo secretario de Estado (...), al lado del dirigente de CC 00, José María Fidalgo, los dos riéndose a carcajadas", subrayaron en su libro hagiográfico sobre Aznar, publicado por Planeta en 1999, Isabel Durán y José Díaz Herrera.
Lo que parece cierto es que, desde entonces, Fidalgo y Aparicio mantuvieron o mantienen todavía una relación tan estrecha como amistosa que ha ido alimentando una leyenda, tal vez exagerada o incluso errónea o imprecisa, que remarca la tendencia del secretario general de CC 00 a dejarse mimar por el PP. Su presencia en FAES –el sancta sanctórum del aznarismo– no es ni mucho menos infrecuente. El intercambio de complacencias gestuales o verbales entre el jefe de Comisiones Obreras y el ex jefe del Gobierno no deja de producirse en algunos cursos o jornadas de la mencionada FAES.
Acusado por influyentes sectores de Comisiones Obreras de estar más cerca del PP que del PSOE o de IU, su actitud ante la manifestación del sábado 13 de enero –convocada por UGT y CC 00 como respuesta al atentado terrorista contra la T-4 de Barajas, que costó la vida de dos inmigrantes ecuatorianos– no hizo más que confirmar que, en efecto, Fidalgo proyecta en ocasiones una imagen escasamente adecuada al teórico perfil de líder de un sindicato potente, históricamente vinculado al PCE.
Reaccionó Fidalgo a la convocatoria como si no fuera con él. Se refugió en la circunstancia menor de que se trataba de una iniciativa de CC 00 a escala sólo de Madrid. Vaciló en declaraciones periodísticas especulando sobre sus dudas acerca de si acudiría o no a la manifestación, a sabiendas, por supuesto, de que tanto el PP como la mayor parte de los cancerberos mediáticos de la derecha estaban en contra de la misma.
Eran días especialmente difíciles para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. De hecho, su recuperación política –tras el atentado– se debió en parte a esa manifestación y a la desafortunada comparecencia en el Congreso de los Diputados de Mariano Rajoy, transformada su oratoria en un bumerán que acabó perjudicando a los conservadores. ¿Por qué Fidalgo transitó públicamente, y deliberadamente, por el camino de la ambivalencia? ¿Qué transmitió él a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, según se comenta en determinados mentideros o cenáculos de la capital del Estado? ¿A qué juega Fidalgo?
Enric Sopena |