De Racionero, ex director de la Biblioteca Nacional con Aznar, y los ‘neocons’
Luis Racionero fue director de la Biblioteca Nacional con José María Aznar de presidente del Gobierno. Curiosidades de la vida.
Racionero había sido un ácrata en los años sesenta y hasta setenta, en la California de los hippies, y luego alcanzó una cierta fama como escritor y articulista.
Incluso se presentó en una lista de ERC, si mi flaca memoria no me falla, lo
que a mis noventa años muy largos a nadie debería sorprender, cuando ERC no era
aún lo que es ahora en cuanto a partido en alza. No fue, en este sentido,
Racionero la excepción a la regla. Hubo otras incorporaciones significativas al
aznarismo, como la de Jon Juaristi. El trayecto de Juaristi fue todavía más
complicado. Tras su cercanía a ETA (P-M), este intelectual vasco se aproximó al
PSE y ha terminado en el españolismo más duro, seducido en su momento por Mayor
Oreja. Está en los foros de Ermua y otros inventos del PP, mezclado con Rosa
Díez, Edurne Uriarte y demás disidentes. Escribe en ABC y sus convicciones
conservadoras parecen a primera vista muy profundas.
He citado a Racionero porque hace unos
días leí en La Vanguardia de Barcelona un artículo firmado por él que me llamó
la atención. Su título me atrajo: “Mea culpa neocon”. Me dije entre
interrogantes: ¿defenderá Racionero a los neocons en atención, como mínimo, a
sus vinculaciones con Aznar, el político más neocon de España y probablemente
de Europa? Pues no. Resulta que Racionero carga contra los neocons y demuestra,
además, que ellos mismos tratan de abjurar de su pasado inmediato. Esto escribe
el ex director de la Biblioteca Nacional: “Bush, Cheney, Rumsfeld y Rice
pusieron en práctica esta ideología, ignorando el consenso internacional o las
resoluciones de las Naciones Unidas, así como el sabio aviso del canciller
Bismark, que calificó la guerra preventiva de suicidio cometido por miedo a la
muerte. Ahora los neocons entonan el mea culpa (…) Richard Perle, el Príncipe
de las Tinieblas, reconoce que la invasión puede que no fuese el mejor modo de
deponer a Sadam Hussein. Adelman, que predijo un “paseo” por Bagdad, dice que
los planes de la guerra se tenían que haber archivado con un “imposible” y que
la incompetencia del equipo de Bush ha convertido en ruinas casi todo lo que
ellos habían pensado (…) David Trum, que escribía los discursos de Bush, dice:
“El shock para mí ha sido comprobar que el presidente decía las palabras pero
no absorbía las ideas”. Todos culpan a la ineficiencia del Ejecutivo por el
fiasco de Iraq”.
Quiero resaltar, antes de continuar con
el escrito de Racionero en el mencionado rotativo barcelonés, que en todo caso
el antiguo colaborador de Aznar omite cualquier referencia al ex presidente. No
quiere meterse en jaleos y pasa de puntillas a la hora de incluir a Aznar entre
los más entusiastas de esa guerra maldita. Por cierto, no deja de ser
paradójico que mientras los cerebros de los neocon asumen que fue un error la
invasión de Iraq, aunque le echen las culpas ahora a George W. Bush, Aznar
continúe mudo o, cuando habla, como lo hizo tras la ejecución de Sadam, cierre
siempre filas con su amigo del alma, el presidente norteamericano. Aventura
Racionero que “quizás el error de base está en suponer que el modo de vida
americano es la panacea universal, el no entender que otras culturas –de
momento– prefieren conservar sus sociedades premodernas y cerradas, porque el
miedo a perder la identidad les lleva a resistirse incluso a la democracia y el
desarrollo económico. Para creer a pies juntillas que lo que es bueno para
Norteamérica es bueno para el mundo, hay que ser, como mínimo, norteamericano”.
No creo que le falte razón a Racionero en
algunas de sus conclusiones, pero insisto en que su discreción respecto a Aznar
no es inocente. Llega más lejos en sus observaciones críticas cuando añade:
“Los errores, según Fukuyama, podían tener su origen en otros motivos (…) En todo
caso, que Cheney, Rumsfeld, Bush y Rice sean ex petroleros no deja de ser
significativo, como lo es que después de la guerra el barril de petróleo haya
subido un 50 por ciento. Los neocons vienen de la universidad, pero los
ejecutivos vienen del petróleo”. En fin, que, lo diga o no Racionero, que ni lo
dice ni lo insinúa, la verdad es que Aznar metió la pata hasta el corvejón con
su funesta adicción por Bush y su Administración. Si fuera prudente, habría
hecho ya mutis por el foro. Nada de eso. Al contrario, él se mantiene en sus
trece y sigue jugando un papel preponderante en la política española y en su
partido. Así le van las cosas al PP: cuando en EEUU los necons se baten en
retirada, Rajoy y sus amiguetes aún han de abrir la boca para pedir disculpas
por la salvajada de Iraq. Lamentable.
Luis G. del Cañuelo |