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Nº 727 - 5 de febrero de 2007

Cambio climático: problema y oportunidad global


Las evidentes alteraciones climáticas de este atípico invierno han catapultado la cuestión del cambio climático al primer plano de la actualidad.

Y la lucha contra el calentamiento atmosférico se impone como una realidad global, que afecta a todos, incluido el señor Bush.

En efecto, el presidente que despreció olímpicamente el Protocolo de Kioto dedicó, hace algunas semanas una buena parte de su discurso a la Nación a la cuestión del medio ambiente y las economías de energía. Un importante cambio de posición.

En EE UU se empieza a tomar conciencia de que su actual pauta de consumo de petróleo, que con el 5% de la población consumen el 45% de la producción mundial, no puede continuar. Y los medios empresariales empiezan a pensar que hay mucho dinero que ganar en la lucha contra el cambio climático y que Bush, por su testarudez, se ha convertido en un obstáculo.

Y es que el calentamiento global y la búsqueda de soluciones para descarbonificar la energía se ha convertido en un problema global y una cuestión de sociedad de la que se habla y discute en todos los foros, pero también en una oportunidad, ya que podría ser un instrumento de reactivación económica.

Así pues, 15 años después de la Conferencia de Río, se ha producido un gran cambio en las actitudes frente a un riesgo que se confirma y del que ya no se habla sólo en términos de costes, sino también de oportunidades.

Este cambio es enormemente importante. La batalla de la ideas parece ganada y ahora debe ser más fácil actuar en consecuencia. Sobre todo para preparar el después-deKioto a partir de 2012, introduciendo medidas más coercitivas y un mayor grado de coordinación internacional.

En realidad, las medidas previstas por el Protocolo de Kioto no habrán conseguido, en el 2012, sino disminuir ligeramente las emisiones de los países desarrollados firmantes y apenas inflexionar las de los países emergentes. Es necesario pasar a una velocidad superior y, sobre todo, incorporar a EE UU, el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero y también a los países emergentes, India y China.

Los esfuerzos de Europa son muy importantes pero hay que ponerlos en la perspectiva de su dimensión relativa. El americano medio genera 20 toneladas de equivalente carbono al año; el europeo, diez; el chino, cuatro, y el hindú, dos. Es evidente que no se les puede exigir las mismas responsabilidades a unos y a otros ni someterles a las mismas restricciones.

Pero el rápido desarrollo de los países emergentes debe ser tenido en cuenta en el balance global. Al ritmo actual China será dentro de diez años la mayor generadora de gases de efecto invernadero.

Ahora bien, estas expectativas de evolución no eximen a los países desarrollados de hacer el mayor esfuerzo, todo lo contrario.

Pero lo importante es tomar clara conciencia de que sin una ruptura tecnológica mayor en las formas de producir y consumir energía no será posible a la vez mantener el nivel de vida de los países desarrollados,impulsar el desarrollo de los emergentes y, al mismo tiempo, evitar el calentamiento atmosférico y sus consecuencias.

La semana pasada el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Clima publicó su cuarto informe, que confirma el papel de la actividad humana en el aumento de las temperaturas y la previsión de que continuarán aumentando sensiblemente. Las cifras que se avanzan no son muy diferentes de las anunciadas antes, pero son mucho más creíbles que nunca.

El calentamiento global del planeta y sus efectos de cambio climático son un problema que nos afecta a todos, cualquiera que sea la responsabilidad de unos y de otros en su origen.

Estamos ante una tarea colosal pero llena de oportunidades. Las economías y las sociedades del siglo XXI se construirán sobre la descarbonificación de la energía, el abandono de los hidrocarburos, las técnicas de "secuestro del COZ, la eficacia energética y el desarrollo de todas las formas de energías renovables. La energía nuclear, como el gas, puede desempeñar un papel en la transición que tendrá que ser debidamente analizado, pero no puede ser la solución global a escala planetaria.

La elección no es entre crecimiento y medio ambiente, entre crecimiento y cambio climático, porque los procesos de innovación tecnológica y de conciencia social nos pueden permitir hacer de la defensa del medio ambiente un poderoso impulso al crecimiento económico que necesita una gran parte de la Humanidad para salir de su pobreza.

José Borrell

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